La «Missa dos Quilombos» fue celebrada el 20 de noviembre de 1981 en la ciudad de Recife (PE), para más de 8 mil personas. Es considerada una expresión artística y religiosa que busca honrar la lucha y la resistencia del pueblo negro en Brasil.
La Missa dos Quilombos combina elementos de la tradición católica con ritmos y melodías afrobrasileñas, creando una fusión única de música sacra y folclor. La obra se inspira en la historia y la cultura de los «quilombos», que eran comunidades de personas negras fugitivas que buscaban la libertad y la autonomía durante la época de la esclavitud en Brasil.
La Missa dos Quilombos representa un homenaje a la cultura negra, una celebración de la resistencia y un recordatorio de la importancia de la justicia social y la inclusión en la sociedad brasileña y más allá.
En el nombre de Dios supuestamente blanco y colonizador, que naciones cristianas han adorado como si fuese el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, millones de negros fueron sometidos, durante siglos, a la esclavitud, a la desesperación y a la muerte. En Brasil, en América, en la madre África, en el Mundo.
Deportados, como «piezas” de la ancestral Aruanda, colmaron de mano de obra barata los cañaverales y las minas y colmaron los poblados de individuos sin cultura, clandestinos, inviables. (Colman todavía de subgente -para los blancos señores y las blancas damas y la ley de los blancos- las cocinas, los muelles, los burdeles, las favelas, los arrabales, las prisiones).
Para escándalo de muchos fariseos y para alivio de muchos arrepentidos, la Misa de los Quilombos confiesa, delante de Dios y de la Historia, esta máxima culpa cristiana.
Pero un día, una noche, surgieron los Quilombos, y entre todos ellos, el Sinaí Negro de Palmares, y nació, de Palmares, el Moisés Negro, Zumbi. Y la libertad imposible y la identidad prohibida florecieron, «en el nombre del Dios de todos los nombres”, «que hace toda carne, la negra y la blanca, rojas en la sangre”.
Venidos «del fondo de la tierra”, «de la carne del flagelo”, «del exilio de la vida”, los Negros decidieron forzar «los nuevos Albores” y reconquistar Palmares y regresar a Aruanda.
Y estando ahí, de pie, quebrando los muchos grillos en casa, en la calle, en el trabajo, en la iglesia, fulgurantemente negros al sol de la Lucha y de la Esperanza.
Poster del CD que se gravó posteriormente con la música de la Missa dos Quilombos
Para escándalo de muchos fariseos y para alivio de muchos arrepentidos, la Misa de los Quilombos confiesa, delante de Dios y de la Historia, esta máxima culpa cristiana.
En la música del negro minero Milton y de sus cantores y músicos, ofrece al único Señor «el trabajo, las luchas, el martirio del Pueblo Negro de todos los tiempos y lugares”.
Como toda verdadera Misa, la Misa de los Quilombos es pascual.
Y garantiza al Pueblo negro la Paz conquistada de la Liberación. Por los ríos de la sangre negra, derramada en el mundo. Por la sangre del Hombre “sin figura humana” sacrificado por los poderes del Imperio y del Templo, pero resucitado de la Ignominia de la Muerte por el Espíritu de Dios, su Padre.
Como toda verdadera Misa, la Misa de los Quilombos es pascual: celebra la Muerte y la Resurrección del Pueblo Negro, en la Muerte y Resurrección de Cristo.
Pedro Tierra y yo, ya empeñamos nuestra palabra, airadamente fraterna, con la Causa de los Pueblos indígenas, con la “Misa de la Tierra sin males”; y empeñamos ahora la misma palabra con la Causa del Pueblo Negro, con esta Misa de los Quilombos.
Ha llegado el momento de cantar el Quilombo que está viniendo: estamos en el momento de celebrar la Misa de los Quilombos, en rebelde esperanza, con todos “los Negros de África, los Afros de América, los Negros del Mundo, en Alianza con todos los pobres de la Tierra”.
Pedro Casaldáliga. Presentación de la Misa de los Quilombos, 1982
En nuestro libro “Espiritualdad de la liberación”, José María Vigil y yo reconocíamos, ya en la primera línea del primer capitulo, que “espiritualidad” es una palabra infeliz, desmoralizada, por el abuso teórico y práctico con que fue utilizada – aún lo es- como esfera distante de la vida real, como espiritualismo desencarnado y huida de compromiso. Si espiritualidad deriva de “espíritu”, y si espíritu se opone a la materia, al cuerpo, una persona será espiritual cuando viva sin preocuparse de lo que es material ni siquiera de su propio cuerpo, instalándose en etéreas realidades espirituales.
Esta concepción de espíritu y espiritualidad como realidades opuestas a lo material de lo corporal, provienen de la cultura griega. En las culturas indígenas no es así. Y tampoco en el mundo cultural semítico de la Biblia. La palabra de Dios es mucho más integradora.
En esta última década, después de ciertas decepciones, aprendiendo de la historia y por un verdadero proceso de maduración, debemos reconocer, agradecidos al Dios que nos acompaña y a los hermanos y hermanas que dieron por nosotros su sangre, que la “espiritualidad” ya no es una palabra infeliz. Hoy es un horizonte que necesitamos, un clamor que viene de dentro, agua viva para nuestro caminar. Hay una auténtica y profunda sed de espiritualidad en las comunidades eclesiales, en los y las agentes de pastoral, en los y las militantes cristianos, en la juventud más despierta.
Se multiplican los encuentros, las publicaciones, las conferencias, las entidades que estudian, propagan y dinamizan la espiritualidad y, más concretamente, nuestra espiritualidad. Cada día son más las personas que quieren “beber en el propio pozo”.
1. ¿Qué es entonces espiritualidad?
El espíritu de una persona es lo profundo y dinámico de su propio ser: sus motivaciones mayores y últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la cual vive y lucha y con la cual contagia.
“Espíritu” es el sustantivo concreto, y “espiritualidad” es el sustantivo abstracto. En lenguaje común estas dos palabras se usan indistintamente: “Fulano tiene mucho espíritu, tiene una espiritualidad profunda”.
Cuando decimos de alguien que “no tiene espíritu”, queremos afirmar que no tiene pasión, ideal, vida profunda. Es más que una persona es un tronco, es una máquina.
Hay espíritus diferentes, eso sí. Y es preciso distinguir discernir. Según algunos códices, cuando los apóstoles soñaban o actuaban fuera del Reino, Jesús les advertía: “No saben ustedes de que espíritu son” (Lc 9,55). Hay espíritu malo y espíritu bueno. No se habla y escribe sobre “el espíritu del capitalismo”, sobre “espíritu del mercado neoliberal”?.
2. La espiritualidad es patrimonio de todos los seres humanos
Toda persona está animada por una espiritualidad o por otra, porque todo ser humano -cristiano o no, religioso o no- es un ser también fundamentalmente también espiritual. Toda mujer todo hombre son más que simple biología. Y es ese algo más, o mucho más, los que los distingue del simple animal. Las religiones y filosofías designan esa realidad misteriosa, pero real, como “espíritu”. Perder esa dimensión profunda es dejar de ser humano, es embrutecerse. Paul Tillich habla de esa “dimensión perdida” como de la gran tragedia de nuestro tiempos materialistas y consumistas.
3. ¿Toda espiritualidad es también algo religioso?
Si entendemos la palabra “religión” como una referencia explícita a Dios, habremos de reconocer que hay espiritualidades no religiosas, personas con mucha espiritualidad, con profundos ideales de lucha y de servicio, que son ateas, o agnósticas. “No dudamos en afirmar que pueden existir y que existirán no sólo espiritualidades no cristianas, sino incluso no creyentes”, escribe A.M. Besnard.
Sin embargo, para nosotros, que creemos en Dios como presencia felizmente “inevitable” y animadora de nuestras vidas, agua y luz de todo pensamiento bueno y de toda acción honesta, la espiritualidad sincera, esa radical profundidad humana, es siempre “religiosa”. El gran maestro Orígenes decía que “Dios es aquello que alguien pone por encima de todo”. Y el inquieto Obispo de Hipona, San Agustín, dejó escrito en sus “confesiones” que “Dios me es más íntimo que mi propia intimidad”.
Sin embargo, no es la religiosidad lo que hace la verdad o la mentira de una vida humana, sino la autenticidad de esa misma vida. “En espíritu y verdad quiere ser adorado el Padre”, recordaba Jesús a la samaritana junto al pozo de Jacob (Jn 4,23).
4. Nuestra espiritualidad es cristiana
A la luz de la fe cristiana (hay una fe religiosa quechua, una fe religiosa islámica, una fe religiosa hindú) nosotros descubrimos la presencia de Dios en el cosmos, en la vida humana y en la historia como amor gratuito y salvación precisamente porque Jesús, hijo de Dios e hijo de María de Nazaret, con su palabra, actividad, muerte y resurrección, nos hace entrar vitalmente en ese descubrimiento. A partir de este encuentro de fe, nuestra espiritualidad solo puede ser “religiosa” (como vuelta hacia el Dios vivo, revelado por Jesús) e incluso “cristiana” (como seguimiento del propio Jesús).
El Dios de Jesús es nuestro Dios. Él es la profundidad máxima de nuestra vida.
La causa de Jesús es nuestra causa.
Nuestro vivir es Cristo (Fil 1,21). Él es nuestra pasión y su espíritu es nuestra espiritualidad.
5. Nuestra espiritualidad
Nuestra espiritualidad es nuestra en dos sentidos:
Porque es una espiritualidad personalizada, por que nosotros vivimos consciente y libremente en la condición de personas adultas también en la fe, con la totalidad de nuestro ser humano, en todas las dimensiones de nuestra vida. Yo soy mi espiritualidad. Nadie la vive por mí.
Porque es una espiritualidad explícitamente latinoamericana; y de una manera clara, espiritualidad de la liberación.
Antes de todo es necesario subrayar este aspecto, que oportunamente la modernidad (la post-modernidad también, a su modo) hizo salir a la superficie y que nos libera del gregarismo, del infantilismo, y, finalmente, de una posible, justificada, deserción.
La espiritualidad o es personalizada o no es espiritualidad. O abarca todas las dimensiones de mi ser (alma y cuerpo, pensamiento y voluntad, sexo y fantasía, palabra y acción, interioridad y comunicación, contemplación y lucha, gratuidad y compromiso) o no será mía, no me realizaré en ella, acabará mutilándome.
Dio gusto de ofrecer a los compañeros y compañeras de caminada un esquema de referencias que me ha servido mucho en la vida, después de haber experimentado, en ciertas épocas, de la formación sobre todo, métodos reduccionismo o unilateralidades que nos angustiaban y que reprimían la realización personal y el vuelo del espíritu.
Así como para corregir un formación espiritual dispersa o mutilada, por ser contabilista o por ser dicotómica y unilateral, y para ser la síntesis de la propia existencia (¡ese es el desafío!), debemos pensar la vida así:
Toda nuestra vida es:
una problemática (a partir de la fe, un misterio);
un desafío (a partir de la de, una misión);
un espacio (a partir de la fe, don, gracia); que debemos asumir con ciertas actitudes (generadas por ciertos actos o praxis y, que, a su vez generan praxis);
a través de ciertas mediaciones (psicológicas, sociológicas, políticas, pastorales, evangélicas…);
con vistas a la opción fundamental, que dará sentido, fuerza, alegría y victoria a nuestra vida.
A lo largo de este texto – y espero que, sobretodo, a lo largo de cada una de nuestras vidas-, irá apareciendo mejor lo que estoy queriendo decir cuando hablo de “nuestra” espiritualidad cristiana. El espíritu es el que sabe de eso. Él es quien enseña a quién quiera entrar en su escuela gratuita y amorosa. De mi parte me siento cada vez con menos coraje para dar lecciones de espiritualidad, porque la vida no se enseña. Nadie puede sustituir al Maestro, que es el Espíritu de Dios, ni siquiera el discípulo o discípula, que es el espíritu de cada uno de nosotros.
Puedo indicar donde tropecé, eso sí, y compartir júbilos y descubrimientos; porque también es verdad que, en Cristo, somos un solo cuerpo y que es uno solo el espíritu que nos anima (cf 1 Cor 12,12, s).
En nuestro libro “Espiritualidad de la liberación”, explicamos largamente lo que entendemos por Espíritu/ espíritu / espiritualidad, las diferentes acepciones de esas palabras, la complementariedad con que se debe vivir la espiritualidad “natural” y “latinoamericana” como la espiritualidad “cristiana”, por parte de una persona simultáneamente humana, bautizada y latinoamericana. Con ese fin, nuestro libro está dividido en tres grandes capítulos: I. El Espíritu y la Espiritualidad; II. El Espíritu liberador en nuestra patria grande; III. En el espíritu de Jesucristo liberador.
A los tres capítulos añadimos “las 7 características del pueblo nuevo”, conscientes de que “de mujeres nuevas y de hombres nuevos nace el pueblo nuevo”:
la lucidez crítica;
la contemplación en la caminada;
la libertad de los pobres;
la solidaridad fraterna;
la cruz y la conflictividad;
la insurrección evangélica (la revolución de la Buena Noticia);
la tenaz esperanza pascual.
Y presentamos también las “constantes de la espiritualidad de la liberación”:
la profundidad personal;
el reinocentrismo;
una espiritualidad de lo esencial y universal cristiano;
la ubicación: en la realidad, en la historia, en el lugar , en los pobres, en la política;
la critica;
la praxis;
la integralidad, sin dicotomías y sin reduccionismos.
Con otras palabras, más o menos sinónimas, podríamos también caracterizar la espiritualidad de la liberación como:
cristológica, de la práctica de Jesús, en su seguimiento;
situada, ubicada, política, histórica; “tropezando con el Dios de los pobres” (Leonardo Boff), encontrando a Dios en las prácticas más diarias, más sociales, más comunitarias;
en la cruz de la profecía y del conflicto, asumidos pascualmente;
“entre la gratuidad y la exigencia” (G. Gutiérrez);
siendo contemplativos en la liberación, descodificando el Reino o el Anti- Reino en la realidad, aquí y ahora;
enraizada en nuestras culturas y en nuestra historia;
heredera comprometidamente de la sangre mártir;
proféticamente alternativa al sistema de la muerte y de la exclusión;
en una co-rresponsabilidad eclesial, adulta, libre y serena;
con espíritu ecuménico y macroecuménico;
6. Hoy, aquí
Toda América Latina, que forma parte del tercer mundo, pasa por una hora de mundialización, de neoliberalismo, de post-modernidad. Esta hora tiene, ciertamente, mucho de “poder de las tinieblas”, pero puede tener mucho más si creemos en el espíritu, “caídos del Reino”.
Hay, sin duda, una crisis de estrategia liberadoras “clásicas”, un desconcierto entre los y las militantes, un sentimiento de “sin salida”, de depresión psicosocial. Para muchos discípulos y discípulas, en este atardecer por el camino del seguro, la sensación de hora baja es la misma de los discípulos cabizbajos de Emaús: “Nosotros esperábamos que…” (Lc 24,21). Añádese, para mayor desorientación, esa avalancha de fundamentalismos, exotismos y esoterismos que convulsionan el mundo.
La mundialización se está imponiendo como neoliberal, de sistema único, de mercado total, mercantilizador de la vida humana, idólatra, de una escatología inmediatista en un estúpido “fin de la historia”, inmolador de las mayorías bajo las garras del progreso consumista, privatizador de la sociedad, sin alternativa socializadora posible.
La post-modernidad niega la radicalidad espiritual, el compromiso, la utopía;; substituye la ética por la estética, lo utópico por lo fruitivo; ignora a los pobres y deja de lado la justicia; renuncia a los “grandes relatos”; es narcisista: dicen incluso que pasamos de Prometeo a Narciso. Todo en la vida debe ser ligth, según el instante y el instinto.
Yo mismo vengo alertando, hacia el tiempo, de cara a tres grandes tentaciones que nos acechan en esta hora neoliberal de “noche oscura de los pobres” y de sus aliados y aliadas: la tentación de renunciar a la memoria y a la historia; la tentación de renunciar a la cruz y a la militancia; la tentación de renunciar a la esperanza y a la utopía.
Por nuestra parte, creemos que la mundialización legítima, la otra mundialización, es voluntad del Dios único, destino de la familia humana que es una sola, en una sola casa en la tierra y en los cielos. La intercomunicación, la intersolidaridad, la autoridad plural en la unidad humana, el concierto universal de todos los pueblos, respetados igualmente, complementarios entre si, todas las personas “iguales y diferentes” al mismo tiempo, en la macro-armonnía criatural que Dios soñó.
Creemos también en una legítima modernidad / postmodernidad que potencia la autonomía, subjetividad, libertad, igualdad, sueño lúcido y placentero, fricción del cosmos y de la vida, diario cantar las aguas próximas, en la interioridad, en la familia, en la amistad, en la ciudadanía; la integración de la persona humana en la fiesta de la creación divina.
En la Iglesia de esta hora hemos entrado, hace tiempo, según el teólogo Rahner, en una especie de invierno involucionista, después de la bella primavera abierta por el Concilio Vaticano II. Víctor Codina habla de “miedo e inseguridad en la Iglesia”. Muchos miedos, muchas perplejidades, muchos cortes, muchas irritaciones. El mismo Jubileo del año 2000 -más de lo legítimo para la celebración penitencial y agradecida de nuestra fe y de la historia de nuestra Iglesia- puede convertirse en una evasión, un festival catolicista o cristianista, cuando llegaría a ser el tiempo fuerte de renunciar proféticamente el anti-Reino neoliberal y de anunciar proféticamente el Reino del Dios de la vida de la justicia y de la paz: El porque y para que Dios se hizo en Jesucristo el Dios -tan- plenamente -con nosotros- !
También, hablando de la iglesia podemos cantar, en contrapartida, una letanía de realizaciones esperanzadoras, en la espiritualidad, en la liturgia, en la teología, en la vivencia bíblica; en las comunidades eclesiales, en la vida religiosa e inserta, en las pastorales especificas; en la diversidad de los misterios, en el profetismo de los laicos y laicas, con una creciente presencia conquistadora de la mujer hasta en el altar; en ecumenismo de las bases y de ciertos líderes generosos; en el diálogo inter-religioso o macro-ecuménico; en la presencia y participación de la Iglesia comprometida por la lucha de los derechos humanos, por la ciudadanía, por la ecología, por la tierra, por la salud, por la vivienda, por la educación, por la comunicación.
El obispo mártir de Argentina, Enrique Angelelli, pastor de “tierra adentro”, en el período de plena dictadura militar en su país, proclamaba una esperanza inquebrantable con estas evangélicas palabras:
“Me siento feliz de vivir en la época en la época en que vivo. Todo eso que estamos viviendo es ciertamente lleno de vida. La Iglesia se hace más evangélica, más sencilla, mas misionera, comprometida con su pueblo. Cuando nosotros, los cristianos, limpiamos nuestro rostro sucio y convertimos nuestro corazón de carne en corazón pascual, es la Iglesia la que vive; nuestra Iglesia rejuvenece, camina y se hace más servidora, alabando al Padre de los Cielos. Es ahí donde nuestra Iglesia se hace fuerte con la fuerza del Espíritu Santo. Se hace más libre y no se amarra a intereses que la hagan infiel a su misión. Resplandece mejor como el gran sacramento de Jesucristo entre nosotros”.
También nosotros, como Angelelli, podemos sentirnos felices – él en plena dictadura militar, nosotros en pleno neoliberalismo – siempre que, como él, nos despojemos y nos comprometamos, siempre que cambiemos nuestro corazón de piedra por un “corazón pascual”.
Pedro Casaldáliga Nuestra Espiritualidad
[Puede bajar y/o leer libremente esta obra de Casaldáliga]
En palabras al final de sus días, Pedro Casaldáliga nos decía: “opten por los pobres. Opten verdaderamente por los pobres”. Sin embargo, ¿sabemos realmente lo que eso implica? Él mismo lo explicaba.
9 de diciembre de 2021
Las causas de Pedro Casaldáliga
La Opción por los Pobres sigue siendo la opción por los pobres, textualmente.
Quiero decir: sigue siendo una conciencia de que los pobres son la opción del mismo Dios, el Dios de Jesús. La biblia entera, y, sobre todo, la palabra, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, nos confirman en esta conciencia teológica, teologal, de que Dios optó, opta y seguirá optando por los pobres, sus hijos -mayoría- prohibidos de ser plenamente humanos, por sistemas de prepotencia y de marginación
La opción por los pobres es «para los pobres»: fundamentalmente, los que no tienen, los que no pueden, aquellos que viven las «carencias» de la vida normal, económicamente: falta de tierra, de vivienda, de salud, de educación, de participación. Los prohibidos de vivir plenamente su dignidad de personas, hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas.
Optar significa siempre «volverse hacia», entregarse, comprometerse.
Cuando se opta por los pobres se opta contra las causas, las estructuras, los sistemas que hacen pobres a los pobres y les impiden vivir con dignidad esa condición humana, histórica, de hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas.
Hoy la OP es de mayor actualidad. Por dos motivos. Los pobres son más en número, en América Latina, en todo el tercer mundo. Y son más pobres; es mayor el empobrecimiento […].
Es más actual también hoy la OP porque hay muchos intereses que quieren desactualizarla.
Entre los poderosos, evidentemente, pero también en la conciencia o cansada o dormida o egoísta de muchos cristianos. Son muchos los que están cansados -dicen- de oír hablar de la opción por los pobres. (A mí me gusta responderles que seguramente los pobres están mucho más cansados de ser pobres).
Simultáneamente, esta opción se ha hecho más actual porque se ha hecho también más dialéctica. Este cansancio, estas ganas de marginar la misma opción, de considerarla como ya pasada, por un lado, y por otro lado, el movimiento ascendente de conciencia popular -en América Latina de un modo muy especial, en todo el tercer mundo, y en los sectores solidarios de la sociedad del primer mundo, los medios de comunicación con sus bienes y sus males- nos facilitan también esta conciencia.
Podríamos decir de un modo global que las mayorías oprimidas, prohibidas, marginadas (como pobres, económicamente tales; como culturas, hasta ahora consideradas subculturas, culturas menores, culturas al margen) están adquiriendo una conciencia clara no sólo de sus derechos, iguales a los derechos de cualquier otro pueblo o cultura, o de cualquier otra persona humana; están adquiriendo la conciencia de su protagonismo en la historia.
Los teólogos y los sociólogos de la liberación nos han hablado con frecuencia de «la lógica de las mayorías». Podríamos, deberíamos hablar hoy de la conciencia creciente de las mayorías y del protagonismo de las mayorías. De un modo difuso unas veces, de un modo más consciente otras, se siente, se palpa en la vida social la reivindicación de la igualdad entre los varios sectores de cada país y de los países o naciones entre sí.
Siguen ahí las estructuras (la ONU misma, el FMI, el Banco Mundial) marginando, excluyendo y esa misma exclusión crea una conciencia mayor de la iniquidad del sistema sociopolítico-económico que se nos ha impuesto, como exasperación, como el «no va más» del capitalismo, transnacionalizado, que hace de la sociedad humana un mercado simplemente, que proclama el derecho exclusivo de una minoría insignificante, y justifica la inmensa exclusión de la inmensa mayoría.
Al revés de lo que la propia Biblia -Palabra de Dios- con respecto al «resto de Israel» -un resto sacramental de la humanidad toda, progresivamente liberada y salvada- el neoliberalismo proclama el derecho y el futuro de un resto que excluye al otro resto mayoritario, inmenso, de la humanidad.
El triunfo del neoliberalismo coincide -es causa en parte, en parte efecto- con la caída del socialismo real, con el retroceso -o la transición por lo menos- de ciertas revoluciones sociales, políticas, más radicales.
El pragmatismo del neoliberalismo se asienta feliz sobre el desmoronamiento de muchas utopías. Y ese pragmatismo, que tiene en sus manos la economía, los medios de comunicación, fácilmente se justifica en la conciencia inmadura, o cansada, o fatalista, de muchos, el que las cosas sean así.
La derechización de la economía es también, con mucha frecuencia, de las Iglesias, de las religiones. El «no va más» proclamado por el neoliberalismo, de un modo conformista o de un modo fatalista, acaba también siendo con mucha frecuencia el no va más de una aceptación del mismo pueblo.
En la Iglesia, en las últimas décadas, más fundamentalmente a partir del pontificado de Juan Pablo II, estamos viviendo una involución, un auténtico conservadurismo eclesial, eclesiástico.
También el Concilio Vaticano II fue una auténtica revolución eclesial y abrió el horizonte para muchas utopías, dentro y hasta fuera de la Iglesia.
De unos años para acá se le vienen recortando las alas a esta utopía que nos abrió el Concilio Vaticano II.
En América Latina, como en ninguna otra región del mundo, el Concilio levantó el eco y la praxis de Medellín y Puebla. En nuestra Iglesia latinoamericana, el Concilio se encarnó, se ubicó, en una teología nueva, propia, la teología de la liberación; en una pastoral explícita de múltiples pastorales que llamamos «específicas» que significaban fundamentalmente la acogida, el clamor de las mayorías marginadas y de los varios sectores de esa marginación: indígenas, negros, campesinos, mujeres, menores, migrantes.
La utopía se hizo carne y sangre de nuestra iglesia, y muy particularmente de las bases mayoritarias de nuestra Iglesia; de un modo más concreto en las propias comunidades de base.
Es curioso recordar con qué obsesión se quiere pulir, perfilar, condicionar, la opción por los pobres, añadiéndole aquél «ni exclusiva ni excluyente», y se olvida que la economía, la política, la sociedad en sus estructuras y en sus poderes, son cada vez más exclusivas y excluyentes.
Hoy, como nunca, la opción por los pobres debería ser radical. Debería ser al servicio de las mayorías, incluyendo también -eso sí, y con mucha lucidez, y hasta las últimas consecuencias- la opción por los pobres «otros», la opción por las culturas -valga la palabra- «empobrecidas» por ser prohibidas, marginadas, desconsideradas.
No es que todo sea oscuro, ni es que podamos aceptar el pesimismo como horizonte. De un modo difuso, informal -como se da la economía informal en la sociedad- en la misma sociedad y en la Iglesia muy concretamente, dentro del movimiento popular social o eclesial, hay una conciencia, una organización y una praxis alternativa y ascendente de los mismos pobres.
De la opción por los pobres, pues, quedan los pobres y queda el Dios liberador de los pobres.
En una brillante entrevista tras la elección del Papa en 2005, Pedro Casaldáliga analiza los desafíos eclesiásticos y la necesidad de cambios desde la base. Sus reflexiones resaltan la importancia de la presión interna para transformar instituciones. Una inspiradora llamada a la participación y transformación.
La Missa dos Quilombos fue subversivamente celebrada en 1982. Es una obra musical que celebra la lucha y resistencia del pueblo negro en Brasil. Fusiona la tradición católica con ritmos afrobrasileños, honrando la cultura negra y resaltando la importancia de la justicia social.
«Conocí a Pedro Casaldáliga en 1970, cuando, con otros tres compañeros, llegamos a São Félix do Araguaia para trabajar en el Gimnasio Estadual de Araguaia». Conozca el testimonio de Eunice Dias de Paula, que llegó a la Prelatura de Pedro Casaldáliga con poco más de 20 años y que ha permanecido más de 40 años junto al Pueblo Indígena Apyãwa.
En el tercer aniversario de su partida, recordamos a Pedro Casaldáliga y su legado inspirador que perdura, dejando una profunda huella en la humanidad.
Casaldáliga llegó a la Amazonia brasileña el 30 de julio de 1968. Nunca volvió a Cataluña. Este es un fragmento de su testimonio escrito por él mismo y algunas de las primeras imágenes que tenemos de su llegada a la región de Araguaia.
Casaldáliga y su equipo iniciaron una revolución educativa que todavía hoy es una referencia en América Latina. Dos de los integrantes de su equipo, nos cuentan como fue y cuál es el legado actual.
Este es el “periódico alternativo más antiguo de Brasil que todavía se edita”
Como afirma el obispo Casaldáliga, el periódico Alvorada es «el periódico alternativo más antiguo de Brasil que aún está en circulación». Este año cumple 50 años, renovado, actualizado y con buena salud. Siempre fiel a sus principios comunicativos y de transformación.
17 de mayo de 2020
La obra de Pedro Casaldáliga
En enero de este año, nuestro pequeño periódico “ALVORADA” cumplió 50 años. Fue el primer ‘periódico’ de nuestro Araguaia.
Han sido 50 años contando cómo ha sido el recorrido de nuestra Prelatura, pero sobre todo, registrando la vida y las luchas de las gentes de esta región.
El primer número de “ALVORADA – Folha” (hoja) de la Prelatura de São Félix, como se llamaba, salió en enero de 1970. Una sola hoja mimeografiada.
Buscábamos un nombre para esta “hoja” y en ese momento llegó a Santa Terezinha el Padre Francisco Jentel, en una canoa que había bautizado como “Alvorada” (amanecer). Su llegada, cortando la superficie del Río Araguaia, inspiró el nombre del primer vehículo de comunicación de esta región.
Portada de la última edição del periódico Alvorada, 1er. trimestre de 2020
En el primer número, se explicaba el objetivo del periódio:
En este momento, “Alvorada” pretende ser:
– correo de la amistad
-programa de renovación
– mensaje del Evangelio.
Una “hoja” de sol y serenidad, en las alegrías de todos, en las necesidades comunes, para el trabajo de mejora al que estamos llamados.
El resto del primer número presentaba el PROGRAMA PASTORAL con las normas e indicaciones para recibir el Bautismo, el Matrimonio y la Primera Comunión y anunciaba la realización de las Campañas Misioneras.
El segundo número está fechado en 29/3/70. “Pascua” y explica que Pedro Casaldáliga había ido al médico en Goiânia (ciudad a 1.200Km de la región), así como la visita del Secretario de Educación del Municipio a São Félix, (São Félix era un distrito de Barra do Garças), la inauguración del Cine Samira, el anuncio de que Luciara tendría un motor de gasóleo para generar luz, algunos matrimonios, el funcionamiento del Gimnasio Estadual del Araguaia, etc.
También contenía un breve comentario sobre el Sacramento del Bautismo y comenzaba a divulgar las partes principales de la Encíclica de Paulo VI “Desarrollo de los Pueblos (Populorum Progressio)” que continuó en los siguientes números.
Una voz que incomodaba
En sus 50 años de existencia, “ALVORADA” fue la voz, casi la única, que denunció la violencia y la arbitrariedad de las autoridades y el latifundio en nuestra región y que estimuló la unión entre los trabajadores.
“ALVORADA”, amada por muchos, odiada por otros, ganó notoriedad nacional, cuando un número falsificado apareció en la pantalla de la cadena Globo, tratando de criminalizar el trabajo de nuestra Iglesia.
En 2020, a los 50 años, el periódico “ALVORADA” sigue siendo fiel a sus objetivos y continúa publicando noticias de la comunidad, difundiendo el Evangelio y el camino de la Iglesia en Brasil y en el mundo.
En una brillante entrevista tras la elección del Papa en 2005, Pedro Casaldáliga analiza los desafíos eclesiásticos y la necesidad de cambios desde la base. Sus reflexiones resaltan la importancia de la presión interna para transformar instituciones. Una inspiradora llamada a la participación y transformación.
La Missa dos Quilombos fue subversivamente celebrada en 1982. Es una obra musical que celebra la lucha y resistencia del pueblo negro en Brasil. Fusiona la tradición católica con ritmos afrobrasileños, honrando la cultura negra y resaltando la importancia de la justicia social.
«Conocí a Pedro Casaldáliga en 1970, cuando, con otros tres compañeros, llegamos a São Félix do Araguaia para trabajar en el Gimnasio Estadual de Araguaia». Conozca el testimonio de Eunice Dias de Paula, que llegó a la Prelatura de Pedro Casaldáliga con poco más de 20 años y que ha permanecido más de 40 años junto al Pueblo Indígena Apyãwa.
En el tercer aniversario de su partida, recordamos a Pedro Casaldáliga y su legado inspirador que perdura, dejando una profunda huella en la humanidad.
Casaldáliga llegó a la Amazonia brasileña el 30 de julio de 1968. Nunca volvió a Cataluña. Este es un fragmento de su testimonio escrito por él mismo y algunas de las primeras imágenes que tenemos de su llegada a la región de Araguaia.
Casaldáliga y su equipo iniciaron una revolución educativa que todavía hoy es una referencia en América Latina. Dos de los integrantes de su equipo, nos cuentan como fue y cuál es el legado actual.
Los comentarios –cautelosos o apocalípticos o clarividentes- acerca de la coyuntura proliferan, estos días, en los medios de comunicación. No voy a repetir “lo obvio aullante”. El problema está en saber leer la coyuntura a la luz de los signos de los tiempos, descubriendo causas, intereses, “efectos colaterales”, juegos de vida o muerte para la familia humana.
21 de enero de 2020
La obra de Pedro Casaldáliga
En esta hora kairós de mundialización y de madurez de conciencia, que es, simultáneamente, una hora nefasta de nuevas prepotencias, de macrodictaduras, de fundamentalismos y de radicalizaciones, se nos impone, como un don y como una conquista, el diálogo, interpersonal, intercultural, ecuménico y macroecuménico.
Un diálogo de pensamientos, de palabras y de corazones.
No la mera tolerancia, que se parece demasiado a la guerra fría, sino la convivencia cálida, la acogida, la complementariedad.
Esos procesos de cambio, que son sueño y misión, reclaman de todos nosotros y nosotras, cristianos o no, una fuerte espiritualidad, una mística de vida.
Cada cual la vivirá según la respectiva fe, pero sin esa espiritualidad no se hace camino.
Pensando en ello, y a raíz del retiro espiritual que celebramos cada año, el equipo pastoral de la Prelatura, a orillas del Araguaia, en aquel cerro acogedor de Santa Terezinha, yo resumía así esa espiritualidad, tan nueva y tan antigua, como espiritualidad de:
1. Contemplación confiada
Abriéndose más gratuitamente al Dios Abbá, que es, por autodefinición suprema, misericordia, amor.
Una contemplación, más necesaria que nunca en estos tiempos de eficiencias inmediatas y de visibilidades
Confiada, digo, porque tengo la impresión de que vuelve –o quizás nunca se fue- la religión del miedo, del castigo, de la prosperidad o del fracaso, según como uno se las haya con Dios. Nos falta, pues, confianza filial, infancia evangélica, la descontraída libertad de los pequeños del Reino.
2. Coherencia testimoniante
Ya se ha repetido hasta la saciedad que vivimos en la civilización de la imagen; que el mundo quiere «ver».
El testimonio fue siempre una especie de definición del ser cristiano: “seréis mis testigos”, decía Él por toda recomendación, por todo testamento.
Y ese testimonio, hoy más que nunca, cuando todo se ve y todo se sabe, ha de ser coherente, sin fisuras, en la vida personal y en la gestión estructural de la Iglesia (que podrá ser una Iglesia católica o evangélica, el Vaticano, una diócesis, una congregación religiosa, una comunidad).
Veracidad y transparencia pide el mundo, tan sometido a la mentira y a la corrupción.
3. Convivencia fraterno-sororal
A eso se reduce el mandamiento nuevo. Este es el mayor desafío, y el más cotidiano para las personas, para las comunidades, para los pueblos.
Convivir, no coexistir apenas; convivir cariñosamente en fraternura y sororidad; no sólo en tolerancia mutua. Ayudar a hacer agradable la vida.
Ser sal de la tierra debe de significar eso también…
4. Acogida gratuita y servicial
Capacidad de encuentro y de diaconía. No solamente bajarse del burro y atender al caído cuando por casualidad uno se lo encuentra a la orilla del camino, sino hacerse encontradizo.
Acoger a veces sólo con una palabra o una sonrisa, pero acoger siempre, gratuitamente. Hacer de todos los ministerios y de todas las profesiones aquel servicio desinteresado y generoso que nos proponía el Señor que no vino a ser servido sino a servir.
Es más fácil celebrar una Eucaristía ritual que ejercer el lavapiés comprometido.
5. Compromiso profético
Sigue siendo la hora y quizá más que nunca de comprometerse proféticamente contra el dios neoliberal de la muerte y la exclusión y a favor del Dios del Reino de la Vida y de la Liberación.
Hay que sacar de la fe todo su jugo político. Hay que vivirla militantemente, transformadoramente.
Hacer de la profecía una especie de hábito connatural -fruto específico del bautismo para los cristianos y cristianas- de denuncia, de anuncio, de consolación.
La caridad sociopolítica es la forma de caridad más estructural. Va a las causas, no sólo a los efectos. Cuida la Vida. Transforma la Historia. Hace Reino.
6. Esperanza pascual
Después de “la muerte de Dios” y “la muerte de la Humanidad”, en esa posmodernidad fácilmente sin sentido y ya en el “final de la historia”, parece que la esperanza no tiene mucho que hacer. ¡Hoy más que nunca se impone la esperanza! Ella es la virtud de los “después de”.
“Contra toda esperanza” (productivista, consumista, inmediatista, pasiva), esperamos.
Debemos proclamar humildemente pero sin complejos nuestra esperanza pascual y escatológica. Y debemos hacerla creíble aquí y ahora. Porque esperamos, actuamos. El tiempo y la historia son el espacio sacramental de la esperanza.
En una brillante entrevista tras la elección del Papa en 2005, Pedro Casaldáliga analiza los desafíos eclesiásticos y la necesidad de cambios desde la base. Sus reflexiones resaltan la importancia de la presión interna para transformar instituciones. Una inspiradora llamada a la participación y transformación.
La Missa dos Quilombos fue subversivamente celebrada en 1982. Es una obra musical que celebra la lucha y resistencia del pueblo negro en Brasil. Fusiona la tradición católica con ritmos afrobrasileños, honrando la cultura negra y resaltando la importancia de la justicia social.
«Conocí a Pedro Casaldáliga en 1970, cuando, con otros tres compañeros, llegamos a São Félix do Araguaia para trabajar en el Gimnasio Estadual de Araguaia». Conozca el testimonio de Eunice Dias de Paula, que llegó a la Prelatura de Pedro Casaldáliga con poco más de 20 años y que ha permanecido más de 40 años junto al Pueblo Indígena Apyãwa.
En el tercer aniversario de su partida, recordamos a Pedro Casaldáliga y su legado inspirador que perdura, dejando una profunda huella en la humanidad.
Casaldáliga llegó a la Amazonia brasileña el 30 de julio de 1968. Nunca volvió a Cataluña. Este es un fragmento de su testimonio escrito por él mismo y algunas de las primeras imágenes que tenemos de su llegada a la región de Araguaia.
Casaldáliga y su equipo iniciaron una revolución educativa que todavía hoy es una referencia en América Latina. Dos de los integrantes de su equipo, nos cuentan como fue y cuál es el legado actual.
Cuando se inauguró el periódico Alvorada en 1970, los medios de comunicación en Brasil vivían bajo una fuerte censura impuesta por las autoridades militares.
La censura a la prensa también cayó sobre la Iglesia progresista, de dos formas: la censura de la acción y de los pronunciamientos de obispos y religiosos; y la censura en los medios de comunicación de las diócesis de todo el país.
Los militares por un lado y las jerarquías por otro, controlaban lo que se decía, lo que se hacía y lo que se publicaba.
Sin embargo, los sectores progresistas de la Iglesia Católica, uniéndose y articulándose con movimientos populares e izquierdistas, declararon la resistencia a los gobiernos militares y, poco a poco, fueron asumiendo un importante papel político en Brasil.
Es en este contexto, la recién creada Prelatura de São Félix do Araguaia, decide crear el primer medio escrito de la Amazonía, el periódico ALVORADA. Hoy, 49 años después y con frecuencia bimestral, todavía se imprimen y distribuyen 2.000 copias.
Efectivamente, el nacimiento del periódico se da en un momento en que algunos líderes episcopales, alentados por la CELAM, en Medellín, empiezan a adoptar prácticas «liberadoras», muchas veces en contra de la jerarquía eclesiástica y siempre en contra de la dictadura.
Por eso, la aparición de radios comunitarias, revistas populares, circulares o periódicos se extiende a través de las diversas diócesis y prelaturas del país como una forma de oposición y de posición al lado de los más pobres.
Así, desde su creación, el periódico Alvorada se configuraría como el principal vehículo de comunicación entre las gentes del Araguaia: una área de aproximadamente 150.000 km² en el noroeste de Mato Grosso, en la Amazonía brasileña, contaba con el primer medio de comunicación popular escrito.
Por aquel entonces, en el «valle de los olvidados», como lo llaman los lugareños, no había teléfono, televisión, radio ni oficina de correos. Ni siquiera había electricidad. El periódico, leído muchas veces en comunidad, a la luz de velas, por los pocos que sabían leer, se transformaría en un medio de comunicación de referencia para el Araguaia.
ALVORADA en la tierra y en nuestras vidas. Sol que abrasa y lluvia fuerte sobre el Araguaia. El Araguaia lo trae todo en tu oleaje, basta con saber mirar.
El verano seco de persecución nos ha herido, dolido y enseñado. Pero quien tiene coraje y Esperanza está de pie. ALVORADA viene a decirnos que la vida continúa, ALVORADA es un momento de conversación entre nosotros, somos el Pueblo de Dios, que se ha derramado en este campo, entre el Araguaia y el Xingu.
Periódico Alvorada, edición de enero de 1974
Hasta fines de la década de 1970, varias personas de la Prelatura colaboraban en los escritos y la elaboración del periódico. En primera línea siempre, la presencia del obispo Dom Pedro Casaldáliga, la hermana Irene, el padre Falieiro (que hizo las ilustraciones del periódico) y un grupo de jóvenes agentes pastorales, entre ellos Pontim y Moura.
El periódico ALVORADA para nosotros, para muchas personas en São Felix es como la Biblia, ¿entiendes? Sólo estamos seguros … si recibimos algunas noticias aquí en Mato Gosso […] en la Cadena Globo […] prestamos atención, pero solo estaremos seguros, solo lo confiaremos cuando salga en el Alvorada. Así que considero que, para mí y para muchos, leer el ALVORADA es como si fuera la Biblia, ¿entiendes? Por lo tanto, es algo sagrado para nosotros.
Lindaura Paiva
Hasta los días de hoy, el periódico ALVORADA está hecho con un lenguaje sencillo, próximo; y tiene muchas fotos e ilustraciones, especialmente del pintor Cerezo Barredo , el pintor de la liberación.
Todas las actividades de la Prelatura tienen un espacio importante, así como la información, la difusión y la formación permanente. Contiene una página de formación bíblica y otras de salud y educación, así como otras que tratan los problemas sociales históricos de la región. [ Gonzaga, Agnaldo Divino ]
En una región, todavía marcada por las necesidades y las distancias que dificultan la comunicación, el periódico ALVORADA es un vehículo de unión y comunión importante.
Crónica de un periodo histórico oscuro, la publicación nos muestra la voz del pueblo entre el pueblo. La voz de la gente hablándole a su gente.
Además, actualmente, también se distribuye en varias regiones de Brasil y en otros países. [ Gonzaga, Divino Agnaldo ]
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