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La educación como instrumento de lucha y transformación social

La educación como instrumento de lucha y transformación social

El mundo vive hoy los efectos devastadores de la pandemia causada por el COVID-19 (sistemas de salud colmados de personas contaminadas por el virus o buscando tratamiento para las secuelas causadas por este), cortes en los fondos de la salud, educación y cultura; tercerización de la educación y homogeneización de la enseñanza; crecimiento de los índices de evasión y abandono escolar, aumento del veneno en nuestros platos(con autorización de los “Representantes del pueblo”), exterminio deliberado de negros pobres y mujeres y una guerra devastadora más, protagonizada por Rusia y Ucrania y sus aliados.

El escenario caótico de incertezas y de desmonte de las conquistas populares ocasionado por las acciones deliberadas del neoliberalismo globalizado se ha materializado en un complejo de crisis (crisis política, ambiental, económica, del sistema de salud, de educación…) que aumenta la marginalización y las incertezas, especialmente, de las clases populares.

Frente a las incertezas, la sociedad busca alternativas para la mitigación de sus dilemas. La educación todavía es presentada como una de las estrategias de enfrentamiento de las crisis humanitarias, sobre todo, de las desigualdades y de las injusticias sociales. En esta perspectiva nos referimos al pensamiento del filósofo Theodor Adorno que defendió en 1969 la educación para la emancipación como única forma de evitar la repetición de la barbarie que llevó la Alemania nazi de Hitler a Auschwitz. “Cualquier debate acerca de metas educacionales carece de significado e importancia frente a esa meta: Que Auschwitz no se repita” (ADORNO, 1995, p.119)

“Enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo”.

Paulo Freire

En perspectiva semejante, Paulo Freire, educador brasileño, propone la educación como posibilidad emancipatoria. Concibe la educación como un acto eminentemente político, que debe ser tomado como práctica liberadora; Freire idealizó un proyecto de educación referenciado en la realidad concreta de la clase trabajadora, con el propósito de promover, a partir de la lectura crítica del mundo y de la palabra, la formación de la conciencia, al punto de que hombres y mujeres de la clase trabajadora se tornan sujetos de sus acciones y de su historia. Sobre el papel de la educación, decía Freire (1996, p.61), “Enseñar exige comprender que la educación es una forma de intervención en el mundo”.

De la misma forma Pedro Casaldáliga al llegar a la región del Araguaia, Nordeste de Mato Grosso Brasil, en 1968, donde predominaban el analfabetismo, la ausencia de política pública de salud, educación, trabajo y una intensa concentración de tierras en pocas manos, cuyas consecuencias eran y son la explotación de la clase trabajadora y frecuentes conflictos por la reforma agraria; vio en la educación un instrumento de lucha y una posibilidad de liberación de la población pobre y marginada de los programas sociales. Por lo tanto, la educación en la época fue pensada en la perspectiva de la educación que “Se basa en el Diálogo de la Pedagogía Crítica, con objetivos políticos de emancipación, de lucha por justicia e igualdad social” (CALDART, 2004, p.18).

Huellas de la Educación en el Araguaia

Una lectura atenta de las huellas de las luchas de resistencia en defensa de la tierra para los trabajadores de la agricultura familiar, en defensa de las causas indígenas, de la salud de la educación trabadas en el Araguaia, Sertón, Matogrossense puede traernos elementos importantes para la reivindicación de las luchas de ahora. Con la llegada de Pedro Casaldáliga, la región vio nacer una nueva forma de ser iglesia, bajo el liderazgo de Casaldáliga, además de cuestiones esencialmente religiosas, se asumieron también cuestiones sociales, con el firme propósito de construir mecanismos de emancipación de los pobres y marginalizados – indios, peones y trabajadores de la agricultura familiar de la región que comprende la Prelatura de Sao Félix do Araguaia – MT.

La glocalización de la educación en la región del Araguaia por la ventana de Casaldáliga

Mientras actuó como obispo de la Prelatura de Sao Félix do Araguaia, Casaldáliga siempre apoyó los grandes proyectos educacionales en la región y se hizo presente en todos los momentos y Muestras Regionales de Educación del Araguaia. Y en la ocasión de la 5ª Muestra él hizo un pronunciamiento muy lúcido e impactante que dejó en evidencia su concepto y las configuraciones de la educación forjada en el Araguaia. Abordó la educación en la perspectiva de la glocalización (término muy utilizado por él).

Según Casaldáliga, la naturaleza, la relevancia y los efectos del sentido, producidos en y por la educación en el Araguaia no son suficientes para imponer un carácter de “glocalización”.

Continuó: “Modestamente pero también con la satisfacción histórica, podemos recordar que en nuestra región, en este recinto que se extiende entre el Araguaia y Xingú, del Pará al Travesão, por cuenta de ciertas administraciones populares y con la ayuda de la Prelatura, la globalización y la educación para la globalización han sido una constante; en la aplicación del método Paulo Freire en plena dictadura militar (lo que nos costó la represión conocida); en el famoso gimnasio del Araguaia GEA; en la actividad constante de pesquisa, archivo, publicaciones… En las iniciativas culturales del Araguaia Pan y Circo, en el teatro de los grupos de jóvenes, en actividades de los grupos de comadres, en el estímulo a la capoeira y otras manifestaciones de cultura popular; en la propia opción pastoral de la Prelatura, como Pastoral liberadora y en red de comunidades. En las actividades indigenistas, en las actividades de la Asociación de Educación y Asistencia Social Nuestra Señora de la Asunción – ANSA; en las bien sucedidas experiencias de formación de profesores, en cursos ad hoc como Inajá, Arara Azul, GerAção, Pro formación, Parcelada y está muestra Regional de Educación… En la constante apertura a las luchas de Brasil y de América Latina en general, sobre todo de la querida Centroamérica en la vivencia solidaria de la intersectorialidad mejor diciendo solidaridad que viene solidaridad que va. São Félix do Araguaia es una humilde, pero real referencia de glocalización; estamos entre el Araguaia y el Xingu, ¡estamos en América Latina estamos en el mundo! (CASALDÁLIGA, 2004, palestra en la V Mostra Regional de Educação do Araguaia).

De acuerdo con Casaldáliga (op. cit), “La educación en el Araguaia es una real referencia de glocalización”, pues se hace presente en América Latina y para el mundo.

Solidaridad que viene, solidaridad que va

Una lectura crítica de las huellas de la educación en la región de la Prelatura de São Félix do Araguaia, en un periodo que va desde 1970 a 1990 podrá confirmar el potencial y las posibilidades creadas, a partir de proyectos de educación de principios libertadores que promueven la visibilidad social de la clase trabajadora, que pauta cuestiones de la tierra, de la salud, del medio ambiente, de las diversidades y de los Derechos Humanos conforme defendieron Adorno, Paulo Freire y Pedro Casaldáliga. Experiencias como esta pueden darnos la llave de la lectura para esperanzar, pues conforme al poeta Thiago de Mello:

“Es tiempo sobre todo de dejar de ser apenas la solidaria vanguardia de nosotros mismos, se trata de ir al encuentro. Duro en el pecho arde la límpida verdad de nuestros errores, se trata de abrir el rumbo. Los que vendrán serán Pueblo y saber serán luchando”.

 

Lourdes Jorge i Luiz Paiva
São Félix do Araguaia, MT
Publicado primero en la Agenda Llatinoamericana Mundial del 2023

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La utopía continúa

La utopía continúa

¡Tan sólo hay un problema, sólo un problema, en todo el mundo!: Devolver a los hombres un significado espiritual, inquietudes espirituales. Hacer que caiga sobre ellos una lluvia que se asemeje a un canto gregoriano. Antoine de Saint-Exupéry

 

La Utopía no es una quimera sino un desafío. Por eso tenemos que preguntarnos cómo vamos de Utopía.

Preocupados por la construcción diaria de la política como arte de lo posible, ¿perdemos de vista lo que parece imposible y sin embargo es necesario? ¿Hay que conformarse con elegir gobiernos más o menos de izquierda y continuar, sumisos o derrotados, dentro del sistema capitalista de derecha? ¿Qué queda de la vieja disyuntiva capitalismo-socialismo?

¿Ya no es posible el socialismo? ¿Hemos llegado tarde? ¿No sigue siendo la Utopía «necesaria como el pan de cada día»?

No falta quien afirme que ya pasó la hora de las derechas y las izquierdas. A esta afirmación el humorista responde: «El que no haya derecha ni izquierda, no significa que no haya arriba y abajo»; «los que tienen y los que no tienen», diría Cervantes). ¿Ya no es posible el socialismo? ¿Hemos llegado tarde? ¿No sigue siendo la Utopía «necesaria como el pan de cada día»?

¿Pero qué socialismo o socialismos? Abogamos por un socialismo nuevo. Con la novedad de una democracia radicalizada, universal, económica, social y cultural. «No habrá socialismo, afirma Boaventura de Sousa Santos, y sí socialismos. Tendrán en común reconocerse en la definición de socialismo como democracia sin fin».

Nos preguntamos: ¿qué cambios hemos experimentado en función de las lecciones que nos ha dado la historia? ¿Qué actitudes, qué acciones son de esperar hoy de una militancia socialista? Nadie nace socialista, el socialista se hace. Personalmente y comunitariamente. Hay valores referenciales, eso sí, que son columnas maestras del socialismo nuevo: la dignidad humana, la igualdad social, la libertad, la corresponsabilidad, la participación, la garantía de alimento, salud, educación, vivienda, trabajo, la ecología integral, la propiedad relativizada porque sobre ella pesa una hipoteca social.

Un socialismo que merezca este nombre, rechaza, por definición, toda dictadura y todo imperialismo; y también toda democracia que sea apenas formal.

«No hay estructura socialista, insiste Fray Betto, que produzca, por efecto mecánico, personas de índole generosa, abiertas al compartir, si no se adopta una pedagogía capaz de promover permanentemente emulación moral, capaz de hacer del socialismo el nombre político del amor». «Es ilusión voluntarista, advierte Wladimir Pomar, establecer formas rígidas para las transformaciones necesarias y para la radicalización de la democracia… Ellas, las transformaciones, dependen de muchos factores que trascienden nuestro simple deseo y demandan tiempo y sudor. Sin una visión clara al respecto cualquier socialismo corre el riesgo de resbalar, tanto para el democratismo caótico como para el autoritarismo». Evidentemente un socialismo que merezca este nombre, rechaza, por definición, toda dictadura y todo imperialismo; y también toda democracia que sea apenas formal.

Trabajar en red significa hacerlo de un modo horizontal pero coordinado, crecer desde abajo y de modo descentralizado, alimentar la autogestión y la acción directa.

Agustí de Semir constata que «dadas las trampas de la democracia son muchos los que se sitúan fuera del sistema y hablan de trabajar en red. Hacen la lucha desde otro punto de partida, con foros sociales, ocupación de tierra, acogida de emigrantes, medios de comunicación alternativos, etc. Trabajar en red significa hacerlo de un modo horizontal pero coordinado, crecer desde abajo y de modo descentralizado, alimentar la autogestión y la acción directa».

«Socialismo, por tanto, afirma Paul Singer, significa una economía organizada de tal modo que cualquier persona o grupo de personas tengan acceso a crédito para adquirir los medios de producción de que necesitan para desarrollar actividades de su elección. Esto implica, evidentemente, la eliminación de la pobreza, de la exclusión social…».

El sociólogo François Houtart propone cuatro principios-objetivos para un socialismo nuevo:

  • Prioridad de una utilización renovable de los recursos naturales.
  • Predominio del valor de uso sobre el valor de cambio.
  • Participación democrática en todos los sectores de la vida colectiva.
  • Interculturalidad.

Anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

La Utopía continúa, a pesar de todos los pesares. Escandalosamente desactualizada en esta hora de pragmatismo, de productividad a toda costa, de postmodernidad escarmentada. La Utopía de que hablamos la compartimos con millones de personas que nos han precedido, dando incluso la sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan. Esta Utopía está en construcción; somos obreros de la Utopía.

La proclamamos y la hacemos; es don de Dios y conquista nuestra. Con esta «agenda utópica» en la mano y en el corazón, queremos «dar razón de nuestra esperanza»; anunciamos e intentamos vivir, con humildad y con pasión, una esperanza coherente, creativa, subversivamente transformadora.

 

Pedro Casaldáliga
Agenda Latinoamericana Mundial de 2009

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El cristianismo no ha hecho más que comenzar

El cristianismo no ha hecho más que comenzar

Esta frase del sacerdote y teólogo cristiano ortodoxo ruso Alexander Men (1935-1990), último sacerdote asesinado por la KGB soviética, puede desconcertar a quienes recuerdan 2000 años de cristianismo, con numerosos mártires, santos y santas, catedrales, Sumas Teológicas y misiones evangelizadoras.

Alexander Men no se limita a lamentar los pecados y llagas de una Iglesia santa y pecadora, ni dice que el cristianismo todavía no exista, sino que intuye que el cristianismo todavía no ha desarrollado todas sus inmensas potencialidades evangélicas, teológicas y pastorales. Más que mirar con nostalgia un pasado cristiano que ya no existe, hemos de ir adelante para evangelizar el mundo de hoy secularizado, agnóstico y postmoderno.

Intentemos desarrollar y concretar la intuición de Alexander Men:

  • El laicado, que constituye la inmensa mayoría del Pueblo de Dios, que ha recibido el bautismo y la unción del Espíritu, ha quedado marginado y pasivo en una Iglesia clerical.
  • La mujer no ocupa, en la Iglesia patriarcal y machista de hoy, el lugar que el Señor le ha destinado y que el evangelio anuncia.
  • El Espíritu Santo ha quedado relegado y olvidado en  la práctica, con lo cual el cristianismo, sobre todo el cristianismo latino, queda reducido a doctrinas, leyes y ritos, sin una vivencia espiritual ni una verdadera alegría.
  • La identidad cristiana no ha tenido suficientemente en cuenta la presencia salvífica del Espíritu del Señor en todas las religiones y culturas, también en la ciencia y antropología moderna.
  • El magisterio eclesial, la teología y la pastoral no han tomado en serio el que a los pequeños y sencillos han sido revelados los misterios del Reino y que los pobres son un lugar de revelación.
  • El cristianismo se ha abierto tarde y tímidamente a la ecología, que ofrece inmensas perspectivas teológicas, espirituales y prácticas.
  • Una lectura muy literal y fundamentalista de la Escritura, desde el Génesis al Apocalipsis, genera en el Pueblo cristiano una visión del origen y del fin de la vida cósmica y personal que es incompatible con el pensamiento científico y humanista moderno y con el mundo juvenil.

La lista de temas pendientes se puede extender y concretar mucho más: economía, discriminación social, sexual y étnica, refugiados, armamentismo guerra y no violencia, apertura a un ministerio ordenado no célibe, participación de la comunidad eclesial en la elección y formación de sus pastores, etc.

Una sinodalidad eclesial bien comprendida y vivida, puede iniciar procesos y discernimientos que ayuden a que el cristianismo “que no ha hecho más que comenzar”, crezca y dé fruto en el mundo de hoy. Entonces, el cristianismo, hoy todavía incipiente, crecerá y dará mucho fruto, como los sarmientos estrechamente unidos a Jesús, la verdadera vid (Juan 15). Alexander Men tenía razón.

 

Victor Codina.

[Publicat abans al blog de Cristianisme i Justícia.]

 

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La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja

La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja

No es la primera vez que el pueblo Khikatxi, en territorio indígena wawi, se reubica en lo más profundo de la selva para preservar la salud y el bienestar de sus habitantes. ¿Será la última?

Cada noche, los hombres kisêdjê llevan sillas de plástico al centro de un enorme patio rodeado por las decenas de chozas que componen la aldea Khikatxi. La estación seca y la escasa luz se combinan para crear un cielo negro profundo y estrellado sobre el territorio indígena wawi, en el noreste del estado brasileño de Mato Grosso. Habitualmente se reúnen para tratar los asuntos de la comunidad o simplemente para hablar sobre el día. Se sientan en círculo en la oscuridad, interrumpida ocasionalmente por el brillo ardiente de un cigarrillo o la pantalla de un teléfono móvil.

Aquella tarde de finales de octubre, un visitante inició la conversación. El jefe Paulo Xavante había llegado unas horas antes tras un viaje de 400 kilómetros desde otro territorio indígena. Su misión era recoger semillas de pequi, una fruta amarilla de sabor fuerte nativa del Cerrado, que había empezado a crecer curiosamente por encima de la media en la zona de transición de la sabana con la Amazonia.

Aldea indígena

La estación seca trae consigo noches estrelladas bajo las cuales los hombres de Kisêdjê se reúnen para tratar los asuntos de la aldea (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La frontera agrícola avanza rápidamente en Mato Grosso. En sólo una década, la superficie plantada de soja creció un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganadería hacia el norte. En 2021, el estado cosechaba una cuarta parte de toda la soja brasileña, unos 35 millones de toneladas, una cifra equivalente al 80% de la producción total de Argentina y el doble de la de China. Además de su abundante soja, el estado cuenta con 79 territorios indígenas.

Xavante planeó cultivar pequi en un agroforestal, integrando los cultivos comerciales con el bosque nativo como forma de generar ingresos sin deforestar. A pesar de enfrentarse a las presiones de la expansión de la producción de productos agrícolas en Mato Grosso, su pueblo quiere evitar asociarse con los agricultores y plantar soja, como ya hacen otros pueblos xavantes, como en el territorio de Sangradouro.

«He venido a buscar pequi para alimentarnos y comerciar, para favorecer nuestra salud y el aire que respiramos», dijo Xavante, dirigiéndose a los oyentes sentados. «Estoy en contra de lo que están haciendo en Sangradouro. Allí hubo manipulación, porque el agricultor se lleva el 80% y el indio el 20% [de los ingresos de la soja], y luego se destruye la tierra».

La frontera agrícola avanza rápidamente en Mato Grosso. En sólo una década, la superficie plantada de soja creció un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganadería hacia el norte. En 2021, el estado cosechaba una cuarta parte de toda la soja brasileña, unos 35 millones de toneladas, una cifra equivalente al 80% de la producción total de Argentina y el doble de la de China. Además de su abundante soja, el estado cuenta con 79 territorios indígenas.

Frontera de la soja en la Amazonia

La frontera del territorio wawi es clara: a un lado el bosque nativo, al otro los extensos campos de soja (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Los campos ya tocan los límites del territorio wawi. Aunque no se ha cruzado la línea, los kisêdjê se sienten amenazados por el impacto del monocultivo en su tierra y su gente. Son vecinos, pero viven una existencia antagónica. Por esta razón, en 2018, el jefe Kuiussi Suyá tomó la drástica decisión de trasladar la totalidad de la aldea Khikatxi, de 380 personas, unos 10 kilómetros hacia la selva amazónica. El proceso aún está en marcha.

Explosión de la soja en Querência

Me reuní con el jefe Kuiussi en el puesto de salud indígena de Querência, un municipio de 17.000 kilómetros cuadrados que abarca un centro urbano de 18.000 habitantes y el territorio wawi. Kuiussi, que se está recuperando de una afección cardíaca, dijo que siempre que puede evita ir a la ciudad. Contó que creció pescando en el cercano río Pacas y corriendo por el pueblo, antes de que los emigrantes del sur ocuparan la región en la década de 1980, alentados por el gobierno federal.

Al llegar a Querência por la carretera BR-242, el primer monumento visible es un silo que almacena granos. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Querência se ha convertido en el décimo municipio productor de soja de Brasil. También se encuentra en la ruta del Arco Norte, un corredor de tránsito de productos básicos planificado que hoy es prioritario para la agroindustria y el gobierno de Jair Bolsonaro. El Arco Norte pretende desarrollar un sistema de ferrocarriles, vías fluviales y carreteras para trasladar las cosechas de cereales del medio oeste de Brasil a sus puertos del norte y noreste, reduciendo el coste de las exportaciones. Brasil exporta alrededor del 60% de su soja y el 70% de los envíos van a China, según datos de comercio exterior. 

Hasta ahora, sólo empresas brasileñas han conseguido contratos para construir el Arco Norte. Pero se esperan inversiones de China en la red logística. «China ha empezado a centrarse en toda la cadena de producción agroalimentaria, desde su inicio en la agricultura del país productor hasta incluir la logística, la energía, los puertos, los ferrocarriles, las distintas etapas de toda la cadena de producción», dijo Yan Tian, del Global Environmental Institute, una ONG con sede en Beijing.

El Arco Norte ya es una parte importante de la logística de la agroindustria y aún puede crecer más. «En 2009, exportamos unos 7 millones de toneladas [de cultivos de cereales] a través del Arco Norte, y hoy son aproximadamente 42 millones de toneladas. La tendencia es seguir creciendo», dijo Elisangela Pereira Lopes, de la Confederación de Agricultura y Ganadería, durante una audiencia pública en el Senado en 2021.

La carretera BR-242 conduce a Querência y tiene un intenso tráfico de camiones que transportan granos. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Sin embargo, las infraestructuras de la agroindustria se extienden hacia zonas social y ambientalmente vulnerables, según André Ferreira, director del Instituto de Energía y Medio Ambiente (IEMA). «Hemos identificado 200 intervenciones de infraestructuras logísticas propuestas, planificadas o deseadas por el mercado en la Amazonia, y eso refuerza el movimiento hacia los puertos del Arco Norte, en una zona que es muy sensible», dijo en un reciente seminario web sobre rutas sostenibles de productos básicos hacia China.

«El gobierno y gran parte de los productores de granos tienen un solo pensamiento, que es buscar la salida por el Arco Norte. Pero la sociedad tiene que debatirlo, evaluando cuáles son las ventajas y desventajas para el país, ya que es una zona sensible de la Amazonia. No sólo por la deforestación y la emisión de gases de efecto invernadero, sino también porque hay comunidades indígenas amenazadas por los proyectos de infraestructuras», añadió Ferreira.

Querência está atravesada por la carretera BR-242, también conocida como la «ruta del grano». Es una de las rutas «estratégicas» designadas por el gobierno para el transporte de productos agrícolas. En el futuro, podría conectarse a las redes ferroviarias Fico y Fiol, también destinadas al transporte de mercancías, y parte del proyecto Arco Norte.


Los incendios destruyen el bosque nativo a lo largo de la carretera BR-242, una ruta estratégica para el transporte de productos agrícolas desde zonas como Querência, donde las plantaciones de soja se han expandido significativamente en las últimas décadas. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

A lo largo de los márgenes de la BR-242, son visibles los duros límites entre las extensas explotaciones de soja y los bosques autóctonos a ambos lados. En octubre, hubo incendios en varios tramos. Los incendios no se producen de forma natural en la selva amazónica. Sólo sirven para que la agricultura y la ganadería deforesten y gestionen la tierra. En los últimos años, Querência se ha convertido en víctima de su propio éxito: ha conseguido controlar la devastadora pérdida de bosques, lo que ha llevado a las autoridades medioambientales a dar prioridad a otros lugares. Pero el problema persiste, como muestran los datos de PRODES, el programa gubernamental de seguimiento por satélite para la deforestación.

La agroindustria avanza hacia el territorio Wawi (1984-2020)
territorio Wawi (1984-2020) Territorio Wawi (1984-2020)

 

Al llegar a Querência por la carretera, el primer monumento visible es un silo que almacena las cosechas de grano. Al lado de esa carretera, los concesionarios ofrecen tractores en lugar de automóviles. Las tiendas no venden artículos individuales, sino productos y servicios agrícolas. Las calles de la ciudad están principalmente bordeadas por camionetas polvorientas.

El Portal do Xingu Business es un hotel de alta gama. Acoge a empleados de empresas comerciales de todo Brasil y del extranjero, y casi siempre está lleno, nos dice un recepcionista. El Hotel Brisa, mucho más sencillo, recibe a camioneros que transportan mercancías. Por la noche, las idas y venidas se intensifican y se forma una fila de camiones.

El ruido de las obras de construcción está por todas partes. Los constructores levantan casas, apartamentos y otros establecimientos para dar cabida al crecimiento de un municipio con una economía en auge, pero que se distribuye de forma desigual. Los precios están inflados, mientras que el alcantarillado y la gestión de residuos son inadecuados.

Basura en el Araguaia

La basura se vierte al aire libre en los márgenes de la carretera BR-242. Desde 2010, la política brasileña de gestión de residuos exige la construcción de vertederos con impermeabilización para evitar la contaminación del suelo y el drenaje de líquidos y gases tóxicos procedentes de la descomposición. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La situación había angustiado al jefe Kuiussi durante años. “Pensé mucho, solo en el monte, hasta que anuncié mi decisión de trasladar la aldea. Y todos estuvieron de acuerdo.”

Reconstruir un pueblo desde cero

Desde el centro urbano hacia el territorio wawi, el asfalto liso da paso a una carretera de tierra que pasa por asentamientos de la época de la reforma agraria de los años 80 y plantaciones en las que brotan plantones de soja. En medio de varias plantaciones hay caminos bordeados por las palmeras buriti típicas del Cerrado. A medida que me acerco a mi destino, todavía a más de 100 kilómetros, la vegetación adquiere rasgos amazónicos. Los árboles son más altos, más corpulentos, ocultando el interior de la selva a las miradas indiscretas. En otras ocasiones, el paisaje de transición dificulta la determinación de cuál era el bioma circundante.

 

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En el camino, atravesé la finca de 210 kilómetros cuadrados de Agropecuária Rica, hasta su límite con el territorio wawi. Los propietarios de la empresa han intentado incluso ampliar su propiedad hacia la zona indígena, pero el Tribunal Federal denegó la petición. Hoy, los kisêdjê dicen que no hubo ninguna incursión, pero afirman que una avioneta rocía agroquímicos sobre la plantación de Rica una media de tres veces por cosecha, y que pasa por encima de su territorio. La información de contacto que figura en los registros oficiales de la empresa no está actualizada, y no ha sido posible localizar a los propietarios.

Con un mapa escrito a mano y sin conexión a Internet, dejé los campos de soja de Rica y tomé una carretera que bordeaba el bosque. Unos cinco kilómetros más tarde, un edificio de ladrillos abandonado reveló mi ubicación. Era la escuela del antiguo pueblo de Khikatxi. Más adentro, había ruinas de chozas, pero no había nadie a la vista.

Escuela abandonada

Escuela abandonada en el antiguo pueblo de Khikatxi. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Volví a subir por el camino de tierra del campo y, con la ayuda de algunos de sus empleados, recorrí otros diez kilómetros antes de encontrar por fin el nuevo pueblo en construcción.
En el gran patio circular de entrada, los hombres estaban añadiendo fibra de buriti al techo de lo que servirá como puesto de salud. Los troncos cortados en el suelo de tierra delimitan el lugar donde estará la nueva escuela. También se está construyendo una tienda para vender o intercambiar alimentos y joyas.

Otro edificio de ladrillo alberga ya salas administrativas, una cocina comunitaria y un porche con sillas escolares y una pizarra. Además de ser una escuela improvisada, el centro acoge reuniones y es donde, de forma intermitente, funciona el wifi, por lo que siempre está ocupado.

Hombres utilizan fibra de buriti en la construcción del nuevo pueblo de Khikatxi

Hombres utilizan fibra de buriti en la construcción del nuevo pueblo de Khikatxi. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

En el segundo patio de la aldea, las chozas que albergan a las familias indígenas ya están levantadas en un amplio círculo. Más allá, hay pequeños campos, la selva amazónica y el río Pacas.

Una historia de disputas territoriales

Un antiguo camino abierto por los ganaderos, antes de la ratificación del territorio wawi en 1998, fue el punto de partida del nuevo pueblo. «Empezamos a abrir la zona desde la carretera, con el apoyo de maquinaria del municipio. Los primeros en llegar, en 2018, fueron el cacique y algunos dirigentes. Luego, marcamos las casas», dijo Winti Suyá Kisêdjê, un líder local.

Los indígenas ocupan imponentes chozas, construidas según la tradición kisêdjê. Pero la construcción de infraestructuras comunitarias avanza a su propio ritmo, dependiendo de la disponibilidad de personal y otros recursos de las autoridades públicas y las ONGs.

A lo largo de décadas, se taló parte del bosque para dar paso a los pastizales. Pero al no haber nueva deforestación, el bosque secundario creció y se superpuso al pastizal. Además del pasto, los kisêdjê conservan algunas tradiciones ancestrales.

Poco después del amanecer, la comunidad acude en peregrinación al río Pacas. Los hombres pescan matrinxãs y pacus y, con un poco de suerte, capturan caimanes para la comida del día. Las mujeres utilizan los troncos de los árboles como bancos para lavar los utensilios y la ropa, mientras los niños nadan a su alrededor. Un silencio tranquilo -interrumpido sólo por los pájaros, los insectos y el curso de agua- hace que parezca que siempre han estado allí. Pero la mudanza más reciente ni siquiera fue la primera.

Una mujer lava su ropa

Una mujer lava su ropa mientras un niño juega en las aguas del río Pacas. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

A mediados del siglo XX, las disputas por la tierra se intensificaron en el centro de Brasil. En 1961, el gobierno federal creó el Parque Nacional del Xingu, una iniciativa sin precedentes. Fue el resultado de una década de esfuerzos liderados por los indígenas del Xingu y los hermanos Villas Bôas, sertanistas -líderes de expediciones al interior de Brasil- que en la década de 1940 encabezaron una comitiva oficial para cartografiar el país. Sin embargo, abandonaron la misión para instalarse en Mato Grosso.

La líder comunitario Winti Suyá Kisêdjê.

La líder comunitario Winti Suyá Kisêdjê. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Con la creación del parque nacional, varios pueblos que vivían fuera de sus límites tuvieron que trasladarse a la nueva zona protegida, los kisêdjê entre ellos. La presión de los exploradores y gobernantes para crear pistas de aterrizaje, pastizales y aldeas en el Mato Grosso fue cada vez mayor. Más tarde se convirtieron en grandes plantaciones y ciudades populosas.

Sin embargo, los kisêdjê, como muchos grupos indígenas, tienen una fuerte conexión con sus territorios. La antropóloga Marcela Stockler escribió que las aldeas, los campos, los senderos y los cursos de agua se nombran en función de los acontecimientos y encuentros que tuvieron lugar allí: «donde nació tal antepasado, donde se capturaron enemigos, etc.». La historia del pueblo Kisêdjê se construye sobre el espacio que ocupa su gente.

Winti dice que sus antepasados no han olvidado la tierra que dejaron atrás. «Solían venir al antiguo pueblo todos los años. Remaban dos días en una canoa para llegar allí», dice. «Pero una vez, cuando llegaron, estaba todo derruido. Había incluso una pista de aterrizaje.»

Tras años de conflictos y peticiones oficiales, los kisêdjê regresaron a su antigua aldea en 1973. Allí permanecieron hasta hace poco, cuando nuevas presiones empezaron a preocuparles.

“El problema de hoy es diferente”

Era antes del mediodía, pero un sol y calor abrasador ya molestaban a los hombres kisêdjê vestidos con trajes tradicionales que se habían reunido bajo un refugio. «En el pasado hubo peleas [con los agricultores] cuando recuperamos nuestras tierras, pero quiero hablar de hoy: el problema de hoy es diferente», dijo Yaiku Suyá.

Más que las disputas territoriales, las consecuencias a largo plazo de la ocupación desenfrenada por la agroindustria amenazan actualmente el modo de vida de los kisêdjê. Khikatxi es la mayor de las siete aldeas del territorio, ocupada por 608 personas, que viven de la pesca y la caza legalizadas, de pequeñas plantaciones de mandioca, papa y caña de azúcar, y de la recolección de frutos autóctonos.

«Las lluvias a veces son tardías y la planta se muere de calor», explica el técnico agrícola Yaiku, que añade que, cuando llegan, las tormentas y los vientos se han vuelto lo suficientemente fuertes como para derribar los cultivos. «Alrededor del territorio, fíjate que todo está deforestado. No hay bosque que contenga el viento y el agua. Rezamos al espíritu para que desvíe las fuertes lluvias».

Hombres Kisêdjê

Los hombres Kisêdjê se reúnen bajo un salín de reuniones para discutir la amenaza de las sequías y las tormentas, nuevos problemas que saben que están relacionados con la expansión de la agroindustria fuera de su territorio. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino).

La intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos se describe en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Según el texto, elaborado por científicos del clima de todo el mundo, la Amazonia es muy vulnerable.

El uso de pesticidas también tiene graves consecuencias para el medio ambiente y la salud humana. «Vi que los alimentos ya no crecían como en la tierra, vi que los cuerpos de la gente cambiaban, la gente tenía picores y diarrea», dijo el cacique Kuiussi.

Yaiku cuenta que en el antiguo pueblo había una preocupación constante por la comida: «Sé cómo se gestionaba el antiguo campo y me di cuenta de que aparecían nuevas plagas». Las orugas, las hormigas grandes y los cerdos de monte se multiplicaron, dice. «Con el avance de la soja, el campo empezó a debilitarse. Hay menos variedad de semillas y el veneno mata las plantas».

Los manantiales se han vuelto fangosos y están contaminados, dijo Yaiku. El agua que consumen proviene de pozos artesianos y a veces hay escasez. El suministro de pescado ha disminuido, y animales como los tapires huelen a agroquímicos, añadió. «La carne incluso ha cambiado de color y ya no tiene sabor. Los animales están consumiendo la soja.»

Los estudios demuestran la contaminación de las aguas de la cuenca del Xingu, incluido el río Pacas, cuyas fuentes se encuentran fuera de la reserva. Una investigación de la Universidad Federal de São Paulo detectó residuos de pesticidas en los cultivos. Otro trabajo de la Universidad de Brasilia constató el encenagamiento del río Pacas en los lugares en los que se habían deforestado los bosques ribereños, y encontró contaminantes en zonas adyacentes a los campos agrícolas. El estudio de la Universidad de São Paulo señaló un desequilibrio en las poblaciones de peces de la cuenca alta del Xingu.

También hay pruebas que demuestran los efectos agudos de la exposición cercana a los plaguicidas. Entre ellos están las irritaciones y alergias cutáneas, los vómitos y la diarrea. Las mujeres embarazadas, los niños y los adolescentes son el grupo de mayor riesgo. Los animales también pueden ser envenenados.

Un oso hormiguero cruza un campo de soja cerca del antiguo pueblo indígena.

Un oso hormiguero cruza un campo de soja cerca del antiguo pueblo indígena. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Pero la reubicación del pueblo ha renovado la esperanza. «Hemos creado nuestro primer campo y estamos entusiasmados. La tierra es buena, no tenemos que luchar contra las plagas. Es más seguro», dice Yaiku.

Los retos de la economía forestal

Una tierra sana es importante para la recolección de especies autóctonas, una práctica que conecta a los indígenas con su entorno y con los mercados potenciales de productos forestales sostenibles fuera de su territorio.

Los Kisêdjê recolectan entre 600 y 800 kg de miel al año, que, junto con la producción de otras especies, contribuye a Mel dos Índios do Xingu, la primera marca indígena aprobada en el país, que está a la venta desde 2001.

La producción de aceite de pequi orgánico, que los propios Kisêdjê desarrollaron por primera vez, les valió el Premio Ecuatorial de la ONU en 2019. El premio se otorga a soluciones comunitarias innovadoras para el desarrollo sostenible.

Una mujer de Kisêdjê regresa a su pueblo con un cuenco lleno de pequis.

Una mujer de Kisêdjê regresa a su pueblo con un cuenco lleno de pequis. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino) (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La recogida del pequi es un ritual en el que participa toda la comunidad, especialmente las mujeres. Los árboles más grandes están cerca de la antigua aldea. Se plantaron hace décadas para recuperar las tierras degradados. Pero las semillas ya se están dispersando en los alrededores de la nueva aldea.

«Nos mudamos lejos para estar tranquilos. Al quedarnos aquí, tenemos que pensar en el futuro de los niños», dijo la matriarca Wekoí Suyá, a través de un traductor. «Pero creemos que habrá mucho pequi, que será suficiente para comercializar».

Incluso con un menor riesgo de contaminación, la producción de aceite de pequi sigue teniendo problemas. Anteriormente, el procesamiento alcanzaba los 400 litros anuales, pero se interrumpió por la pandemia. Los comerciantes de Brasil y del extranjero también han tenido dificultades para venderlo.

La empresa estadounidense Culinary Culture Connections importa productos sostenibles de América Latina, como el aceite de pequi. Su cofundador, el antropólogo Gregory Prang, ha trabajado con grupos étnicos de Brasil y quiere estimular la economía forestal. Prang dice que el aceite es «muy sabroso» cuando se usa en moquecas (guisos), pero tiene pocos seguidores en suelo norteamericano.

«El pequi es poco conocido aquí [en Estados Unidos] y me falta presupuesto de marketing para promocionar el producto», dice Prang. «Todos los años tengo que tirar la mitad. La compra es cara y la importación requiere mucho tiempo». »

En el último envío, la empresa pidió cien tarros de 180 ml, que tardaron seis meses en llegar a su destino. El producto tiene una vida útil de un año. El tarro, que inicialmente se vendía a 20 dólares, cuesta ahora 7,50 dólares a través del sitio web de la empresa estadounidense.

Una mujer Kisêdjê abre el pequi para obtener el núcleo carnoso

Una mujer Kisêdjê abre el pequi para obtener el núcleo carnoso. Las mujeres recogen los pequis amontonados en el suelo, empuñan machetes y cortan las cáscaras duras del fruto para obtener las semillas, que se llevan a la zona de procesamiento para extraer el aceite. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Prang se pregunta si la bioeconomía -objeto de crecientes debates sobre cómo los pueblos amazónicos pueden generar ingresos y mantener la selva en pie- puede realmente prosperar. Después de hacer una encuesta sobre las decisiones de compra de más de 1.000 hogares latinoamericanos, se dio cuenta de que pocas personas están interesadas en pagar más por la sostenibilidad.

«Es lo mismo en otras partes del mundo. Hay una tendencia a evangelizar sobre el comercio justo, pero la mayoría de la gente no piensa en ello», añadió.

Los acuerdos con las cadenas de supermercados Pão de Açúcar y el famoso chef Alex Atala para la compra de aceite de pequi se han roto, dijeron sus oficinas de prensa, sin ofrecer detalles.

Un estudio del proyecto Amazonia 2030 muestra que la soja es la principal exportación de la región, generando 9.800 millones de dólares en ingresos entre 2017 y 2019. Mientras tanto, en el mismo período, las exportaciones de productos de la bioeconomía amazónica generaron 298 millones de dólares, apenas el 2% de las de la soja. El volumen de pequi exportado es tan pequeño que no se incluye en los datos.

El apoyo estatal a las iniciativas respetuosas con los bosques también es desproporcionadamente bajo. Entre 2019 y 2020, el gobierno proporcionó 2.000 millones de reales (428 millones de dólares) en créditos para pequeños y medianos productores de la Amazonía. De esa cantidad, 55 millones de reales (11,7 millones de dólares) se destinaron a actividades sostenibles. El resto se destinó a la agroindustria, principalmente al cultivo de granos y a la producción de carne vacuna, según un informe de la organización Conexsus.

Aun así, los kisêdjê dependen de las actividades de recolección. Wekoí Suyá dice que las mujeres se han hecho cargo de la plantación de los frutos de achiote y muruci. Y este año, la aldea construirá una planta de procesamiento de aceite. «Siempre pensamos en los que vendrán después de nosotros», dijo.

Indígenas recogiendo frutos de jaboticaba

Indígenas recogiendo frutos de jaboticaba de un árbol cerca de un campo de soja. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

El ciclo de la deforestación por el avance de la soja

En mi última mañana en el pueblo de Khikatxi, Winti me llevó más al norte, a las orillas del río Pacas, que marca el límite del territorio wawi. En la otra orilla había una gran extensión de bosque autóctono, a diferencia de la parte sur del territorio, repleta de campos de soja. Sin embargo, incluso allí se podía ver la deforestación en la distancia.

Deforestación ilegal en la zona de impacto del territorio Wawi
Deforestación ilegal en la zona de impacto del territorio Wawi 2019 Deforestación ilegal 2020

Esta parte de la selva sirve de amortiguador del territorio indígena, con la agricultura intensiva, la ganadería y la tala prohibidas. Sin embargo, las autoridades medioambientales han confirmado que se ha producido una deforestación ilegal y han multado a los responsables.

Las plantaciones de soja se han acercado tanto a los límites de un lado del territorio wawi que han obligado a sus habitantes indígenas a desplazarse. La coexistencia se ha vuelto imposible. Por otro lado, vuelve a empezar el proceso recurrente de ocupación de nuevas partes de la Amazonia. Winti se pregunta qué vendrá después: «¿Vamos a quedar atrapados? ¿Tendremos que desplazarnos de nuevo? ¿Cuándo? ¿Hacia dónde? Esta tierra tiene límites».

 

Lívia Machado Costa también ha contribuido a este artículo.

 

Este artículo de Flávia Milhorance apareció originalmente en Diálogo Chino y lo publicamos aqui bajo una licencia de Creative Commons.

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La causa indígena. Un nuevo modelo de hacer pastoral y política

La causa indígena. Un nuevo modelo de hacer pastoral y política

En el decurso de los años 70, en Brasil y en toda América Latina, comenzó a surgir toda una nueva articulación de prácticas pastorales y políticas, basadas en criterios tales como inserción en la base, conocimiento, contacto, respeto y convivencia con el pueblo en toda su diversidad social y cultural. Frente al terror que cubría casi todo el continente latinoamericano, pequeñas comunidades, casi clandestinas, realizaban este nuevo trabajo, con prácticas concretas desde una visión utópica, releyendo el Evangelio y reinventando la práctica política, o como se decía entonces: “con un oído en el pueblo y el otro en el evangelio”.

En esos grupos participaban cristianos de muchas denominaciones y tradiciones religiosas, pero también militantes de las causas populares que no profesaban fe religiosa, pero que practicaban el respeto a la diversidad y deseaban la práctica colectiva, con un mismo horizonte utópico.

En este contexto surgen las nuevas pastorales de la Iglesia católica, como la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) y el Consejo Indigenista Misionero (CIMI) entre otras. Don Pedro participó en la fundación de ambas entidades, vinculadas a la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB) y, a través de ellas, se implica permanente en la situación de los campesinos y de los pueblos indígenas en todo el país, al tiempo que contribuye decisivamente en la definición de sus líneas de trabajo, de apoyo, de solidaridad, de formación y de esfuerzo organizativo para que campesinos y pueblos indígenas puedan afrontar los serios desafíos de aquel momento y luchar por sus derechos.

Pedro Casaldáliga en el Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra, en 1983

Pedro Casaldáliga en el Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra, en 1983

Desde un inicio, Don Pedro se convirtió en uno de los principales portavoces de aquel amplio movimiento pastoral y social que se constituía silenciosamente en todo Brasil. Lo ejerció con su radicalidad en la crítica, en el compromiso, en el humanismo que valoraba las instituciones, tanto del Estado como de la Iglesia, en función del servicio a la vida plena de los pueblos, particularmente de los más pobres y, entre éstos, de los pueblos indígenas.

En una entrevista que en 1978 le hizo Teófilo Cabestrero, Don Pedro explícito sus tesis fundamentales sobre la centralidad de los pueblos indígenas en su visión del trabajo pastoral y de compromiso de los cristianos latinoamericanos en aquel momento histórico. Sus formulaciones, dichas de manera simple y profunda, revelaban el rumbo por donde caminaba, en las últimas décadas, la pastoral indigenista, lo mismo que revelaban la nueva visión del papel transformador de los pueblos indígenas en la América Latina.

“Los pueblos indígenas están siendo, en algunas iglesias, una prioridad. Te aseguro que, en mi sensibilidad pastoral, lo son. Porque es la prioridad más evangélica. Por dos motivos. Primero porque son los más pobres, como personas y como pueblo. No digo que sean los menos felices. Como personas y como pueblo tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Estorban. Sus tierras, su floresta, su casa, su hábitat maravilloso, este lago Tapirapé que estás viendo, son estímulo, pasto, de la codicia de los grandes, de los poderosos, del latifundio, de las famosas carreteras, de la integración nacional, del tristísimo desarrollo (¡maldito sea el desarrollo en estas circunstancias mortíferas!, ¿no?) y del turismo. A causa de esta condena a muerte son los indios la causa más evangélica. Su supervivencia es frecuentemente cuestión de meses; dos, tres meses; una carretera que irrumpe, que pasa, que ataca el organismo indígena que ya se queda sin defensas. O un simple sarampión puede llevarse una aldea entera. Y, en segundo lugar, son también los seres más evangélicos, porque siendo los más pobres, los menores, los más desamparados, son también los más libres de espíritu, los más comunitarios y los que viven más armónicamente con la naturaleza, con la tierra, con el agua, con la luz, con la fauna y con la flora. Serían ellos, en la expresión antiquísima que Ad Gentes actualizó, y que a mí me impresiona mucho, serían ellos ‘las simientes del Verbo’, o, mejor, traduciendo con mayor precisión, ‘el Verbo encarnado’ en estos pueblos. Se percibe realmente lo que aquí está encarnado.

En la medida en que la Iglesia de Brasil y toda la Iglesia del continente sepan y quieran hacer las debidas renuncias y asuman evangélicamente la causa de los indios, ellas serán realmente un revulsivo para toda la Iglesia y para toda la sociedad, y, por eso mismo, una poderosísima fuerza del evangelio. Pero, claro, para asumir más la causa indígena es menester despojarse de todo etnocentrismo pastoral, de todo colonialismo. Despojamiento que ha de ser lúcido, incluso científicamente, y, tal vez, heroico. Si eso implica dejar muchas cosas, pensar de otra manera, renunciar bastante a la propia religión inclusive… No es ya renunciar simplemente a costumbres, a modos de comer y vestir, o de ver y sentir; ni se trata siquiera de renunciar sólo a las filosofías. Es renunciar incluso a la propia religión. No digo a la fe, está claro. Tú me entiendes perfectamente”.

La Misa de la Tierra Sin Males

Las matrices de clase, de valores cristianos y de cultura catalanas de Casaldáliga, todas milenarias, son para él un referente espiritual en aquel momento histórico vivido por los pueblos de América Latina, con su múltiple necesidad de superar el terror de Estado, el desaliento de la miseria social y las prácticas políticas tradicionales, incluso de la izquierda institucional y de las izquierdas más radicales!’

Pedro Casaldáliga escribiendo la Misa de la Tierra Sin Males

Pedro Casaldáliga escribió la Misa de la Tierra sin Males junto a Hamilton Pereira y marcó un antes y un después en la Iglesia brasileña

“El año de 1978 fue considerado en Brasil el “Año de los Mártires de la Causa Indígena”, cuando se celebraban los 350 años de los tres mártires rio-grandenses, Roque González, Afoso Rodríguez y João Castilhos. Ese año el CIMI propuso que no se celebrara sólo la muerte de los tres misioneros jesuitas; se debía celebrar también la muerte de millares de indios, sacrificados por los Imperios cristianos de España y Portugal. Unos y otros, mártires de la causa indígena. La cruz, en medio de todos ellos. Aquéllos, muriendo por amor a Cristo. Éstos, masacrados “en nombre” de Cristo y del Emperador.

… Mártires indefensos por el Reino de Dios hecho Imperio, por el Evangelio hecho decreto de conquista. Víctimas de las masacres que quedaron con nombre glorioso en la mal contada Historia, en la mal vivida Iglesia…”

Proclama Indígena de Don Pedro Casaldáliga.

En esas ruinas históricas y en ese Año de los Mártires de la Causa Indígena nació la idea de la Misa de la Tierra Sin Males.

La Misa habla del pasado, pero también de la actualidad de la opresión a los pueblos indígenas; hace una autocrítica de la práctica misionera, cómplice de ese proceso colonizador, que se puede aplicar también al presente; hace un retrato de la opresión indígena que se aplica también a la realidad actual de los pueblos latinoamericano.

Dato significativo: Don Pedro escribió esa Misa con Pedro Tierra, seudónimo del militante político, ex preso político y ex miembro de una organización de lucha armada de Brasil, Hamilton Pereira da Silva, y con Martín Coplas, argentino de origen indígena, quéchua y aymara.

La Misa de la Tierra Sin Males se celebró por primera vez en la catedral de la Seo, de São Paulo, el día 22 de abril de 1979. Esta misa posibilitó muchas dimensiones, a partir de su dimensión histórica fundamental, de denuncia del proceso colonizador como genocida y etnocida respecto a los pueblos que aquí vivían antes de la llegada de los españoles y de los portugueses: habla del pasado, pero también de la actualidad de la opresión a los pueblos indígenas; hace una autocrítica de la práctica misionera, cómplice de ese proceso colonizador, que se puede aplicar también al presente; hace un retrato de la opresión indígena que se aplica también a la realidad actual de los pueblos latinoamericano. O sea, la Misa de la Tierra Sin Males se refería al pasado, pero también al pasado que seguía presente en la realidad del Brasil y de América Latina.

La elaboración de la celebración de la Misa de la Tierra Sin Males significó ampliar la visión solidaria y evangélica de Don Pedro Casaldáliga en el tiempo y en el espacio: partiendo de los pueblos del Araguaia, sus ojos buscaron mirar y comprometerse, con la palabra, con la denuncia, con la reflexión, con la promesa de la Utopía recuperada, con todos los pueblos indígenas latino-americanos y, por extensión, con todos los pueblos de América Latina en su ansia de libertad.

Inmerso y militante destacado de esa nueva corriente de personas, entidades, grupos, movimientos populares, pastorales, iglesias, pueblos y organizaciones indígenas, con la Misa de la Tierra Sin Males, Don Pedro y sus colaboradores construyen una nueva referencia crítica y autocrítica para el ideario de cristianos y militantes sociales, a partir de la saga de los pueblos indígenas en nuestro continente.

Paulo Maldos. Ex-secretario especial del gabinete de la Presidencia de Lula da Silva

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