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La Tierra Sin Males de Casaldáliga

La Tierra Sin Males de Casaldáliga

En 1978, la Facultad de Teología de Catalunya, para conmemorar su 25 aniversario, decidió por unanimidad de su claustro académico nombrar Doctor Honoris causa al obispo Pedro Casaldáliga. Pero hubo un veto del Arzobispo local, aduciendo que Casaldàliga no era teólogo sino poeta.

El teólogo benedictino Lluís Duch escribió: “Casaldáliga no ha sido reconocido oficialmente como teólogo: para él quizá sea una suerte; para la institución hubiera podido significar la posibilidad de reconocer un profeta en su patria”.

Con este motivo escribí un largo artículo sobre la teología poética de Casaldáliga que le hice llegar.

Casaldáliga contempla el bello mundo indígena (el Araguaia, las garzas blancas, la aldea de los indios Tapirapé..) anticipo de la Tierra sin males, ahora destruido por los malditos latifundios y el Imperio. Llama a Romero “San Romero de América” y le dice a Pedro que deje la curia. Vive la pasión y la cruz con el pueblo, teme que le maten de pie, sube y baja del Carmelo, sin tener nada, ni llevar nada, no se cansa de esperar el Reino. Ve al Resucitado junto al mar de Tiberíades, con las llagas y las brasas del pan encendidas. Vive bajo el viento del Espíritu y se presenta al Padre con la mano llena de nombres.

Casaldáliga no sabía nada de lo sucedido en Barcelona y agradeció mi artículo. Posteriormente nos encontramos varias veces en Bolivia y otra vez en São Paulo en una reunión de obispos y teólogos latinoamericanos promovida por él.

Casaldáliga ha sido un buen pastor, un místico, profeta y poeta, teólogo de los pobres, de este octavo sacramento que el Espíritu administra: ¡la voz del pueblo! Quizás esto último es lo que a algunos les cuesta reconocer.

 

Texto de Víctor Codina, SJ

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Dios y la COVID19

Dios y la COVID19

Esta consulta sobre el «papel» de Dios en la pandemia del COVID19 se recibió en el portal teológico servicioskoinonia.org. Creemos que el punto de vista que aporta te puede resultar interesante en los días que estamos viviendo.

 

Favor de indicarme alguna reflexión que me ilumine en lo siguiente:

«En una familia cristiana uno de sus miembros se contagia del coronavirus, pero no muere; la familia da gracias a Dios sin cesar por su misericordia, por su bondad.
En la familia vecina, también cristiana, uno de sus miembros muere por el virus.
No da gracias a Dios.
Alguien de una tercera familia dice: ‘Hay que dar gracias a Dios por todo’».
¿Cómo explicar sencilla y teológicamente que Dios es misericordioso y bondadoso con TODOS, siempre?


 

Hola, amigo, saludos cordiales.

Mira, los tres casos que planteas están dentro de un mismo supuesto: arriba está Dios, que lo ve, lo sabe y lo puede todo, y por tanto podría evitarnos todo mal. Este «supuesto» es lo que filosóficamente llamamos «teísmo»: una forma de entender la Realidad, que incluye un segundo piso, el mundo sobrenatural paralelo, el cielo, en el que habita un Ente supremo, creador, gobernador del mundo, al que los griegos llamaron Theos… palabra que se transformó en Deus en latín, y luego en Dios en castellano. Por eso hablamos de «teísmo». Tu consulta está planteada «dentro de ese marco de comprensión» que das por supuesto, el teísmo.

Pues bien, fíjate, esa pregunta resulta tan difícil responder esa cuestión, que la humanidad no lo ha conseguido todavía, y son ya unos seis los milenios que llevamos haciéndonos acompañar por Theos. Los filósofos antiguos –algunos, incluso, cristianos– ya se la planteaban hace mil quinientos años en los mismos términos que hoy; dijeron:
Suponemos que Theos-Dios es todopoderoso y bueno:
– si puede librarnos y no quiere hacerlo, es que no es bueno…;
– y si quiere librarnos y no puede hacerlo, es que no es todopoderoso.
Como los filósofos no han encontrado respuesta, se ha hablado tradicionalmente de «el misterio del Mal». Porque no es un problema, sino un Misterio; los misterios, en realidad, no se pueden resolver; son inalcanzables para nuestra razón; sólo una «fe» religiosa puede intentarlo.

Veámoslo entonces desde la fe tradicional.

Para algunos, tiene razón la tercera familia, porque la fe nos asegura que Dios nos ama a pesar de todo, aunque no lo parezca, incluso aunque Dios nos envíe la muerte con la covid. Para la fe todo es posible, porque creer en Dios, significa confiar en él, ciegamente, pase lo que pase, parezca lo que parezca. La fe es una afirmación voluntariosa de la confianza, terca, contra toda evidencia. La fe teísta es un recurso valiosísimo de la naturaleza humana, porque nos transforma y nos da una fortaleza indestructible. Nada es imposible para quien tiene una fe teísta: Dios, siempre estará con esa persona, con esa comunidad o con ese pueblo.

¿Tiene, esa tercera familia, más fe que tú, que dudas y que te preguntas? No, simplemente tiene una fe «teísta». Ha echado mano de ese recurso, y le va bien. Tú también podrías hacerlo.

¿Será pues ésa, la «fe en Dios a pesar de todo», la respuesta que buscas al problema del mal? Date cuenta de que no hay una respuesta… hay muchas. Y ninguna «obligatoria», ni definitiva.

De hecho, hace bastante tiempo que hay bastantes cristianos que piensan que el teísmo, esa forma de entender la realidad, que dice que hay por ahí arriba un Ser Todopoderoso y Omnisciente que nos cuida y nos protege incluso con ángeles de la guarda, no sería la mejor manera de imaginar la estructura y el funcionamiento de la realidad. Parece como si fuera una explicación muy a la medida de nuestra imaginación. O sea: una explicación muy nuestra, muy humana (antropomórfica, dicen): arriba hay un Ser Supremo, una Persona como nosotros, un Padre precisamente, que lo sabe y lo puede todo, y lo controla todo, y, lógicamente, nos protege.

Claro, nos preocupa que esa forma de entender la realidad –toda ella apoyándose sobre la clave de la bóveda de esa Persona suprema allá arriba–, no resulte una explicación satisfactoria, porque, en efecto, hay muchos casos en los que no parece funcionar, parecería que no nos protege. Hay ya bastantes creyentes que perciben en sí mismos que esa explicación «teísta» no les convence, y se sienten aliviados al saber que no es la única explicación, y que pueden no creer en ella y buscar una nueva manera de explicar la realidad: sin segundo piso, sin nivel sobrenatural o celestial, sin un Theos ahí arriba/ahí fuera, que intervenga siempre que haga falta para cuidarnos a nosotros. Son personas a las que, por lo que han reflexionado, la explicación clásica (ese «teísmo») les parece increíble, como si hubiera sido elaborada para niños.

¿Y si lo que hemos llamado Dios fuera algo así como el alma, la potencia, el Misterio, la creatividad de este fantástico cosmos en el que estamos, del que provenimos, que somos, pero no un Alguien, un Señor misterioso por fuera o por encima del mundo?

¿Y si el cosmos, la Realidad, no tuviera dos pisos?, se preguntan. ¿Y si la explicación del mundo no estribara en la existencia de una Super-persona omnipotente y omnisciente controladora en un segundo piso? ¿Y si lo que hemos llamado Dios fuera algo así como el alma, la potencia, el Misterio, la creatividad de este fantástico cosmos en el que estamos, del que provenimos, que somos, pero no un Alguien, un Señor misterioso por fuera o por encima del mundo? Somos la primera generación a la que la ciencia actual le ha dado conocimientos que nunca imaginaron los humanos que nos han precedido. No tiene nada de extraño que las explicaciones que ellos nos transmitieron ya no sirvan; eran explicaciones muy perspicaces y llenas de buena intención, pero hoy, a nosotros, nos resultan atrasadas, se nos quedan cortas.

Nuestros bisabuelos pensaban que el mundo tenía 6.000 años de edad –lo que les había dicho la Biblia-. Por el tiempo en que nacieron nuestros padres se descubrió que estábamos en «una» galaxia, y pensaron que el mundo sería esa galaxia. Ahora sabemos que quizá sean trescientos mil millones de galaxias, con doscientos mil millones de estrellas cada una. Y la historia conocida de este cosmos no baja de los 13,700 millones de años. Hace sólo 25 años (1996) que hemos descubierto que existen planetas fuera de nuestro sistema solar. Y cosmos adentro, planetas como el nuestro, con capacidad de albergar vida… pueden ser trillones de trillones los que contengan vida… (¿vegetal, animal, humana, espiritual, religiosa…?) ¿También aquellos ‘humanos’ se explicarán la realidad echando mano de la existencia de un Dios que les entregó el mundo y les cuida a ellos frente a cualquier peligro local?

Hoy día la ciencia piensa que no es seguro que nosotros seamos lo más importante de este cosmos, ni que sea muy razonable pensar que por encima de todo hay Alguien que se encargue de encauzarlo todo.

Admirando el misterio profundo y bellísimo de la Realidad, de la materia, de las estrellas, las galaxias, la evolución del cosmos, el surgimiento de la Vida, de las especies humanas, la entrada de la Tierra (con los humanos) en el nivel de la Conciencia, de la reflexión, de la espiritualidad… los científicos, y muchos hombres y mujeres reflexivos, empiezan a percibir que tiene que haber una explicación más grande, más desintersada, más profunda… que se nos escapa, que sólo intuimos; y que es sagrada, por cualquier parte que se la mire: tanto desde las partículas subatómicas y el mar profundo de sopa cuántica que las constituye, como desde ese cuerpo global cósmico que rebosa Creatividad y Misterio. A lo mejor este fantástico Cosmos, tan radicalmente diferente de aquél que a nuestra misma generación nos enseñaron cuando fuimos niños, bien considerado, no necesita de un relojero que lo haya montado… ni un vigilante universal que supervise cualquier posible fallo (que lo sea o que nos lo parezca a nosotros), ni que tome a su cargo proteger nuestra especie frente a todas las demás –incluidas las de los desconcertantes virus mutantes–. Hoy día la ciencia piensa que no es seguro que nosotros seamos lo más importante de este cosmos, ni que sea muy razonable pensar que por encima de todo hay Alguien que se encargue de encauzarlo todo para que no nos pase nada malo a los humanos… ni siquiera frente al covid.

Muchas personas que hoy día se dan cuenta de ello, ya no pueden seguir creyendo con aquella seguridad con la que nos nuestros abuelos creyeron la historia y el sentido del cosmos que las religiones les presentaron como una doctrina de fe obligatoria bajo pena de pecado mortal (!).

La verdad más cierta y humilde es que no tenemos explicación. La ciencia nos dice que «apenas estamos abriendo los ojos»… Todavía no sabemos dónde estamos parados: qué es esto, ni de dónde viene, ni a dónde va, o qué hacemos nosotros aquí, o si somos sólo un episodio fugaz de una aventura cósmica infinitamente mayor. Muchas personas que hoy día se dan cuenta de ello, ya no pueden seguir creyendo con aquella seguridad con la que nos nuestros abuelos creyeron la historia y el sentido del cosmos que las religiones les presentaron como una doctrina de fe obligatoria bajo pena de pecado mortal (!).

Estamos en un momento histórico realmente interesante: a la vez acosados por un virus, deslumbrados por la ciencia, decepcionados de nuestras antiguas seguridades religiosas que se nos han quedado cortas, como la ropa que dejamos atrás cuando crecimos. No es fácil captar todo el conjunto, ni reconocer y ubicar las limitaciones de nuestro conocimiento. Pero es posible que la contemplación del Misterio de la Realidad nos llene de comprensión, de humildad y de apertura, para seguir creyendo en la Vida, en el Cosmos, y en la Creatividad Misteriosa que todo lo embebe.
Aun sin respuesta a la «pregunta por Dios, el Covid y el problema del mal», tal vez podemos instalarnos en la Paz y confiar, en comunión con el sabio Misterio Divino del Cosmos, después de hacer todo lo posible por controlar al covid. Aunque nos duelen sus ataques y no tenemos respuestas para explicárnoslo, nos podemos sentir serenos y confiados en esta Comunión divina con el Cosmos.

Tal vez ésa sea nuestra mejor «respuesta».

 

Consulta recibida en la página: servicioskoinonia.org

 

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La Semana Santa de Casaldáliga

La Semana Santa de Casaldáliga

MARZO DE 1985

 

Semana Santa. De noche, inmensa, la luna de nisán entre los árboles frondosos de Luciara. Y ráfagas de lluvia y un silencio sobrecogedor. Bancos de peces suben el Araguaia y la pesca se hace, estos días, como un juego fácil. Vamos a celebrar la Cena del Señor.

«Mi presbiterio», disperso, cada sacerdote en medio de sus comunidades, todos lejos. Yo, obispo a pesar de todo, con ellos, con todo ese pueblo de Dios en el campo [sertão]. Cristiano como todos; queriendo serlo. Obispo de todos ellos. Esta es mi heredad en esta patria que me ha asignado el Espíritu.

Aquí, en Luciara, consagré hoy los santos óleos. Digamos que donde está el obispo, allí está su catedral.

Un muchacho, ya hombre, me pregunta en nombre de sus compañeros si “faz mal” jugar a las cartas hoy, en casa, solo para matar el tiempo, en esta total abstinencia de bares, billar y música. Con el pescado de la abstinencia -aquí tan al alcance de la mano- se come también hoy ritualmente la patata dulce y la calabaza, bañadas en leche de coco.

La chiquillería -con las velas y los mosquitos, los charcos y la media luz de las calles- y otros ya menos chicos también tumultúan el viacrucis callejero.

La Vigilia pascual será a orillas del Araguaia. Una alta hoguera debajo de la luna íntegra. El agua del río en un pote karajá y el cirio y las velas, la luz de Cristo y su eucaristía, la nueva Pascua, nuestra Pascua. He llevado la comunión a once enfermos o imposibilitados, ya en el umbral de la paz varios de ellos. Y mañana será «aquel día que el Señor hizo», para siempre.

La soledad y la simplicidad tornan la fe accesible. Y el dolor del mundo hace la Pascua apasionadamente deseable.

En esta pared cruda de nuestra casa misión -las pajas viejas y los murciélagos-, el Cristo de Dalí, como visto desde el Padre, se abalanza, ofrecido, sobre el mundo. Y el mundo es un caos de nubes, quizás de mar, informe creación primera; pero ya rompe en él -reverberos del Día- la luz del Crucificado. Otra luz, quizás la fe, viene del mundo y alarga generosamente el brazo izquierdo de Cristo en una sombra inacabable, como el perdón, como la caridad.

«No basta con dar pan, hay que dar trabajo», reza, en la pared también, un viejo cartel, blanco y azul, de un calendario del MIEC-JECI, al pie de la imagen derrumbada de un hombre en paro. «Tierra es vida», grita aún en el póster central de la casa un cartelillo, ocre y marrón, de la «Semana del Indio de 1984».

A orillas del Araguaia hemos bendecido el fuego nuevo de la Pascua y el agua bautismal. La luna nos ha presidido como un inmenso lucernario. Y en la procesión de velas y cantos y el pote karajá hemos ido a la iglesia para celebrar la eucaristía de la Vigilia mayor. Yo llevaba el cirio pascual, para aprender a ser diácono servidor, quizás. De pronto, una ráfaga de viento ha apagado el cirio y casi todas las velas. Pero a mi lado, como un símbolo evangélico, muy pequeña la niña, seguía ella con su vela encendida, y ha devuelto la luz al obispo y a toda la comunidad.

 

Pedro Casaldáliga, 1985

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Carta abierta al hermano Romero

Carta abierta al hermano Romero

Yo debería estar ahí… y estoy: de alma entera. Esta pequeña Iglesia de São Félix de Araguaia te tiene muy presente, hermano. Estás visible en mi cuarto, en la capilla del patio, en nuestra catedral, en muchas comunidades, en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana. Hasta cuando cae un mango sobre el tejado me acuerdo del sobresalto que sentías cuando caían los mangos sobre tu retiro del Hospitalito.

El mes de marzo de 1983 yo escribía en mi diario:

“No consigo entender de ningún modo, o lo entiendo demasiado: La fotografía del mártir Monseñor Romero con Juan Pablo II, en unos carteles más que normales para la visita del Papa, ha sido prohibida por la comisión mixta Gobierno-Iglesia de El Salvador. La imagen del mártir duele. Al Gobierno, perseguidor y asesino; y es natural que le duela; que duela a cierta Iglesia… también es natural, tristemente natural”.

De todos modos, nosotros, aquí, en este rincón del Mato Grosso, y muchos cristianos y no cristianos de América y del Mundo, celebraremos otra vez, en ese mes de marzo, el martirio de San Romero, pastor bueno de América Latina.

A nosotros tu imagen nos conforta, nos compromete y nos une; como una versión entrañable del Buen Pastor Jesús.

 

Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados.

 

Y ahora estamos ahí, millones, de muchos modos, celebrando el jubileo de tu testimonio definitivo, aquella homilía de sangre que nadie hará callar. Tú tienes poder de convocación, un poder macroecuménico de santo de los católicos y de los evangélicos y hasta de los ateos. Estamos ahí celebrando, reparando, asumiendo. Tú eres muy comprometedor; a lo Jesús de Nazaret: ese Jesús histórico que tantas veces se nos difumina en dogmatizaciones helenísticas y en espiritualismos sentimentales, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el Crucificado con los crucificados de la Historia.

Tenías razón, y eso queremos celebrar también, con júbilo pascual. Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados. Y resucitas en ese Pueblo de millones de soñadores y soñadoras que creemos que otro Mundo es posible y que es posible otra Iglesia.

Porque así, como va hoy, Romero hermano, ni el Mundo va, ni va la Iglesia. Continúan las guerras, ahora hasta de prevención; continúa el hambre, el paro, la violencia -del estado o de la turba enloquecida-; continúan las falsas democracias, el falso progreso, los falsos dioses que dominan con el dinero y la comunicación, con las armas y la política.

 

Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal.

 

Y continúa habiendo mucha Iglesia muda. Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal.

Son 25 años también de la Conferencia de Puebla. Aquellos rostros, Romero, que son el propio rostro del Jesús “destazado”, se han multiplicado en número y en deformación. Aquellas revoluciones utópicas –hermosas y atolondradas como una adolescencia de la Historia- han sido traicionadas por unos, despreciadas olímpicamente por otros y siguen siendo añoradas de otro modo, más “al suave”, en mayor profundidad personal y comunitaria- por muchas y muchos de los que estamos ahí, contigo, pastor del “acompañamiento”, compañero de llanto y de sangre de los pobres de la Tierra. ¡Cómo necesitamos hoy que enseñes a los pobres a “acuer-parse” en solidaridad, en organización, en terca esperanza!.

Contigo, decía el maestro mártir Ellacuría, “Dios ha pasado por El Salvador”, por todo nuestro mundo. Y el teólogo de frontera José María Vigil ha hecho de ti tres rotundas afirmaciones que son, más que verdades para creer, desafíos de urgencia para asumir:

• “Romero: símbolo máximo de la opción por los pobres y de la teología de la liberación.

Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con el Estado.

Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con la Iglesia institucional”

No es que tú dejases de ser “institucional” y comportado. Siempre me admiró en ti la alianza de la disciplina con la libertad, de la piedad tradicional con la Teología de la Liberación, de la profecía más arrojada con el perdón más generoso.

Eras un santo haciéndose, en constante proceso de conversión. De ti se ha repetido edificadamente que eras un obispo convertido. Con Dios y con el Pueblo, sin dicotomías. “Yo, decías, tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su Pueblo…”.

 

Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”.

 

Tu homilía del 23 marzo de 1980, víspera de la oblación total, la titulaste precisamenta así: “La Iglesia al servicio de la liberación personal, comunitaria, trascendente”.

Te recordamos tanto porque te necesitamos, Romero, hermano ejemplar.

Tú nos animas, tú sigues predicándonos la homilía de la liberación integral. Tú sigues gritando “cese la represión”, a todas las fuerzas represivas en la Sociedad, en las Iglesias, en las Religiones. Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”, y nos recuerdas que, comprometiéndonos con las causas de los pobres, no hacemos más que “predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo”.

Confiabas –y no te vamos a defraudar- que “mientras haya injusticia habrá cristianos que la denuncien y que se pongan de parte de sus víctimas”.

Tu sangre, como pedías, es verdaderamente “semilla de libertad”.

Tu recuerdo no es simplemente un anhelo o un culto sagrado que permanece en el aire del incienso. Queremos que sea, lo haremos, un compromiso militante, una pastoral de liberación.

Nuestro teólogo, el teólogo de los mártires, Jon Sobrino, resume la tarea evangelizadora y política que, por fidelidad a tu memoria, el Reino nos exige hoy: afrontar la realidad con la verdad; analizar la realidad y sus causas; trabajar por el cambio estructural; realizar una evangelización madura, liberadora, crítica y autocrítica; edificar la Iglesia como Pueblo de Dios; da esperanza a este pueblo que tanto sufre …

Esta semana de tu jubileo, en San Salvador, acabará siendo un sínodo popular, un encuentro de aspiraciones y compromisos dentro de ese proceso conciliar que estamos viviendo, una gran vigilia pascual en torno a ti y a tantas y tantos testigos fieles, conocidos o anónimos, pero todos luminosos en el Libro de la Vida, seguidores hasta el fin del supremo Testigo Fiel.

 

Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que…”

 

“Estamos otra vez en pie de testimonio”, te decía yo en el poema aquel. Y estamos de verdad. Somos del gran Foro Social Mundial, con el Evangelio y por el Reino, hacia otro Mundo posible, hacia otra Iglesia –de Iglesias unidas y liberadoras-, hacia otra Patria Grande, Nuestra América del Caribe y del Sur y de la entrañable América Central; con un Norte otro, hermano también por fin, desimperializado.

Nos anuncian la V Conferencia Episcopal Latinoamericana, posiblemente para 2007 y esperamos que sea en América Latina. Ayuda a prepararla, hermano. Haced celestiales horas extras todos los santos y santas de Nuestra América para que esa Conferencia sea un Medellín, y actualizado.

Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que…”

Tu carta, Romero, que guardamos en nuestro archivo, timbrada como “reliquia”, reza así:

“Querido hermano en el episcopado:

Con profundo afecto le agradezco su fraternal mensaje por la pena de la destrucción de nuestra emisora.

Su calurosa adhesión alienta considerablemente la fidelidad a nuestra misión de continuar siendo expresión de las esperanzas y angustias de los pobres, alegres por correr como Jesús los mismo riesgos, por identificarnos con las causas justas de los desposeídos.

A la luz de la fe, siéntame estrechamente unido en el afecto, en la oración y en el triunfo de la Resurrección.

Oscar A. Romero, Arzobispo”

Tu última palabra escrita, y firmada con sangre, no podía ser más cristiana.

Querido San Romero de América, hermano, pastor, testigo:

Tú vivías y dabas la vida porque creías de verdad en “el triunfo de la Resurrección”. Ayúdanos a creer de verdad en ese triunfo, para vivir y dar la vida como tú, con los pobres de la Tierra, siguiendo al Crucificado Resucitado Jesús.

Pedro Casaldáliga, 24 marzo de 2005

 

[La carta original, en castellano, la pueden bajar libremente en la sección “Cartas y Circulares” de nuestra página: AQUÍ]

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Casaldáliga: Teo-poeta de la liberación y espiritualidad contra-hegemónica

Casaldáliga: Teo-poeta de la liberación y espiritualidad contra-hegemónica

Teo-poeta de la liberación e intelectual compasivo

Pedro Casaldáliga fue “poeta de vida y palabra consustanciadas”, como le definiera el poeta y catedrático de Estética en la Universidad de Barcelona José María Valverde, y “teo-poeta de la liberación”, como lo califico yo, creo que certeramente, junto con Rubem Alves y Ernesto Cardenal. Fue esteta de la palabra encarnada, maestro del bien decir, que en él es “ser” “vivir”, y “hacer”. Su poesía no es evasiva, sino que hace pie en la realidad, está transida de indignación y de dolor por la injusticia y el hambre que sufría -y sigue sufriendo- la mayoría de la población mundial.

Era un revolucionario universalista, que creía “en la Internacional de las frentes levantadas, de la voz de igual a igual y de las manos entrelazadas” y acompañó las revoluciones producidas en América Latina, incluso con su presencia física, como en el caso de la Revolución sandinista.

Analizó la realidad con los ojos de los pobres, ojos, que como él dice, “ven con otra luz”. Fue la luz que le llevó a criticar el neoliberalismo, al que calificó de “la gran blasfemia del siglo XXI”. Pero no se quedó en la crítica y la denuncia, sino que en plena era neoliberal fue “obrero de la utopía” de Otro Mundo Posible, en sintonía con la propuesta del Foro Social Mundial, que celebró precisamente siete encuentros en Brasil. Utopía de la liberación, que no consideraba un ideal irrealizable, sino la meta que puede lograrse a través del compromiso por el camino de la “esperanza contra toda esperanza”.

Fue también un profeta de ojos abiertos que despertó las conciencias adormecidas de muchos ciudadanos y ciudadanas conformistas y de cristianos y cristianas que, al decir del escritor francés Georges Bernanos, son “capaces de instalarse cómodamente bajo la cruz de Cristo”. Era un revolucionario universalista, que creía “en la Internacional de las frentes levantadas, de la voz de igual a igual y de las manos entrelazadas” y acompañó las revoluciones producidas en América Latina, incluso con su presencia física, como en el caso de la Revolución sandinista.

Se enfrentó y desnudó a los grandes sistemas de dominación con solas la palabra y la ejemplaridad de vida.

Casaldáliga fungió como intelectual crítico, inconformista y compasivo con las víctimas del colonialismo, el capitalismo, el patriarcado, la aporofobia y la explotación de la Tierra. Fue, sin duda, uno de los más lúcidos intelectuales de América Latina, que ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales del sistema, construyó espacios de con-vivencia y de diálogo simétrico en vez de campos de batalla y monólogos, desestabilizó el (des)orden establecido y revolucionó las mentes instaladas. Fue crítico de todos los poderes: político, religioso, económico, incluidos los poderes ocultos de la “Santa Sede”, hasta tener la osadía de pedir al Papa Juan Pablo II que abandonara el Vaticano y siguiera la senda del Evangelio. Se enfrentó y desnudó a los grandes sistemas de dominación con solas la palabra y la ejemplaridad de vida.

Otras de sus opciones fundamentales fue la ecología, siguiendo al ecologista Francisco de Asís. Junto a su colega y entrañable amigo Tomás Balduino, obispo de Goiás, creó la Comisión Pastoral de la Tierra en la Conferencia Episcopal Brasileña, que apoyó las luchas y reivindicaciones del Movimiento Sin Tierra (MST). Reclamó el derecho de los pueblos originarios, los primeros ecologistas, a su territorio, del que se apropiaron los terratenientes, que los explotan sin mostrar compasión alguna con la tierra ni con sus legítimos moradores. Exigió el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Pachamama), que los pueblos originarios consideran sagrada y con la que forman una comunidad eco-humana. La mejor representación simbólica de su conciencia ecológica fue la Misa de la Tierra Sin Males.

Espiritualidad contra-hegemónica

Misionero al servicio de los sectores más vulnerables de la sociedad, místico solidario con los procesos revolucionarios, contemplativo en la liberación, obispo en rebeldía e insurrección evangélica, pastor al servicio del pueblo.

En la esfera religiosa destacó como misionero al servicio de los sectores más vulnerables de la sociedad, místico solidario con los procesos revolucionarios, contemplativo en la liberación, obispo en rebeldía e insurrección evangélica, pastor al servicio del pueblo. Vivió una espiritualidad contra-hegemónica y anti-imperial. “Cristianamente -afirma- la consigna es muy clara (y muy exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado…: contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese reino del dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la agenda del imperio, la agenda del Reino”. Predicó el Reino de Dios en lucha contra el Imperio y criticó ala Iglesia “cuando no coincide con el Reino”.

Padres y madres de la iglesia Latinoamericana

Casaldáliga siguió la senda de los obispos que José Comblin llama “Padres de la Iglesia de América Latina”, que pusieron en práctica el Pacto de las Catacumbas firmado por cuarenta obispos en la catacumba de Santa Domitila de Roma en noviembre de 1965 durante la cuarta sesión del Concilio Vaticano II, al que luego se adhirieron más de quinientos. Optaron por una Iglesia pobre y de los pobres, denunciaron las dictaduras, fueron perseguidos, pusieron en riesgo sus vidas y algunos fueron asesinados convirtiéndose en mártires, como monseñor Romero, José Gerardi, Angelelli… Fueron sometidos a procesos judiciales, vigilancia policial, investigaciones inquisitoriales por parte de las Congregaciones del Vaticano, sufrieron condenas e incluso fueron destituidos de sus funciones episcopales.

Al final del libro me pregunto si ha habido y sigue habiendo “Madres de la Iglesia de Amerindia” y respondo afirmativamente, si bien no son reconocidas como tales. La falta de reconocimiento es la mejor prueba de la pervivencia del patriarcado incluso en el cristianismo liberador.

“Mis causas son más importantes que mi vida”

Pedro Casaldáliga afirmó en reiteradas ocasiones: “Mis que sus causas son más importantes que mi vida”. Y así fue. En el libro dedico un capítulo extenso a dichas causas entre las que destaco cinco que considero las más importantes:

1) La causa de las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas, sometidas al colonialismo, racismo y capitalismo salvaje. Su Misa de la Tierra Sin Males es la mejor expresión de su solidaridad e identificación con los pueblos indígenas. Su Misa de los Quilombos constituye el mejor reconocimiento de la dignidad de los pueblos afrodescendientes sometidos a esclavitud desde siglos y todavía hoy, de la defensa de su identidad cultural y religiosa y de sus territorios

2) La causa de las mujeres discriminadas por ser mujeres, por ser pobres, por pertenecer a las clases populares, culturas y etnias originarias, despreciadas y sometidas a violencia por el patriarcado político y religioso hasta llegar a los feminicidios, y por practicar espiritualidades y religiones que no se corresponden con las llamadas “grandes religiones”. Hizo suya la causa de las mujeres campesinas, indígenas, negras, prostitutas, cuya marginación social denunció.

3) La causa de la Tierra, considerada sagrada por las comunidades indígenas, sujeto de derechos y no venal.

4) La causa del diálogo interreligioso, intercultural, e interétnico. No impuso su fe, ni afirmó que la religión cristiana fuera la única verdadera, sino que respetó y compartió las cosmovisiones, espiritualidades y sabidurías de las comunidades originarias, dialogó con ellas sin arrogancia ni complejo de superioridad y sin establecer jerarquías, al tiempo que reconoció a sus deidades.

5) La causa de los mártires, empezando por el protomártir del cristianismo Jesús de Nazaret y siguiendo por el padre Joâo Bosco, asesinado en su presencia por la policía, monseñor Romero, arzobispo profético de San Salvador, a quien declaró santo en el memorable poema “San Romero de América, Pastor y Mártir Nuestro”, y por el martirio colectivo de los “indios crucificados”, sobre el que escribió un dramático y denunciante artículo en la Revista Internacional de Teología Concilium en 1983.

Sus textos, apoyados en la autenticidad de su vida  son, a mi juicio, la mejor respuesta a dicho giro político ultraderechista y constituyen la base para la propuesta de una alternativa de una democracia radical.

Casaldáliga es uno de los símbolos más luminosos del cristianismo liberador en pleno auge de los movimientos religiosos fundamentalistas que están cambiando el mapa religioso y político de América Latina. Se ha convertido en faro iluminador en la oscuridad del presente y en pleno protagonismo de la extrema derecha política a nivel local y global, que está cambiando el mapa político y constituye una amenaza para la democracia. Sus textos, apoyados en la autenticidad de su vida  son, a mi juicio, la mejor respuesta a dicho giro político ultraderechista y constituyen la base para la propuesta de una alternativa de una democracia radical, es decir, participativa, de base y en todos los ámbitos: ético, político, económico, social, laboral, cultural, educativo, ecológico, etc.

Ignacio Ellacuría dijo: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. Yo me atrevo a afirmar: “Con Pedro Casaldáliga ‘el Dios de todos los nombres’ pasó por Brasil”.

 

Texto de Juan José Tamayo, teólogo.

Fuente: Revista Ameríndia

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Hay alternativa a la autodestrucción?

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«Tenemos que reconocer que, aunque haya millones de activistas luchando por la justicia ambiental, solo estamos hablando de una pequeña fracción de los más de siete mil millones de personas que poblamos el planeta». Así pues, ¿“hay alternativa”?

26 de noviembre de 2020

Las Causas de Pedro Casaldáliga

Una cosa se puede afirmar con certeza: la continuación del statu quo, del sistema capitalista global tal y como lo conocemos actualmente, es una imposibilidad ecológica.

El capitalismo, para mantenerse estable, requiere de una tasa constante de crecimiento. Una tasa de crecimiento relativamente modesta del 3% anual implica duplicar la economía mundial cada 25 años. Por lo tanto, un crecimiento “saludable” implica siempre un crecimiento exponencial.

Cómo señaló hace mucho tiempo el economista Kenneth Boulding, solo un loco o un economista podrían creer que el crecimiento exponencial puede continuar por siempre jamás en un mundo finito.

Dona del Poble Indígena Xavante, a l'Araguaia

Para los pueblos indígenas la acumulación no existe; las deudas no existen. Fotografía: Associação ANSA

Hoy, el decrecimiento no es una opción, sino que es una necesidad impuesta por la imposibilidad de un crecimiento económico eterno, del cual ya experimentamos efectos devastadores. Serge Latouche lo expresa con claridad en su lema: “Decrecimiento o barbarie”. Solo puede continuar creciendo una parte de la humanidad matando literalmente la otra.
La única posibilidad que la humanidad en su conjunto tiene de sobrevivir está basada en la frugalidad y la autolimitación.

El gran enemigo del decrecimiento es el sistema económico y la religión que lo mantiene: el consumismo desaforado y la obsesión por el enriquecimiento económico.

El gran enemigo del decrecimiento es el sistema económico y la religión que lo mantiene: el consumismo desaforado y la obsesión por el enriquecimiento económico.

En un mundo donde los millonarios son envidiados y la población queda deslumbrada por la ilusión de los grandes lujos, el decrecimiento no parece algo atractivo. Sin embargo, numerosos “estudios de felicidad” verifican aquello que las enseñanzas religiosas tradicionales siempre han mantenido: más allá de cierto punto, con más consumo no aumenta la felicidad general.

Unos hábitos austeros y unas altas dosis de solidaridad y empatía mejorarían la vida física de la mayoría de la humanidad y la vida espiritual de las minorías ricas.

Cómo afirmaba Gandhi: “La tierra proporciona bastante para las necesidades de cada persona, pero no para la codicia de cada uno”.

Treball al camp de l'Araguaia

Alenira y su marido, en el Araguaia, viven de lo que cultivan. Sin contaminar y sin depender de nadie. Fotografía: Associação ANSA.

[En los medios de comunicación] no se encontrarán esbozos de un sistema económico que nos permita evitar la catástrofe.

Se dice que es más fácil de imaginar el fin del mundo que no el fin del capitalismo y, en efecto, los medios de comunicación de masas no paran de evocar escenarios apocalípticos: IIIª Guerra Mundial, invierno nuclear, virus que matan a la mayor parte de la humanidad, entrada en el punto de no retorno del cambio climático…

Sin embargo, no se explica nada de los sistemas económicos que nos permitirían evitar la catástrofe, el punto de no retorno. Desde la segunda mitad del siglo XX, cuando quedó claro que el modelo soviético de planificación central ya no funcionaba, se han realizado muchas investigaciones sobre estas alternativas viables al capitalismo

Las razones por las cuales se han divulgado y conocido tan poco son diversas, la más obvia es que los privilegiados del sistema actual defienden con uñas y dientes sus privilegios, pero también es cierto que siempre es más fácil destruir que construir, ser adivino que no intentar construir futuros posibles, dejarse llevar por el miedo que invertir esfuerzos en la reflexión para salir adelante.

Entre los diferentes modelos me parece muy interesante el de la “Democracia Económica” de David Schweickart, que…

 

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