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Dia de los Pueblos Indígenas 2021: la lucha Xavante continúa

Dia de los Pueblos Indígenas 2021: la lucha Xavante continúa

Una de las luchas más intensas y significativas de los pueblos indígenas en todo Brasil fue la retomada de la Tierra Indígena Marãiwatsédé, en el estado brasileño de Mato Grosso, que tuvo lugar en 2012 trás 50 años de lucha, no siempre pacífica.

En 1965, las familias xavantes fueron sacadas a la fuerza de sus tierras ancestrales por el gobierno militar y llevadas en aviones de la Fuerza Área Nacional (FAB) a la Misión Salesiana de São Marcos. El grupo agrícola Ometto -propiedad de la familia del gigante del azúcar y el alcohol Cosan- se hizo con la zona. Como resultado de ese traslado forzoso murieron más de 150 indígenas y las familias del pueblo Xavante de Maraiwãtsédé fueron separadas.

 

[…] Y los blancos comenzaron a acercarse para robar la tierra. Así, fueron llegando más y más. Nuestra tradición era dividir el pueblo, porque el espacio era grande. Ya estaba cerca de abare’u hacer la ceremonia, pero cuando los blancos ya estaban cerca, nuestro uuu no había hecho la ceremonia. Entonces comenzó la trampa detrás de la tierra. Eran inteligentes.
Tserewa’wa Declaración al MPF

 

Las tierras de los Xavante fueron vendidas posteriormente a holdings agroindustriales internacionales, como la italiana Agip Petroli, que explotaba la finca Suiá-Missu, construida en la deportación. Como explica Pedro Casaldáliga en su Carta Pastoral de 1971, en la década de 1970, la Fazenda Suiá-Missu contaba con unas 695.000 hectáreas, “una superficie mayor que la del propio Distrito Federal”.

Durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente de 1992, celebrada en Río de Janeiro, el Pueblo Xavante presionó a las autoridades nacionales e internacionales y el presidente de Agip, Gabriele Cagliari, -que se suicidaría poco después en una cárcel italiana, acusado de corrupción- se comprometió públicamente a devolver la zona a los Xavante.

Sin embargo, como contaba el periódico italiano La Repubblica en 1993: «el sueño de los Xavante, expulsados de sus tierras en 1966, se quedó en un sueño. Las 168 mil hectáreas de la hacienda Suiá Missú, en Mato Grosso, un año después, siguen siendo propiedad de Agip Petroli».

El litigio con los Xavante permaneció bajo la inacción del gobierno brasileño durante más de cinco años, hasta que la Tierra Indígena Marãiwatsédé fue legalmente reconocida por el presidente de la República brasileña, Fernando Henrique Cardoso, en 1998.

Agência Pública: Mapa da área Xavante no Araguaia

Antes, sin embargo, el gobierno de São Félix do Araguaia y algunos agricultores de la región animaron a 2.000 ocupantes ilegales a invadir la zona. El conflicto se hizo inminente: en 2004, se informó de que tres agricultores que invadían las tierras habían contratado a un pistolero para que matara a Dom Pedro Casaldáliga. Aunque fue amenazado, rechazó la escolta policial y continuó su labor pastoral y social con normalidad, diciendo que sólo la aceptaría cuando todos los campesinos tuvieran derecho a ella.

A lo largo de 50 años de exilio forzoso, los Xavante fueron constantes en la defensa de sus derechos. Cuando fueron expulsados, deportados -esa es la palabra, fueron deportados- seguían ligados a esta tierra, venían todos los años a recoger pati, una palmera para hacer adornos.

Los Xavante siempre reclamaron la tierra donde estaban enterrados sus mayores. Y siempre tenían en mente su tierra.

“La Tierra Marãiwatsédé está en nuestro corazón”

A pesar de ser una área legalmente reconocida en 1998, no fue hasta los últimos meses de 2012 que el Supremo Tribunal Federal (STF) ordenó la retirada real de los invasores y la entrada efectiva del Pueblo Xavante a la Tierra Indígena Marãiwatsédé. El día 7 de noviembre de 2012 comenzaron a entregar en el lugar los avisos que pedían a los invasores que se fueran. Finalmente, tras cuarenta y seis años de exilio, los Xavante vieron reconocido definitivamente el derecho a su territorio.

La salida de los invasores, sin embargo, no fue pacífica y fue necesaria la intervención de la Fuerza Nacional para desalojar a las personas que permanecían en la zona. Hubo enfrentamientos organizados con la policía y vandalismo para destruir (aún más) las tierras de los indígenas. Debido a este conflicto, Pedro Casaldáliga tuvo que abandonar sua casa de São Félix do Araguaia debido a las amenazas de muerte que recibió.

 

Marãiwatsédé hã
Tôtsena ti’a na watsiri’ãmo Wahõiba duré
Höiba-téb’ré hã, Ãhawimbã Date itsanidza’ra hã
Ahãta te Oto aimatsa’ti’ a na Ítémé we’re’iwadzõ
mori hã adza Oto ãma wawa’utudza’rani
Ti’a’a’a’ana… Ai’uté hã ãma ipótódza’ra hã
Tedza Oto ãma tsitébrè ti’a’a’a’ana.

La Tierra Marãiwatsédé está  en nuestros corazones  y en nuestras almas.
Cuando aún éramos pequeños nos sacaron de este lugar.
Pero hoy hemos reconquistado nuestra tierra,
nuestro hogar ahora de vuelta descansaré en esta tierra,
en esta tierra, en esta tierra…
Aquí nací y en esta tierra se criarán nuestros hijos.

Marcio Tserehité Tsererãi’ré

 

Sin embargo, la tierra que los indígenas retomaron era muy diferente a la que se les quitó por la fuerza: en 2012, al menos dos tercios de las 165 mil hectáreas de la reserva habían sido deforestadas por madereros, ganaderos y ocupantes ilegales. Marãiwatsédé llegó a liderar el ranking de las tierras indígenas más deforestadas del país.

Marãiwatsédé, que fue el próspero hogar de los Xavante durante siglos, se enfrenta hoy al desafío vital de la escasez de alimentos, la escasez de agua, los suelos degradados por la deforestación y, además, las invasiones puntuales y los incendios intencionados que, incluso hoy en día, se siguen registrando en la zona.

Sin embargo, poco a poco y siempre en lucha, los Xavante están consiguiendo vivir en su tierra ancestral y están construyendo pueblos y organizándose. Más de 1.200 indígenas viven hoy en las tierras de Marãiwatsédé.

El camino es largo y será muy difícil. No faltan las amenazas.

Pero el Pueblo Xavante de Marãiwatsédé no tiene miedo. Para ellos, la esperanza siempre gana.

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La Semana Santa de Casaldáliga

La Semana Santa de Casaldáliga

MARZO DE 1985

 

Semana Santa. De noche, inmensa, la luna de nisán entre los árboles frondosos de Luciara. Y ráfagas de lluvia y un silencio sobrecogedor. Bancos de peces suben el Araguaia y la pesca se hace, estos días, como un juego fácil. Vamos a celebrar la Cena del Señor.

«Mi presbiterio», disperso, cada sacerdote en medio de sus comunidades, todos lejos. Yo, obispo a pesar de todo, con ellos, con todo ese pueblo de Dios en el campo [sertão]. Cristiano como todos; queriendo serlo. Obispo de todos ellos. Esta es mi heredad en esta patria que me ha asignado el Espíritu.

Aquí, en Luciara, consagré hoy los santos óleos. Digamos que donde está el obispo, allí está su catedral.

Un muchacho, ya hombre, me pregunta en nombre de sus compañeros si “faz mal” jugar a las cartas hoy, en casa, solo para matar el tiempo, en esta total abstinencia de bares, billar y música. Con el pescado de la abstinencia -aquí tan al alcance de la mano- se come también hoy ritualmente la patata dulce y la calabaza, bañadas en leche de coco.

La chiquillería -con las velas y los mosquitos, los charcos y la media luz de las calles- y otros ya menos chicos también tumultúan el viacrucis callejero.

La Vigilia pascual será a orillas del Araguaia. Una alta hoguera debajo de la luna íntegra. El agua del río en un pote karajá y el cirio y las velas, la luz de Cristo y su eucaristía, la nueva Pascua, nuestra Pascua. He llevado la comunión a once enfermos o imposibilitados, ya en el umbral de la paz varios de ellos. Y mañana será «aquel día que el Señor hizo», para siempre.

La soledad y la simplicidad tornan la fe accesible. Y el dolor del mundo hace la Pascua apasionadamente deseable.

En esta pared cruda de nuestra casa misión -las pajas viejas y los murciélagos-, el Cristo de Dalí, como visto desde el Padre, se abalanza, ofrecido, sobre el mundo. Y el mundo es un caos de nubes, quizás de mar, informe creación primera; pero ya rompe en él -reverberos del Día- la luz del Crucificado. Otra luz, quizás la fe, viene del mundo y alarga generosamente el brazo izquierdo de Cristo en una sombra inacabable, como el perdón, como la caridad.

«No basta con dar pan, hay que dar trabajo», reza, en la pared también, un viejo cartel, blanco y azul, de un calendario del MIEC-JECI, al pie de la imagen derrumbada de un hombre en paro. «Tierra es vida», grita aún en el póster central de la casa un cartelillo, ocre y marrón, de la «Semana del Indio de 1984».

A orillas del Araguaia hemos bendecido el fuego nuevo de la Pascua y el agua bautismal. La luna nos ha presidido como un inmenso lucernario. Y en la procesión de velas y cantos y el pote karajá hemos ido a la iglesia para celebrar la eucaristía de la Vigilia mayor. Yo llevaba el cirio pascual, para aprender a ser diácono servidor, quizás. De pronto, una ráfaga de viento ha apagado el cirio y casi todas las velas. Pero a mi lado, como un símbolo evangélico, muy pequeña la niña, seguía ella con su vela encendida, y ha devuelto la luz al obispo y a toda la comunidad.

 

Pedro Casaldáliga, 1985

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Carta abierta al hermano Romero

Carta abierta al hermano Romero

Yo debería estar ahí… y estoy: de alma entera. Esta pequeña Iglesia de São Félix de Araguaia te tiene muy presente, hermano. Estás visible en mi cuarto, en la capilla del patio, en nuestra catedral, en muchas comunidades, en el Santuario de los Mártires de la Caminada Latinoamericana. Hasta cuando cae un mango sobre el tejado me acuerdo del sobresalto que sentías cuando caían los mangos sobre tu retiro del Hospitalito.

El mes de marzo de 1983 yo escribía en mi diario:

“No consigo entender de ningún modo, o lo entiendo demasiado: La fotografía del mártir Monseñor Romero con Juan Pablo II, en unos carteles más que normales para la visita del Papa, ha sido prohibida por la comisión mixta Gobierno-Iglesia de El Salvador. La imagen del mártir duele. Al Gobierno, perseguidor y asesino; y es natural que le duela; que duela a cierta Iglesia… también es natural, tristemente natural”.

De todos modos, nosotros, aquí, en este rincón del Mato Grosso, y muchos cristianos y no cristianos de América y del Mundo, celebraremos otra vez, en ese mes de marzo, el martirio de San Romero, pastor bueno de América Latina.

A nosotros tu imagen nos conforta, nos compromete y nos une; como una versión entrañable del Buen Pastor Jesús.

 

Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados.

 

Y ahora estamos ahí, millones, de muchos modos, celebrando el jubileo de tu testimonio definitivo, aquella homilía de sangre que nadie hará callar. Tú tienes poder de convocación, un poder macroecuménico de santo de los católicos y de los evangélicos y hasta de los ateos. Estamos ahí celebrando, reparando, asumiendo. Tú eres muy comprometedor; a lo Jesús de Nazaret: ese Jesús histórico que tantas veces se nos difumina en dogmatizaciones helenísticas y en espiritualismos sentimentales, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el Crucificado con los crucificados de la Historia.

Tenías razón, y eso queremos celebrar también, con júbilo pascual. Has resucitado en tu pueblo, que no va a permitir que el imperio y las oligarquías sigan sometiéndolo, ni va a dejarse llevar por los revolucionarios arrepentidos o por los eclesiásticos espiritualizados. Y resucitas en ese Pueblo de millones de soñadores y soñadoras que creemos que otro Mundo es posible y que es posible otra Iglesia.

Porque así, como va hoy, Romero hermano, ni el Mundo va, ni va la Iglesia. Continúan las guerras, ahora hasta de prevención; continúa el hambre, el paro, la violencia -del estado o de la turba enloquecida-; continúan las falsas democracias, el falso progreso, los falsos dioses que dominan con el dinero y la comunicación, con las armas y la política.

 

Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal.

 

Y continúa habiendo mucha Iglesia muda. Hemos pasado de la Seguridad Nacional a la seguridad del capital transnacional y de las dictaduras militares a la macro dictadura del imperio neoliberal.

Son 25 años también de la Conferencia de Puebla. Aquellos rostros, Romero, que son el propio rostro del Jesús “destazado”, se han multiplicado en número y en deformación. Aquellas revoluciones utópicas –hermosas y atolondradas como una adolescencia de la Historia- han sido traicionadas por unos, despreciadas olímpicamente por otros y siguen siendo añoradas de otro modo, más “al suave”, en mayor profundidad personal y comunitaria- por muchas y muchos de los que estamos ahí, contigo, pastor del “acompañamiento”, compañero de llanto y de sangre de los pobres de la Tierra. ¡Cómo necesitamos hoy que enseñes a los pobres a “acuer-parse” en solidaridad, en organización, en terca esperanza!.

Contigo, decía el maestro mártir Ellacuría, “Dios ha pasado por El Salvador”, por todo nuestro mundo. Y el teólogo de frontera José María Vigil ha hecho de ti tres rotundas afirmaciones que son, más que verdades para creer, desafíos de urgencia para asumir:

• “Romero: símbolo máximo de la opción por los pobres y de la teología de la liberación.

Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con el Estado.

Romero: símbolo máximo del conflicto de la opción por los pobres con la Iglesia institucional”

No es que tú dejases de ser “institucional” y comportado. Siempre me admiró en ti la alianza de la disciplina con la libertad, de la piedad tradicional con la Teología de la Liberación, de la profecía más arrojada con el perdón más generoso.

Eras un santo haciéndose, en constante proceso de conversión. De ti se ha repetido edificadamente que eras un obispo convertido. Con Dios y con el Pueblo, sin dicotomías. “Yo, decías, tengo que escuchar qué dice el Espíritu por medio de su Pueblo…”.

 

Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”.

 

Tu homilía del 23 marzo de 1980, víspera de la oblación total, la titulaste precisamenta así: “La Iglesia al servicio de la liberación personal, comunitaria, trascendente”.

Te recordamos tanto porque te necesitamos, Romero, hermano ejemplar.

Tú nos animas, tú sigues predicándonos la homilía de la liberación integral. Tú sigues gritando “cese la represión”, a todas las fuerzas represivas en la Sociedad, en las Iglesias, en las Religiones. Tú nos adviertes que “el que se compromete con los pobres tiene que recorrer el mismo destino de los pobres: ser desaparecidos, ser torturados, ser capturados, aparecer cadáveres”, y nos recuerdas que, comprometiéndonos con las causas de los pobres, no hacemos más que “predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo”.

Confiabas –y no te vamos a defraudar- que “mientras haya injusticia habrá cristianos que la denuncien y que se pongan de parte de sus víctimas”.

Tu sangre, como pedías, es verdaderamente “semilla de libertad”.

Tu recuerdo no es simplemente un anhelo o un culto sagrado que permanece en el aire del incienso. Queremos que sea, lo haremos, un compromiso militante, una pastoral de liberación.

Nuestro teólogo, el teólogo de los mártires, Jon Sobrino, resume la tarea evangelizadora y política que, por fidelidad a tu memoria, el Reino nos exige hoy: afrontar la realidad con la verdad; analizar la realidad y sus causas; trabajar por el cambio estructural; realizar una evangelización madura, liberadora, crítica y autocrítica; edificar la Iglesia como Pueblo de Dios; da esperanza a este pueblo que tanto sufre …

Esta semana de tu jubileo, en San Salvador, acabará siendo un sínodo popular, un encuentro de aspiraciones y compromisos dentro de ese proceso conciliar que estamos viviendo, una gran vigilia pascual en torno a ti y a tantas y tantos testigos fieles, conocidos o anónimos, pero todos luminosos en el Libro de la Vida, seguidores hasta el fin del supremo Testigo Fiel.

 

Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que…”

 

“Estamos otra vez en pie de testimonio”, te decía yo en el poema aquel. Y estamos de verdad. Somos del gran Foro Social Mundial, con el Evangelio y por el Reino, hacia otro Mundo posible, hacia otra Iglesia –de Iglesias unidas y liberadoras-, hacia otra Patria Grande, Nuestra América del Caribe y del Sur y de la entrañable América Central; con un Norte otro, hermano también por fin, desimperializado.

Nos anuncian la V Conferencia Episcopal Latinoamericana, posiblemente para 2007 y esperamos que sea en América Latina. Ayuda a prepararla, hermano. Haced celestiales horas extras todos los santos y santas de Nuestra América para que esa Conferencia sea un Medellín, y actualizado.

Seguiremos hablando, hermano Romero. Cada día. Tú acompañándonos, desde la Paz total, por el camino arduo y liberador del Evangelio. Tantas veces nos sentimos como los discípulos de Emaús, defraudados, sin rumbo, porque “pensábamos que…”

Tu carta, Romero, que guardamos en nuestro archivo, timbrada como “reliquia”, reza así:

“Querido hermano en el episcopado:

Con profundo afecto le agradezco su fraternal mensaje por la pena de la destrucción de nuestra emisora.

Su calurosa adhesión alienta considerablemente la fidelidad a nuestra misión de continuar siendo expresión de las esperanzas y angustias de los pobres, alegres por correr como Jesús los mismo riesgos, por identificarnos con las causas justas de los desposeídos.

A la luz de la fe, siéntame estrechamente unido en el afecto, en la oración y en el triunfo de la Resurrección.

Oscar A. Romero, Arzobispo”

Tu última palabra escrita, y firmada con sangre, no podía ser más cristiana.

Querido San Romero de América, hermano, pastor, testigo:

Tú vivías y dabas la vida porque creías de verdad en “el triunfo de la Resurrección”. Ayúdanos a creer de verdad en ese triunfo, para vivir y dar la vida como tú, con los pobres de la Tierra, siguiendo al Crucificado Resucitado Jesús.

Pedro Casaldáliga, 24 marzo de 2005

 

[La carta original, en castellano, la pueden bajar libremente en la sección “Cartas y Circulares” de nuestra página: AQUÍ]

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3 razones por las que Brasil es el centro de la COVID19 [actualizado]

3 razones por las que Brasil es el centro de la COVID19 [actualizado]

Con 12 millones de casos confirmados y 300 mil muertes, Brasil ya es el segundo país del mundo más afectado por el Coronavirus. En el Amazonas, hay más de 2,2 millones de infecciones. ¿Cuáles son las razones de esta rápida evolución del COVID-19 en Brasil?

 

Brasil es el tercer país del mundo con más muertes por Coronavirus, sólo por detrás de Estados Unidos. Aunque, obviamente, la incidencia del virus se manifiesta principalmente en las ciudades más pobladas, sorprende el elevado número de casos diagnosticados en la Amazonia, con zonas muy aisladas y altas temperaturas.

 

En los últimos 10 días, más de 15.000 personas han muerto en Brasil a causa del COVID19.

 

Pero lo más preocupante no son sólo los datos absolutos, sino el enorme número de casos que se registran diariamente y el hecho de que las Unidades de Cuidados Intensivos estén, en muchos casos, por encima del 90% de ocupación. En el Araguaia, el sistema de salud está colapsado y hay que esperar una de las 10 vacantes en la Unidad de Cuidados Intensivos que existen en el municipio de Água Boa, responsable de atender un área del tamaño de toda Grecia, con 23 municipios.

¿Qué explica esta evolución por encima de la media mundial?

 

1. La actitud de su presidente

 

Desde que comenzó la pandemia, y a imitación de otros líderes de extrema derecha, el predispuesto Bolsonaro ha lanzado una campaña para minimizar la gravedad del COVID-19 y negar las deficiencias de su política sanitaria.

 

Desde que asumió la presidencia de Brasil en 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas y homófobas, en contra de los Pueblos Indígenas e incluso a favor de la dictadura militar y la tortura.

 

Frente a cualquier medida de aislamiento o confinamiento, Bolsonaro mantiene un discurso basado en que el Coronavirus es una «pequeña gripe» y se posiciona en contra de los gobernadores y alcaldes que han intentado aplicar algunas medidas de protección.

Desde que asumió la presidencia de Brasil en 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas y homófobas, contra los Pueblos Indígenas e incluso a favor de la dictadura militar y la tortura. En su gobierno hay más de 3.000 militares en distintos puestos de responsabilidad, que están sustituyendo a técnicos, científicos y académicos, diezmando la capacidad de acción pública, la coherencia y el sentido común.

La relación es clara: cada vez que Bolsonaro aparece en la televisión, en la radio o en los periódicos minimizando la gravedad del COVID19 , más gente sale a la calle ignorando las medidas de contención que alcaldes y gobernadores intentan implementar y de las que se queja buena parte de la Sociedad Civil.

 

2. Uno de los países más desiguales del mundo

 

Darlete vive en el Asentamiento «Dom Pedro», una extensa comunidad rural en la que viven 400 familias, creada gracias a la lucha de Casaldáliga contra un gran terrateniente en los años 90. Madre de 7 hijos, sus ingresos dependen exclusivamente de lo que consigue vender en la feria quincenal organizada en São Félix do Araguaia: algunas frutas, verduras y legumbres que lleva al mercado en un viaje de 6 horas en la parte trasera de un camión.

La única ayuda que recibe la familia de Darlete es de menos de 200 reales al mes de Bolsa Família.

 

La família de la Darlete viu a l'Assentament Dom Pedro

La familia de Darlete vive en el asentamiento de Dom Pedro. Reciben menos de 200,00 reales al mes.

 

En la comunidad donde vive Darlete, para ir al médico, al banco o a la oficina de correos, hay que viajar tres horas por un camino de tierra que se convierte en barro en la época de lluvias. Como ella, las otras 400 familias que viven en el Asentamiento Dom Pedro tampoco tienen agua corriente ni alcantarillado. La mayoría de estas familias se dedican a la agricultura o la ganadería de subsistencia.

 

En el asentamiento donde vive Darlete, el médico viene una vez al mes y monta un consultorio improvisado, a menudo al aire libre, para atender a los pacientes de la comunidad. Para cualquier intervención, incluso ambulatoria, hay que ir a São Félix do Araguaia, donde hay un hospital de base. Si necesita ser ingresada en una Unidad de Cuidados Intensivos, Darlete tendrá que viajar 10 horas en autobús.

 

La situación no es mucho mejor en las grandes ciudades: en Brasil, el 6% de la población -más de 12 millones de personas- vive en «favelas», comunidades que crecen alrededor o dentro de las grandes ciudades del país. En estas grandes comunidades, a veces de cientos de miles de personas, la densidad de población es muy alta y la renta media no llega a los 100 euros al mes. Además, a menudo no hay agua corriente, alcantarillado o recogida de basura.

Por eso, tanto en el campo como en las ciudades, en Brasil, quedarse en casa es sinónimo de pasar hambre. Para muchas familias, salir, ir a las ferias y seguir haciendo su trabajo diario es la única opción para sobrevivir.

 

3. Un sistema sanitario precario

 

Gran parte del sistema sanitario de Brasil es privado. Además, aunque es cierto que en los últimos años han mejorado algunos aspectos del sector sanitario público, sigue siendo un sistema muy precario y no llega a gran parte de la población. En la práctica, en Brasil, la mayoría de la población no tiene acceso a una atención médica de calidad.

 

En el Araguaia, un solo hospital, con un único respirador y sin Unidad de Cuidados Intensivos, es responsable de atender un área equivalente a toda Cataluña.

 

En el Araguaia, una de las regiones más remotas y aisladas, un solo hospital, con un único respirador, se encarga de atender un área equivalente a toda Cataluña, y en muchas de las comunidades donde viven cientos de familias es necesario viajar 3 o 4 horas por carretera para llegar al médico más cercano. Los asentamientos donde trabajamos: Dom Pedro, Mãe Maria, Vida Nova I y Vida Nova II y la Tierra Indígena Xavante tienen el hospital más cercano -con equipamiento básico- a 4 horas de camino de tierra.

Pero, además, las Unidades de Cuidados Intensivos están casi al 100% de su capacidad en todo Brasil y en el estado de Mato Grosso, muchas veces, ya se ha superado el 100% de ocupación. Hay una cola para ser tratado por el coronavirus.

En este contexto, la falta de control de la enfermedad es evidente y es plausible pensar que hay muchos más casos de los que indican las cifras oficiales.

 

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Casaldáliga: Teo-poeta de la liberación y espiritualidad contra-hegemónica

Casaldáliga: Teo-poeta de la liberación y espiritualidad contra-hegemónica

Teo-poeta de la liberación e intelectual compasivo

Pedro Casaldáliga fue “poeta de vida y palabra consustanciadas”, como le definiera el poeta y catedrático de Estética en la Universidad de Barcelona José María Valverde, y “teo-poeta de la liberación”, como lo califico yo, creo que certeramente, junto con Rubem Alves y Ernesto Cardenal. Fue esteta de la palabra encarnada, maestro del bien decir, que en él es “ser” “vivir”, y “hacer”. Su poesía no es evasiva, sino que hace pie en la realidad, está transida de indignación y de dolor por la injusticia y el hambre que sufría -y sigue sufriendo- la mayoría de la población mundial.

Era un revolucionario universalista, que creía “en la Internacional de las frentes levantadas, de la voz de igual a igual y de las manos entrelazadas” y acompañó las revoluciones producidas en América Latina, incluso con su presencia física, como en el caso de la Revolución sandinista.

Analizó la realidad con los ojos de los pobres, ojos, que como él dice, “ven con otra luz”. Fue la luz que le llevó a criticar el neoliberalismo, al que calificó de “la gran blasfemia del siglo XXI”. Pero no se quedó en la crítica y la denuncia, sino que en plena era neoliberal fue “obrero de la utopía” de Otro Mundo Posible, en sintonía con la propuesta del Foro Social Mundial, que celebró precisamente siete encuentros en Brasil. Utopía de la liberación, que no consideraba un ideal irrealizable, sino la meta que puede lograrse a través del compromiso por el camino de la “esperanza contra toda esperanza”.

Fue también un profeta de ojos abiertos que despertó las conciencias adormecidas de muchos ciudadanos y ciudadanas conformistas y de cristianos y cristianas que, al decir del escritor francés Georges Bernanos, son “capaces de instalarse cómodamente bajo la cruz de Cristo”. Era un revolucionario universalista, que creía “en la Internacional de las frentes levantadas, de la voz de igual a igual y de las manos entrelazadas” y acompañó las revoluciones producidas en América Latina, incluso con su presencia física, como en el caso de la Revolución sandinista.

Se enfrentó y desnudó a los grandes sistemas de dominación con solas la palabra y la ejemplaridad de vida.

Casaldáliga fungió como intelectual crítico, inconformista y compasivo con las víctimas del colonialismo, el capitalismo, el patriarcado, la aporofobia y la explotación de la Tierra. Fue, sin duda, uno de los más lúcidos intelectuales de América Latina, que ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales del sistema, construyó espacios de con-vivencia y de diálogo simétrico en vez de campos de batalla y monólogos, desestabilizó el (des)orden establecido y revolucionó las mentes instaladas. Fue crítico de todos los poderes: político, religioso, económico, incluidos los poderes ocultos de la “Santa Sede”, hasta tener la osadía de pedir al Papa Juan Pablo II que abandonara el Vaticano y siguiera la senda del Evangelio. Se enfrentó y desnudó a los grandes sistemas de dominación con solas la palabra y la ejemplaridad de vida.

Otras de sus opciones fundamentales fue la ecología, siguiendo al ecologista Francisco de Asís. Junto a su colega y entrañable amigo Tomás Balduino, obispo de Goiás, creó la Comisión Pastoral de la Tierra en la Conferencia Episcopal Brasileña, que apoyó las luchas y reivindicaciones del Movimiento Sin Tierra (MST). Reclamó el derecho de los pueblos originarios, los primeros ecologistas, a su territorio, del que se apropiaron los terratenientes, que los explotan sin mostrar compasión alguna con la tierra ni con sus legítimos moradores. Exigió el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Pachamama), que los pueblos originarios consideran sagrada y con la que forman una comunidad eco-humana. La mejor representación simbólica de su conciencia ecológica fue la Misa de la Tierra Sin Males.

Espiritualidad contra-hegemónica

Misionero al servicio de los sectores más vulnerables de la sociedad, místico solidario con los procesos revolucionarios, contemplativo en la liberación, obispo en rebeldía e insurrección evangélica, pastor al servicio del pueblo.

En la esfera religiosa destacó como misionero al servicio de los sectores más vulnerables de la sociedad, místico solidario con los procesos revolucionarios, contemplativo en la liberación, obispo en rebeldía e insurrección evangélica, pastor al servicio del pueblo. Vivió una espiritualidad contra-hegemónica y anti-imperial. “Cristianamente -afirma- la consigna es muy clara (y muy exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado…: contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese reino del dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la agenda del imperio, la agenda del Reino”. Predicó el Reino de Dios en lucha contra el Imperio y criticó ala Iglesia “cuando no coincide con el Reino”.

Padres y madres de la iglesia Latinoamericana

Casaldáliga siguió la senda de los obispos que José Comblin llama “Padres de la Iglesia de América Latina”, que pusieron en práctica el Pacto de las Catacumbas firmado por cuarenta obispos en la catacumba de Santa Domitila de Roma en noviembre de 1965 durante la cuarta sesión del Concilio Vaticano II, al que luego se adhirieron más de quinientos. Optaron por una Iglesia pobre y de los pobres, denunciaron las dictaduras, fueron perseguidos, pusieron en riesgo sus vidas y algunos fueron asesinados convirtiéndose en mártires, como monseñor Romero, José Gerardi, Angelelli… Fueron sometidos a procesos judiciales, vigilancia policial, investigaciones inquisitoriales por parte de las Congregaciones del Vaticano, sufrieron condenas e incluso fueron destituidos de sus funciones episcopales.

Al final del libro me pregunto si ha habido y sigue habiendo “Madres de la Iglesia de Amerindia” y respondo afirmativamente, si bien no son reconocidas como tales. La falta de reconocimiento es la mejor prueba de la pervivencia del patriarcado incluso en el cristianismo liberador.

“Mis causas son más importantes que mi vida”

Pedro Casaldáliga afirmó en reiteradas ocasiones: “Mis que sus causas son más importantes que mi vida”. Y así fue. En el libro dedico un capítulo extenso a dichas causas entre las que destaco cinco que considero las más importantes:

1) La causa de las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas, sometidas al colonialismo, racismo y capitalismo salvaje. Su Misa de la Tierra Sin Males es la mejor expresión de su solidaridad e identificación con los pueblos indígenas. Su Misa de los Quilombos constituye el mejor reconocimiento de la dignidad de los pueblos afrodescendientes sometidos a esclavitud desde siglos y todavía hoy, de la defensa de su identidad cultural y religiosa y de sus territorios

2) La causa de las mujeres discriminadas por ser mujeres, por ser pobres, por pertenecer a las clases populares, culturas y etnias originarias, despreciadas y sometidas a violencia por el patriarcado político y religioso hasta llegar a los feminicidios, y por practicar espiritualidades y religiones que no se corresponden con las llamadas “grandes religiones”. Hizo suya la causa de las mujeres campesinas, indígenas, negras, prostitutas, cuya marginación social denunció.

3) La causa de la Tierra, considerada sagrada por las comunidades indígenas, sujeto de derechos y no venal.

4) La causa del diálogo interreligioso, intercultural, e interétnico. No impuso su fe, ni afirmó que la religión cristiana fuera la única verdadera, sino que respetó y compartió las cosmovisiones, espiritualidades y sabidurías de las comunidades originarias, dialogó con ellas sin arrogancia ni complejo de superioridad y sin establecer jerarquías, al tiempo que reconoció a sus deidades.

5) La causa de los mártires, empezando por el protomártir del cristianismo Jesús de Nazaret y siguiendo por el padre Joâo Bosco, asesinado en su presencia por la policía, monseñor Romero, arzobispo profético de San Salvador, a quien declaró santo en el memorable poema “San Romero de América, Pastor y Mártir Nuestro”, y por el martirio colectivo de los “indios crucificados”, sobre el que escribió un dramático y denunciante artículo en la Revista Internacional de Teología Concilium en 1983.

Sus textos, apoyados en la autenticidad de su vida  son, a mi juicio, la mejor respuesta a dicho giro político ultraderechista y constituyen la base para la propuesta de una alternativa de una democracia radical.

Casaldáliga es uno de los símbolos más luminosos del cristianismo liberador en pleno auge de los movimientos religiosos fundamentalistas que están cambiando el mapa religioso y político de América Latina. Se ha convertido en faro iluminador en la oscuridad del presente y en pleno protagonismo de la extrema derecha política a nivel local y global, que está cambiando el mapa político y constituye una amenaza para la democracia. Sus textos, apoyados en la autenticidad de su vida  son, a mi juicio, la mejor respuesta a dicho giro político ultraderechista y constituyen la base para la propuesta de una alternativa de una democracia radical, es decir, participativa, de base y en todos los ámbitos: ético, político, económico, social, laboral, cultural, educativo, ecológico, etc.

Ignacio Ellacuría dijo: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”. Yo me atrevo a afirmar: “Con Pedro Casaldáliga ‘el Dios de todos los nombres’ pasó por Brasil”.

 

Texto de Juan José Tamayo, teólogo.

Fuente: Revista Ameríndia

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