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3 razones por las que Brasil es el centro de la COVID19 [actualizado]

3 razones por las que Brasil es el centro de la COVID19 [actualizado]

Con 12 millones de casos confirmados y 300 mil muertes, Brasil ya es el segundo país del mundo más afectado por el Coronavirus. En el Amazonas, hay más de 2,2 millones de infecciones. ¿Cuáles son las razones de esta rápida evolución del COVID-19 en Brasil?

 

Brasil es el tercer país del mundo con más muertes por Coronavirus, sólo por detrás de Estados Unidos. Aunque, obviamente, la incidencia del virus se manifiesta principalmente en las ciudades más pobladas, sorprende el elevado número de casos diagnosticados en la Amazonia, con zonas muy aisladas y altas temperaturas.

 

En los últimos 10 días, más de 15.000 personas han muerto en Brasil a causa del COVID19.

 

Pero lo más preocupante no son sólo los datos absolutos, sino el enorme número de casos que se registran diariamente y el hecho de que las Unidades de Cuidados Intensivos estén, en muchos casos, por encima del 90% de ocupación. En el Araguaia, el sistema de salud está colapsado y hay que esperar una de las 10 vacantes en la Unidad de Cuidados Intensivos que existen en el municipio de Água Boa, responsable de atender un área del tamaño de toda Grecia, con 23 municipios.

¿Qué explica esta evolución por encima de la media mundial?

 

1. La actitud de su presidente

 

Desde que comenzó la pandemia, y a imitación de otros líderes de extrema derecha, el predispuesto Bolsonaro ha lanzado una campaña para minimizar la gravedad del COVID-19 y negar las deficiencias de su política sanitaria.

 

Desde que asumió la presidencia de Brasil en 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas y homófobas, en contra de los Pueblos Indígenas e incluso a favor de la dictadura militar y la tortura.

 

Frente a cualquier medida de aislamiento o confinamiento, Bolsonaro mantiene un discurso basado en que el Coronavirus es una «pequeña gripe» y se posiciona en contra de los gobernadores y alcaldes que han intentado aplicar algunas medidas de protección.

Desde que asumió la presidencia de Brasil en 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas y homófobas, contra los Pueblos Indígenas e incluso a favor de la dictadura militar y la tortura. En su gobierno hay más de 3.000 militares en distintos puestos de responsabilidad, que están sustituyendo a técnicos, científicos y académicos, diezmando la capacidad de acción pública, la coherencia y el sentido común.

La relación es clara: cada vez que Bolsonaro aparece en la televisión, en la radio o en los periódicos minimizando la gravedad del COVID19 , más gente sale a la calle ignorando las medidas de contención que alcaldes y gobernadores intentan implementar y de las que se queja buena parte de la Sociedad Civil.

 

2. Uno de los países más desiguales del mundo

 

Darlete vive en el Asentamiento «Dom Pedro», una extensa comunidad rural en la que viven 400 familias, creada gracias a la lucha de Casaldáliga contra un gran terrateniente en los años 90. Madre de 7 hijos, sus ingresos dependen exclusivamente de lo que consigue vender en la feria quincenal organizada en São Félix do Araguaia: algunas frutas, verduras y legumbres que lleva al mercado en un viaje de 6 horas en la parte trasera de un camión.

La única ayuda que recibe la familia de Darlete es de menos de 200 reales al mes de Bolsa Família.

 

La família de la Darlete viu a l'Assentament Dom Pedro

La familia de Darlete vive en el asentamiento de Dom Pedro. Reciben menos de 200,00 reales al mes.

 

En la comunidad donde vive Darlete, para ir al médico, al banco o a la oficina de correos, hay que viajar tres horas por un camino de tierra que se convierte en barro en la época de lluvias. Como ella, las otras 400 familias que viven en el Asentamiento Dom Pedro tampoco tienen agua corriente ni alcantarillado. La mayoría de estas familias se dedican a la agricultura o la ganadería de subsistencia.

 

En el asentamiento donde vive Darlete, el médico viene una vez al mes y monta un consultorio improvisado, a menudo al aire libre, para atender a los pacientes de la comunidad. Para cualquier intervención, incluso ambulatoria, hay que ir a São Félix do Araguaia, donde hay un hospital de base. Si necesita ser ingresada en una Unidad de Cuidados Intensivos, Darlete tendrá que viajar 10 horas en autobús.

 

La situación no es mucho mejor en las grandes ciudades: en Brasil, el 6% de la población -más de 12 millones de personas- vive en «favelas», comunidades que crecen alrededor o dentro de las grandes ciudades del país. En estas grandes comunidades, a veces de cientos de miles de personas, la densidad de población es muy alta y la renta media no llega a los 100 euros al mes. Además, a menudo no hay agua corriente, alcantarillado o recogida de basura.

Por eso, tanto en el campo como en las ciudades, en Brasil, quedarse en casa es sinónimo de pasar hambre. Para muchas familias, salir, ir a las ferias y seguir haciendo su trabajo diario es la única opción para sobrevivir.

 

3. Un sistema sanitario precario

 

Gran parte del sistema sanitario de Brasil es privado. Además, aunque es cierto que en los últimos años han mejorado algunos aspectos del sector sanitario público, sigue siendo un sistema muy precario y no llega a gran parte de la población. En la práctica, en Brasil, la mayoría de la población no tiene acceso a una atención médica de calidad.

 

En el Araguaia, un solo hospital, con un único respirador y sin Unidad de Cuidados Intensivos, es responsable de atender un área equivalente a toda Cataluña.

 

En el Araguaia, una de las regiones más remotas y aisladas, un solo hospital, con un único respirador, se encarga de atender un área equivalente a toda Cataluña, y en muchas de las comunidades donde viven cientos de familias es necesario viajar 3 o 4 horas por carretera para llegar al médico más cercano. Los asentamientos donde trabajamos: Dom Pedro, Mãe Maria, Vida Nova I y Vida Nova II y la Tierra Indígena Xavante tienen el hospital más cercano -con equipamiento básico- a 4 horas de camino de tierra.

Pero, además, las Unidades de Cuidados Intensivos están casi al 100% de su capacidad en todo Brasil y en el estado de Mato Grosso, muchas veces, ya se ha superado el 100% de ocupación. Hay una cola para ser tratado por el coronavirus.

En este contexto, la falta de control de la enfermedad es evidente y es plausible pensar que hay muchos más casos de los que indican las cifras oficiales.

 

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Este era el papel de la mujer en la diócesis de Casaldàliga

Este era el papel de la mujer en la diócesis de Casaldàliga

Una Iglesia comunitaria, sin jerarquías, con plena igualdad y sin etiquetas. Esta es la Iglesia que el obispo claretiano, Pedro Casaldáliga, impulsó a su diócesis, São Félix do Araguaia. Después de su muerte el mes de agosto han sido muchas las voces dedicadas a recordar su talante y estilo eclesial. El periódico Alvorada, ha publicado cinco breves testimonios de mujeres que han compartido la fe y la misión evangélica con el obispo Pedro.

«Pedro nos invitó a crear un modelo circular e inclusivo de Iglesia, insertado en la vida del pueblo, en sus luchas y resistencias, ante las amenazas y la violencia del latifundio y la ausencia y omisión del Estado» . Es el testimonio de Jeane Bellini, integrante del Equipo de Casaldàliga entre 1983 y 2005.

Bellini explica que desde un comienzo les propuso «formar equipos mixtos de hombres y mujeres, laicos, religiosos y sacerdotes, sin jerarquías». Convivían con la gente en el pueblo y afrontaban los retos juntos. «Aprendimos mucho, fue un camino marcado por momentos fuertes de victorias, pero también de muchas derrotas», valora.

 

Una Iglesia-Pueblo-de-Dios sin jerarquías

 

Todo ello con una vivencia religiosa: «Bebimos la espiritualidad de Pedro, que impregnaba todo lo que hacía. Lo celebrábamos todo, la vida, la muerte, la lucha, la derrota y la victoria «, dice Bellini.

Subraya el privilegio, a lo largo de 22 años, «de formar parte de la construcción de un modelo de Iglesia-Pueblo-de-Dios, sin jerarquías». No usaban títulos ni de laico, laica, sacerdote, hermana u obispo. «Nos reconocimos por el nombre, no por la categoría. Cada miembro de la Iglesia, del equipo pastoral, asumió y compartió aquella misión «.

Es el caso también de Selme de Lima Pontim, que vivió más de 20 años a la Prelatura Casaldáliga: «A lo largo de mi estancia en São Félix, celebré misa muchas veces, incluso en la catedral. Nunca me lo prohibieron, al contrario, siempre me animaron a hacerlo y prepararme «.

De Lima hizo un curso en el Centro de Estudios Bíblicos, el CEBI, por correspondencia y Teología del Pluralismo Religioso por internet. Recuerda «sentir siempre la alegría de Pedro» al ver que avanzaba en su formación. En las misas, no sólo leía el Evangelio, sino que hizo alguna homilía, recuerda.

 

«Nunca hubo ninguna reunión separada entre sacerdotes y monjas para tomar decisiones»

 

La madre de Dailir Rodrigues da Silva, también era una mujer activa en la comunidad de en Casaldáliga. Y Dailir nació y vivió en la Prelatura de São Félix do Araguaia. Durante seis años, fue agente pastoral. Formó parte de los consejos en varias comunidades locales, regionales y también de la asamblea general de la Prelatura. «Eran espacios donde todo el mundo tenía derecho, voz y voto», apunta Rodrigues.

La cultura democrática impregnaba el día a día de las comunidades, sin distinguir hombres y mujeres, laicos y ordenados: «Nunca hubo ninguna reunión separada entre sacerdotes y monjas para tomar decisiones sobre la vida de la comunidad o de la Prelatura». Y recuerda: «Tanto Pedro como los demás teníamos el mismo derecho a hablar y decidir que todo se debatía, se reflexionaba o se votaba».

De fondo había una responsabilidad conjunta: «Ni el Evangelio ni el compartir la Palabra eran exclusividad de los sacerdotes, sino una responsabilidad de toda la comunidad». Y asimismo «las casas de los equipos pastorales eran casas de la comunidad, no la casa del cura» donde «las mujeres y los hombres eran recibidos y tratados con el mismo afecto y respeto».

 

«¿Por qué las mujeres no pueden celebrar misa?»

 

Tânia Oliveira pasó 20 años con Casaldáliga. Y vivió en casa de Casaldáliga durante tres años. El primer año, con él y la hermana Irene. «Siempre me sentí respetada y valorada como misionera laica», apunta.

Una vez su hija, aunque pequeña, con seis o siete años, le preguntó: «Pedro, ¿por qué las mujeres no pueden celebrar misa?». Pedro, respondió, con una amplia sonrisa: «Gabriella, tenía esperanza en ver esto pasar. Creo que no viviré lo suficiente para verlo, tal vez lo verá tu madre, pero mantengo viva la esperanza de que tú sí lo verás «. Y añadió: «No hay nada que impida a las mujeres hacer lo mismo que hacemos los curas y, de hecho, creo que lo puede hacer mucho mejor!»

Casaldáliga tenía un carácter interpelador. Lo muestra también la anécdota de María Aparecida Rezende, que nació y vive en el Araguaia. Con 14 o 15 años y, después de la primera comunión, comenzó a ser catequista. «En una ocasión, tuvimos una reunión de jóvenes para preparar la misa. Era fiesta mayor y había que arreglar la iglesia y preparar la misa con Pere y el padre Clélio «.

Se abrió una discusión porque «los chicos querían preparar la misa porque eran hombres y no querían limpiar la iglesia y los bancos». En un momento determinado, en Pedro dijo al grupo: «Hoy haremos una misa de mujeres. Los chicos lavarán la iglesia «.

Rezende lo recuerda con extrañeza: «Los chicos harían ‘el trabajo de las mujeres’?» Y dice que cuando lo conté en casa, sus hermanos dijeron que la gente de la Prelatura era muy extraña. Y concluye: «Pedro nos enseñó que hacer comida, lavar platos o preparar la casa también era cosa de hombres. La gente del interior, del campo, lo veía muy raro, pero, poco a poco, se acostumbraron «.

 

Fotografía: Selme de Lima Pontim.

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3 motivos por los que Brasil es el epicentro del Coronavirus

3 motivos por los que Brasil es el epicentro del Coronavirus

3 motivos por los que Brasil es el epicentro del Coronavirus

Con 700.000 casos confirmados y más de 36.000 muertos, Brasil ya es el tercer país con más defunciones por Coronavirus del mundo. En la Amazonía, los contagios ya son más de 180.000. ¿Estos son -a nuestro juicio- los motivos que explican esta evolución?

8 de junio de 2020

Las causas de Pedro Casaldáliga

Brasil es el segundo país del mundo con más casos Coronavirus, justo detrás de los Estados Unidos. A pesar de que, por motivos obvios, la incidencia del virus se manifiesta especialmente en las ciudades más densamente pobladas, la elevada cantidad de positivos detectados en el estado de Amazonas, uno de los más aislados y con temperaturas más altas del país, sorprende a las autoridades.

Lo más preocupante, sin embargo, no son sólo los datos absolutos, sinó el hecho de que Brasil es el país del mundo donde la pandemia se está propagando más rápidamente.

¿Qué explica esta evolución por encima de la media mundial?

1. La actitud de su presidente

Desde el inicio de la pandemia, e imitando a Trump, el Predisent Bolsonaro ha puesto en marcha una campaña para minimizar la gravedad de la COVID-19.

Contrario a cualquier medida de aislamiento o confinamiento, el presidente de extrema derecha ha mantenido un discurso basado en que el Coronavirus es una “gripezinha”.

Desde que asumió la presidencia del Brasil al 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas, homófobas, contrarias a los Pueblos Indígenas e incluso favorables a la dictadura militar y a la tortura. En su gobierno ya hay más de 3.000 militares ocupando varios cargos de responsabilidad y substituyendo a técnicos, científicos y académicos.

Las ideas extravagantes y provocativas de Bolsonaro han hecho que 2 ministros de sanidad hayan dimitido en menos de 4 meses, en plena pandemia.

La relación es clara: cada vez que Bolsonaro sale en la televisión, en la radio o en los diarios minimizando la gravedad de la pandemia y manifestandose contra el aislamiento, más gente sale a la calle ignorando las medidas de confinamiento que alcaldes y gobernadores intentan implantar.

2. Uno de los países más desiguales del mundo

La família de la Darlete viu a l'Assentament Dom Pedro

Darlete vive al Asentamiento Don Pedro, una extensa comunidad rural aislada, en la que viven otras 400 familias en régimen de usufructo de la tierra. Madre de 7 hijos, sus ingresos dependen de lo que consigue vender a la feria quincenal que se organiza en São Félix do Araguaia: un poco de fruta, verdura y legumbres que lleva hasta la feria en un viaje de 6 horas encima un camión. La familia de Darlete percibe una ayuda del gobierno de 205 reales mensuales, unos 35 euros.

En la comunidad donde vive Darlete, para ir al médico -o al banco, o a correos-, tienen que hacer 3 horas de viaje por una carretera de tierra que en la época de las lluvias se transforma en un barrizal. Allí tampoco tienen servicios básicos como agua corriente o alcantarillado.

En esa situación, para familias como la de Darlete, quedarse a casa es sinónimo de pasar hambre. Salir a la calle y continuar su actividad de subsistencia es la única opción que tienen.

La situación en las grandes ciudades es parecida: el 6% de la población (más de 12 millones de personas) vive en “favelas”, donde la densidad poblacional es muy alta y la renta media no llega a los 100 euros mensuales. La mayoría tampoco tienen servicios como agua, alcantarillado o recogida de basura.

Para todos ellos y ellas, quedarse en casa no es una opción.

3. Un sistema sanitario en ruínas

La mayor parte del sistema sanitario de Brasil es privado. Además, si bien es cierto que existe un sistema público de la salud “universal”, el mismo es muy precario. Un ejemplo: un bebé que nace en el Araguaia tiene 7 veces más probabilidades de morir que si lo hace en España.

Pero, además, el sistema de salud pública no llega en condiciones a una buena parte de la población, sobretodo en áreas rurales y comunidades indígenas. Lo cierto es que, en Brasil una buena parte de la población no tiene ningún tipo de asistencia médica.

Aquí en el Araguaia, una de las regiones más distantes y aisladas, un solo hospital, con 1 único respirador, tiene que atender una área equivalente a toda Cataluña. Además, muchos de los poblados y asentamientos en los que viven centenares de familias están en 3 o 4 horas del médico más próximo.

Además, la adquisición de respiradores o tests de detección se ha visto comprometida por el hecho de que Brasil es uno de los últimos países donde la pandemia ha llegado. El mercado está totalmente saturado después de que el virus haya pasado por Asia, por Europa y esté en plena afectación en los Estados Unidos.

En este contexto, el descontrol de la enfermedad es evidente y, además, es plausible pensar que hay muchísimos más casos que los que nos dicen las cifras oficiales.

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20 de abril de 2020

Las causas de Pedro Casaldáliga

A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares.

Queridos amigos:

Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta «memoria» me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.

 En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el COVID es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

 Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.

Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños, pienso en los enfermos, pienso en los ancianos. Nunca aparecen en los grandes medios. Tampoco los campesinos y agricultores familiares que siguen labrando para producir alimentos sanos sin destruir la naturaleza, sin acapararlos ni especular con la necesidad del pueblo. Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción.

 Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.

Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos.

También quisiera invitarlos a pensar en «el después» porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. Ustedes saben de crisis y privaciones… que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.

Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito.

 Fraternalmente,

Ciudad del Vaticano, 12 de abril de 2020, Domingo de Pascua.

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El coronavirus mantiene al mundo en estado de shock. En lugar de combatir las causas estructurales de la pandemia, los gobiernos solo se están centrando en medidas de emergencia.

3 de abril de 2020

Las Causas de Pedro Casaldáliga

Conversamos con Rob Wallace sobre los peligros del COVID-19, la responsabilidad de la agroindustria y las soluciones sostenibles para combatir las dolencias infecciosas. Wallace es biólogo evolutivo y filogeógrafo para la salud pública en Estados Unidos. Ha investigado las nuevas pandemias durante 25 años y es autor del libro Big Farms Make Big Flu (Las grandes granjas producen grandes gripes).

¿Cuán peligroso es el coronavirus?

Depende de donde te encuentres en el momento del brote local de COVID-19: nivel inicial, pico máximo o fase tardía. ¿Cómo está respondiendo el sistema de salud de la región? ¿Cuántos años tienes? ¿Eres inmunológicamente vulnerable? ¿Cuál es tu estado general de salud? Por añadir una posibilidad no diagnosticable: ¿tu inmunogenética, la genética que subyace a tu defensa inmunológica se alinea contra el virus o no?

¿Así que todo este alboroto alrededor del virus es solo una estrategia para asustar a las personas?

No, en absoluto. El COVID-19 registraba una tasa de letalidad (CFR, Case Fatality Rate) de entre 2 y 4 % en la fase inicial del brote en Wuhan. Fuera de Wuhan, el CFR parece caer más o menos al 1% e incluso por debajo, pero también parece aumentar en puntos aquí y allá, incluso en lugares de Italia y EE. UU. Su rango no parece muy elevado en comparación con, por ejemplo, el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS), que es del 10%; la gripe de 1918, del 5-20 %; la gripe aviar H5N1, del 60%; y, en algunos puntos, el ébola, con una tasa de mortalidad del 90 %. Pero, ciertamente, supera el 0,1% de CFR de la incidencia de la gripe estacional. Sin embargo, el peligro no es solo una cuestión de tasa de mortalidad, sino que también debemos afrontar lo que se denomina penetración de la tasa de ataque comunitario: qué penetración tiene el brote entre el conjunto de la población mundial.

¿Puede ser más específico?

La red global de viajes tiene una conectividad récord. Sin vacunas ni antivíricos específicos para el coronavirus ni ninguna inmunidad en estos momentos, incluso un virus con solo un 1% de mortalidad puede suponer un peligro considerable. Con un periodo de incubación de hasta dos semanas y cada vez más evidencias de que hay transmisión antes de la dolencia –antes de que sepamos que las personas están infectadas–, pocos lugares estarían libres de infección. Si, por ejemplo, el COVID-19 registra un 1% de víctimas mortales, el proceso de infección de cuatro mil millones de personas supondrá 40 millones de muertes. Una pequeña proporción de un gran número aún puede representar una gran cantidad.

Estas son cifras alarmantes para un patógeno considerablemente menos virulento…

Absolutamente, y solo estamos a comienzos del brote. Es importante comprender que muchas infecciones nuevas cambian en el transcurso de las epidemias. La infectividad, la virulencia o ambas pueden atenuarse. Por otro lado, otros brotes aumentan en virulencia. La primera oleada de la pandemia de gripe, la primavera de 1918, fue una infección relativamente leve. Fueron la segunda y tercera oleada de aquel invierno y hasta el 1919 las que mataron millones de personas.

Pero los escépticos de la pandemia sostienen que hay menos personas infectadas y menos muertes por el coronavirus que por la gripe estacional típica. ¿Qué opina?

Seré el primero en celebrarlo si este brote demuestra ser un fracaso. Pero estos esfuerzos para descartar el COVID-19 como un peligro menor citando otras enfermedades mortales, especialmente la gripe, son una estratagema retórica para presentar la preocupación sobre el coronavirus como inadecuada.

«El COVID-19 sólo está comenzando su viaje epidemiológico, y a diferencia de la gripe, no tenemos vacuna ni inmunidad colectiva para frenar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables»

Así que la comparación con la gripe estacional es engañosa.

No tiene mucho sentido comparar dos patógenos en las diferentes secciones de su epicurva, es decir, su curva de desarrollo. Sí, la gripe estacional infecta a muchos millones de personas en todo el mundo, y la Organización Mundial de la Salud estima que hasta 650.000 personas mueren por su causa cada año. Sin embargo, el Covid-19 solo está en el principio de su desarrollo epidemiológico. Y a diferencia de la gripe, no tenemos ni vacuna ni inmunidad colectiva para frenar la infección y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Aunque la comparación sea engañosa, ambas enfermedades son causadas por virus que pertenecen incluso a un grupo específico, los virus ARN. Ambos pueden causar enfermedades. Ambos afectan a la boca y la garganta y a veces también a los pulmones. Ambos son bastante contagiosos.

Estas son similitudes superficiales que no tienen en cuenta una diferencia importante entre los dos patógenos. Sabemos mucho sobre la dinámica de la gripe. Sabemos muy poco sobre el COVID-19, que está lleno de incógnitas. De hecho, hay mucha información sobre el comportamiento del COVID-19 que no conoceremos hasta que el brote se desarrolle por completo. Al mismo tiempo, es importante comprender que no se trata de COVID-19 versus gripe estacional, sino del COVID-19 y la gripe. La aparición de múltiples infecciones capaces de desencadenar una pandemia y afectar a poblaciones enteras de manera combinada debería ser la principal preocupación.

Ha estado investigando epidemias y sus causas durante varios años. En su libro Big Farms Make Big Flu intenta establecer conexiones entre las prácticas agrícolas industriales, la agricultura ecológica y la epidemiología viral. ¿Cuál es su visión?

El verdadero peligro de cada nuevo brote es el fracaso o, mejor dicho, la negativa a comprender que cada nuevo COVID-19 no es un incidente aislado. El aumento de la incidencia de los virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las empresas multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de agricultura y, más concretamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo. Más bien todo lo contrario: cuando surgen nuevos brotes, los gobiernos, los medios de comunicación e incluso la mayoría de las instituciones médicas están tan concentrados en las emergencias por separado que ignoran las causas estructurales que llevan a múltiples patógenos marginales a convertirse en un fenómeno global inesperado.

El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales.

¿Quiénes son los responsables?

He mencionado la agricultura industrial, pero hay un panorama más amplio. El capital encabeza el acaparamiento de tierras en los últimos bosques primarios y explotaciones agrarias de pequeños propietarios en todo el mundo. Estas inversiones impulsan la deforestación y un desarrollo que conduce a la aparición de enfermedades. La diversidad funcional y la complejidad que representan estas vastas extensiones de tierra se unifican de tal manera que los patógenos, previamente encerrados, se están extendiendo a la ganadería local y a las comunidades humanas. En resumen, los centros del capital mundial, lugares como Londres, Nueva York y Hong Kong, deben ser considerados nuestros principales focos de enfermedades.

¿De qué enfermedades hablamos?

En este momento, no hay patógenos libres de la influencia del capital. Incluso las regiones más remotas se ven afectadas aunque sea desde la lejanía. El ébola, el zika, los coronavirus, la reaparición de la fiebre amarilla, una variedad de gripes aviares y la peste porcina africana se encuentran entre muchos de los patógenos que salen de las zonas más remotas del interior hacia los circuitos periurbanos, las capitales regionales y, finalmente, hacia la red mundial de viajes. Solo hay unas pocas semanas de diferencia entre los murciélagos del Congo, que se cree que transmiten el virus del ébola, y los bañistas de Miami que fallecen a causa del virus.

Muchos nuevos patógenos previamente controlados por ecologías forestales de larga evolución están siendo liberados, amenazando al mundo entero.

¿Qué papel desempeñan las empresas multinacionales en este proceso?

El planeta Tierra es hoy en día en gran parte una gran fábrica agrícola industrial, tanto en términos de biomasa como de uso de la tierra. La agroindustria tiene como objetivo acaparar el mercado de alimentos. El proyecto neoliberal está diseñado para ayudar a las empresas de los países industrializados más desarrollados a robar tierras y recursos de los países más débiles. Como resultado, muchos de estos nuevos patógenos previamente ligados a ecosistemas forestales que se habían desarrollado durante largos períodos de tiempo están siendo liberados y amenazan al mundo entero.

¿Cuáles son los efectos de los métodos de producción de la agroindustria?

La agricultura, organizada según las necesidades capitalistas y en sustitución de la ecología natural, proporciona los medios exactos por los que un patógeno puede desarrollar los fenotipos más virulentos e infecciosos. No se podría diseñar un mejor sistema para generar enfermedades mortales.

El agronegocio está tan enfocado en las ganancias, que la selección de un virus que podría matar mil millones de personas se considera un riesgo que vale la pena asumir.

¿Cómo es eso?

La expansión de los monocultivos genéticos de animales de granja elimina cualquier barrera inmunológica que pueda estar disponible para ralentizar o frenar la transmisión. Las grandes dimensiones y las altas densidades de población facilitan mayores tasas de transmisión. Estas condiciones de hacinamiento deprimen la respuesta inmunológica de los animales. El alto rendimiento de los animales, como parte indisoluble de cualquier producción industrial, proporciona a los virus un suministro constante de nuevos animales huéspedes, lo que promueve su virulencia. En otras palabras, la agroindustria está tan orientada a los beneficios que la decisión de utilizar un virus que podría matar a mil millones de personas parece compensar el riesgo.

¡¿Qué?!

Estas empresas pueden simplemente trasladar el coste de sus operaciones de riesgo epidémico a todos los demás: los propios animales, los consumidores, los agricultores, las comunidades locales y los gobiernos de todas las jurisdicciones. Los daños son tan grandes que la agroindustria tal como la conocemos estaría acabada para siempre si incluyéramos estos costes en las cuentas de la empresa. Ninguna empresa podría soportar el coste de los daños causados.

En muchos medios se afirma que el punto de partida del coronavirus fue un mercado de alimentos exóticos en Wuhan. ¿Es cierto?

Sí y no. Hay pruebas espaciales que lo respaldan. El rastreo de los contactos asociados con las infecciones conduce al mercado mayorista de mariscos de Hunan en Wuhan, donde también se venden animales salvajes. Al parecer, las muestras han identificado el extremo occidental del mercado donde se guardaban los animales salvajes. Pero ¿cuánto debemos remontarnos en la investigación? ¿Cuándo empezó la emergencia exactamente? El foco en el mercado pasa por alto los orígenes de la agricultura silvestre en el interior y su creciente mercantilización. En todo el mundo, y también en China, los alimentos silvestres se están convirtiendo cada vez más en un sector económico estructurado. Pero su relación con la agroindustria va más allá de simplemente compartir la misma fuente de ingresos. A medida que la producción industrial (de cerdos, aves de corral y similares) se expande en el bosque primario, presiona a los productores de alimentos silvestres para que se adentren más en los bosques en busca de las poblaciones originales, aumentando así la interacción con los nuevos patógenos, incluido el COVID-19, e incrementando su propagación.

El COVID-19 no es el primer virus que se desarrolla en China y que el gobierno trató de encubrir.

Sí, pero este no es un caso especial chino. Los Estados Unidos y Europa también han servido como «puntos cero» para las nuevas infecciones virales, más recientemente el H5N2 y el H5Nx, y sus representantes multinacionales y neocoloniales impulsaron el surgimiento del ébola en África occidental y del zika en el Brasil. Y durante los brotes de gripe porcina (H1N1) en 2009 y de gripe aviar (H5N2), los funcionarios de salud de los Estados Unidos encubrieron a la agroindustria.

La OMS ha declarado ahora una emergencia sanitaria de interés internacional. ¿Es adecuado este paso?
Sí. El peligro de un patógeno de este tipo es que las autoridades sanitarias no tienen un control sobre la distribución estadística del riesgo. No tenemos idea de cómo puede responder el patógeno. Hemos pasado de un brote en un mercado a infecciones en todo el mundo en cuestión de semanas. El patógeno podría simplemente morir. Esto sería genial, pero no lo sabemos. Una mejor preparación aumentaría las probabilidades de reducir la velocidad de propagación del patógeno. La declaración de la OMS también es parte del que yo denomino “teatro pandémico”. Las organizaciones internacionales han muerto por inacción. Me viene a la mente la Sociedad de Naciones. El grupo de organizaciones de la ONU siempre está preocupado por su relevancia, poder y financiación. En cambio, tal activismo también puede converger en la preparación y prevención que el mundo necesita para interrumpir las cadenas de transmisión de COVID-19.

Las multinacionales y representantes neocoloniales europeos y estadounidenses impulsaron la aparición del ébola en África occidental y el Zika en Brasil.

La reestructuración neoliberal del sistema de atención médica ha empeorado tanto la investigación como la atención general de los pacientes, por ejemplo, en los hospitales. ¿Qué diferencia podría comportar un sistema de salud mejor dotado para combatir el virus?

Existe la terrible pero reveladora historia del empleado de una emprsa de dispositivos médicos de Miami que, al volver de China con síntomas similares a la gripe, hizo lo correcto para su familia y su comunidad y exigió que un hospital local le hiciera la pruba de COVID-19. Temía que su exiguo seguro médico de la Obamacare no cubriera las pruebas. Y estaba en el correcto, dado que la prueba costaba 3720 dólares. En el caso de los Estados Unidos, una de las demandas podría ser la aprobación de una ordende emergencia que exija que durante el brote de una pandemia, el gobierno federal se haga cargo de todas las facturas médicas relacionadas con las pruebas de infección y el tratamiento tras un resultado positivo. Queremos animar a la gente a buscar ayuda en lugar de esconderse —e infectar a otras personas— porque no pueden pagar el tratamiento. La solución obvia es un servicio sanitario estatal que cuente con el personal y el equipo adecuados para esas emergencias en toda la comunidad, de forma que nunca se desanime la cooperación comunitaria.

Utilizar la crisis del coronavirus para probar los últimos métodos de control autocrático es un sello distintivo del capitalismo desastroso.

Tan pronto como se descubre el virus en un país, los gobiernos de todas partes reaccionan con medidas punitivas autoritarias, como la cuarentena de regiones y ciudades enteras. ¿Están justificadas esas medidas drásticas?

Utilizar la crisis del coronavirus para probar los últimos métodos de control autocrático es un sello distintivo del capitalismo desastroso. En lo que respecta a la salud pública, prefiero atenerme a la confianza y la compasión, que son variables importantes en una epidemia. Sin cualquier de las dos, los gobiernos pierden el apoyo de la población. El sentido de solidaridad y de respeto mutuo es una parte fundamental para sobrevivir juntos a tales amenazas. Las cuarentenas autoimpuestas con el apoyo adecuado –ayuda vecinal, camiones de suministro de alimentos de puerta a puerta, permiso de trabajo y seguro de desempleo– pueden generar este tipo de cooperación.

Cómo sabrá, en Alemania, la AfD es un partido nazi ‘de facto’ con 94 escaños en el Parlamento. La ultraderecha y otros grupos en asociación con políticos del AfD usan la crisis del coronavirus. Difunden falsos informes sobre el virus y exigen más medidas autoritarias en el gobierno: restringir los vuelos y la entrada a las personas migrantes, el cierre de fronteras y la cuarentena forzada.

La prohibición de viajar y el cierre de fronteras son demandas con las que la ultraderecha radical quiere “racializar” lo que ahora son enfermedades globales. Esto es, por supuesto, un sinsentido. En este punto, dado que el virus ya se está propagando por todas partes, lo único sensato que se puede hacer es asegurar que el sistema público de salud sea lo suficientemente fuerte como para tratar y curar a cualquier persona infectada. Y, por supuesto, debemos dejar de robar la tierra a los pueblos originarios y provocar los emigración masiva en primer lugar, solo así podremos evitar que los patógenos emerjan.

¿Cuáles serían las soluciones sostenibles para luchar contra las enfermedades infecciosas?

Para reducir la aparición de nuevos brotes de virus, la producción de alimentos debe cambiar radicalmente. La autonomía de los agricultores y un sector público fuerte pueden reducir el efecto de las cadenas de contagio unidireccionales y las infecciones descontroladas. Esto incluye la promoción de la biodiversidad de ganado y de cultivos, y la reforestación estratégica, tanto en cada explotación agraria como en todo el ámbito regional. Se debe permitir que los animales destinados a la alimentación se reproduzcan localmente para transmitir los mecanismos de inmunidad. Se trata de combinar una producción justa con una circulación equitativa de los bienes. Esto incluye subvenciones a la agricultura ecológica y a los precios de venta, y programas para los consumidores. Estos proyectos deben ser protegidos frente a las limitaciones impuestas por la economía neoliberal tanto a los individuos como a las comunidades y defendidos contra la amenaza de la opresión del Estado dirigida por el capital.

La producción de alimentos altamente industrializada depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad y, en este caso, contribuyen a desencadenar una nueva pandemia mortal. 

¿Qué debería exigir la izquierda ante la creciente dinámica de los brotes de enfermedades?

La agroindustria como forma de reproducción social debe ser abolida para siempre, aunque solo sea por una cuestión de salud pública. La producción de alimentos altamente industrializada depende de prácticas que ponen en peligro a toda la humanidad y, en este caso, contribuyen a desencadenar una nueva pandemia mortal.

Deberíamos exigir que los sistemas alimentarios se socialicen de tal manera que estos patógenos peligrosos no puedan desarrollarse. Para lograrlo, la producción de alimentos debe reintegrarse a las necesidades de las comunidades rurales. Esto requerirá, en primer lugar, prácticas agroecológicas que protejan el medio ambiente y a los agricultores que cultivan los alimentos. El panorama general es este: necesitamos curar la grieta metabólica que separa nuestra ecología de nuestra economía. En resumen, tenemos un mundo que ganar.

Entrevista de Yaak Pabst, para la revista Marx21 (11/03/20). Esta versión en castellano ha sido publicada primero por la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, el 24 de marzo de 2020.

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31 de marzo de 2020

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En América Latina ya se han confirmado casos de coronavirus en todos los países del Continente. En el Amazonas, la Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM) informa que hay 1.580 casos confirmados y 49 fallecidos, a 7 de abril de 2020. Por lo tanto, la pandemia no está tan extendida y no afecta a tantas personas como lo está haciendo en Europa o Asia. Podemos decir que aquí aún se encuentra en la fase inicial.

Sin embargo, hay una gran preocupación por parte de la población por el impacto y las consecuencias que podría tener la crisis de coronavirus.

La región de Araguaia tiene más de 150.000Km2. Es más grande, por tanto, que algunos países europeos, como Portugal, por ejemplo … pero aquí casi no hay hospitales y mucho menos respiradores o medicamentos necesarios para el tratamiento de la enfermedad.

Como en muchos otros lugares de Brasil, el trabajo informal, a menudo en la calle, es la base de la subsistencia para muchas familias que viven en condiciones precarias. Sólo en São Félix do Araguaia, nuestra asociación atiende a más de 500 personas (sobre una población de 5.000) que viven por debajo del umbral de pobreza. Es decir, sobreviven con menos de un euro al día por persona.

Este escenario de fragilidad social y económica explica porque desde el inicio de la amenaza se han tomado medidas preventivas basadas en el confinamiento y el aislamiento social. Aquí, las consecuencias pueden ser todavía más trágicas.

Así mismo, los pueblos indígenas son los más vulnerables a la propagación del virus. Las tribus Karajá, Tapirapé y Xavante, que viven con nosotros en el Araguaia, tienen muchas dificultades para acceder al (mínimo) sistema sanitario: por ejemplo, desde la tierra Marãiwatsédé, donde viven más de 1.200 Xavante, hasta el hospital más cercano (sin UCI y con sólo 1 respirador), se tardan más de 5 horas de viaje.

Los pueblos indígenas se encuentran en una situación vulnerable y necesiten cuidado, atención y respeto.

Aquí, los puebos indígenas Karajá, Tapirapé y Xavante están entre los más vulnerables

QUÉ ESTAMOS HACIENDO PARA COMBATIR EL CORONAVIRUS

En la Asociación hemos seguido las medidas recomendadas por los organismos públicos responsables y estamos en contacto permanente con las comunidades para evaluar la mejor manera de adaptar nuestros proyectos, teniendo en cuenta las circunstancias y cómo vaya evolucionando la situación.

De momento, ningún miembro de nuestro equipo o de las familias con las que trabajamos está afectado por la enfermedad.

Sin embargo, como forma de prevención, hemos adoptado medidas que reducen nuestra exposición a zonas o factores de riesgo y que permiten seguir nuestra actividad, en la medida de lo posible.

En las zonas potencialmente de riesgo, principalmente en los asentamientos ruales y las comunidades indígenas, hemos suspendido temporalmente nuestra actividad. Ahora, lo más importante es la seguridad de las personas para las que trabajamos, así como de nuestro equipo y de los otros ciudadanos/as.

En los asentamientos y comunidades indígenas, suspendemos temporalmente nuestra actividad porque, ahora, lo más importante es la seguridad de las personas.

En la sede de la Asociación, en São Félix do Araguaia, tenemos la estructura para hacer mucho trabajo a distancia.

En este sentido, hemos adoptado las iniciativas siguientes:

Coordinación con las autoridades municipales para vigilar la evolución del riesgo.

– Pertenecemos a la red municipal de protección social del ciudadano brasileño en situación de vulnerabilidad social.

– Apoyo para que las comunidades obtengan la comida de proximidad y deban moverse lo mínimo necesario.

– Estamos en contacto permanente con las familias que viven en las comunidades y pueblos donde trabajamos, para saber cómo están y para asistirles si fuera necesario.

La contención y la mitigación de la propagación de la enfermedad son responsabilidad de toda la sociedad y, por ello, tenemos que permanecer en casa.

Ahora más que nunca cuidar de nuestra salud es cuidar la salud de todos/as y nuestra asociación dispone de la tecnología y los equipamientos necesarios para continuar haciendo muchas tareas de forma telemática.

Así que quedémonos en casa. Cuidémonos y cuidemos de los/las más vulnerables.

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