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Los 4 motivos de la destrucción de la Amazonía

Los 4 motivos de la destrucción de la Amazonía

Los 4 motivos de la destrucción de la Amazonía

2 de noviembre de 2020

Las Causas de Pedro Casaldáliga

A mediados del año pasado estallaba la noticia: la Amazonía está sufriendo una ola de incendios sin precedentes.

En el telediario, en los periódicos y en los portales de internet circulaban fotografías impactantes de los incendios que arrasaron esta región.

Muchas ONGs también se hicieron eco y publicaron documentos reivindicatorios exigiendo a los gobiernos medidas para parar este crimen ambiental contra la Humanidad.

Incendio en uno de los asentamientos del Araguaia donde la asociación fundada por Casaldáliga trabaja.

La realidad, sin embargo, es que hace muchos años que la Amazonía es incendiada a tasas insoportables.

Aqui en el Araguaia, hace mucho tiempo que las familias de campesinos vienen denunciando que la destrucción de la selva afecta a sus cosechas, a su salud y a las posibilidades de alimentarse.

En 2019 y 2020, sin embargo, la Amazonía se quema como no sucedía en décadas. La destrucción de este bioma fundamental ha llegado ya a límites extremos.

¿Cuáles son las causas de estos incendios? ¿Qué está pasando en esta región del Araguaia, en la Amazonía brasileña? ¿Cómo es que se quema tanto?. Os damos las claves!

1. El escenario perfecto

La región de la Prelatura de São Félix do Araguaia ocupa una superficie aproximada de 150.000 km2 dentro de la Amazonía Legal , en el noreste del estado de Mato Grosso, a aproximadamente 1.200Km al norte de la capital de Brasil, Brasília.

El primer elemento que debemos considerar para entender los incendios son, pues, “las distancias”: el espacio ocupado por la Prelatura de São Félix do Araguaia es mayor que toda Grecia, o toda Nicaragua.

La región del Araguaia se encuentra en la Amazonía Legal brasileña, a 1.200 Km al norte de Brasília.

En esta región tenemos el privilegio de presenciar una rica transición de biomas: del Cerrado, el bioma más rico del mundo, a la exhuberante selva amazónica. Este hecho, confiere una diversidad única de formas de vida vegetales y animales , que se extiende por toda esta región.

La característica geográfica más «marcante», sin embargo, es que esta área está situada entre dos de los grandes ríos de América Latina: el Río Araguaia y el Río Xingu, que desembocan en el Amazonas.

También tiene en sus límites dos grandes y legendarias tierras indígenas y de protección ambiental: el Parque Indígena del Xingu , al oeste y la Isla del Bananal, al este.

Esta configuración hace que la región tenga pocas vías de acceso, muchas de las cuales se encuentran en condiciones precarias.

La carretera principal es la llamada BR-158, que atraviesa la región de norte a sur y que aún tiene más de 200 km sin asfaltar. Esto hace que, aquí, viajar a cualquier ciudad de más 50 mil habitantes signifique hacer entre 15 y 24 horas de autobús.

Vista aéra del pueblo de São Félix do Araguaia en el que la Asociación creada por Casaldáliga desarrolla su trabajo en favor de los campesinos e indígenas.

Se trata de una región poco poblada en la que viven poco más de 150.000 personas. De hecho, ninguno de los 15 municipios que forman el área de la Prelatura de São Félix do Araguaia supera los 35 mil habitante. Además, en ellos, el 43% de la población vive en el campo.

Confresa , con 25.124 habitantes censados ​​(aunque se estiman poco más de 31.500 en 2020), y Serra Nova Dourada, con 1.365, son los municipios más grande y más pequeño respectivamente.

Tenemos que entender pues esta región de la Amazonía como una enorme extensión de selva, zonas pantanosas y savana, en la que los diferentes pueblos y comunidades están separados por grandes distancias y donde las vías de acceso son muy precarias.

2. El material inflamable

El principal sector económico son los servicios, que representan la mitad de la economía regional. La otra economía importante es la producción agrícola.

Los servicios incluyen actividades como el comercio, la construcción y los relacionadas con la administración pública.

La producción en el campo se reduce, sin embargo, a la ganadería extensiva ya la producción de soja a gran escala. Se trata de las dos únicas cadenas productivas estructuradas en la región.

De hecho, una de las peculiaridades de la ocupación del territorio es la relación entre la población y el ganado de ganado: hay 22 cabezas de ganado por cada persona.

En la Amazonía hay 53 millones de hectareas dedicadas a la ganadería extensiva: el equivalente a toda Francia.

Ciertamente, hay una estrecha causalidad entre la baja densidad de población y la cantidad de ganado: la ganadería extensiva necesita grandes territorios para desarrollarse y mano de obra escasa, de manera que se generen procesos de acumulación de capital limitados en relación con el espacio ocupado.

El resultado son bajas tasas de densidad de población en comparación con otras regiones con una economía más avanzada y diversificada.

Este modelo económico fue construido sobre la base de una fuerte política de incentivos fiscales que buscaba la instalación de grandes proyectos agrícolas en la Amazonía y que se empezó a promover sistemáticamente en la década de 1960 … y que se ha reforzado en las últimas décadas.

Al mismo tiempo, las políticas públicas dirigidas a las pequeñas explotaciones y los pequeños campesinos han priorizado el mismo modelo productivo que el adoptado por las grandes explotaciones: se ha animado y apoyado (vía subvenciones y/o crèditos «blandos») la deforestación masiva y la ganadería extensiva como única forma de estar en el campo.

El modelo económico que los poderosos han escogido para la región lleva desarrollándose hace 60 años: primero, apoyado y financiado por la dictadura militar y ejecutado por el latifundio; y en las últimas décadas, facilitado también por las grandes empresas transnacionales , la financiación pública (de nuevo) y la escasez de políticas realistas dirigidas a los agricultores familiares.

3. El combustible más eficaz

Al mismo tiempo en que la actividad ganadera ha aumentado exponencialmente durante los últimos 15 años (concretamente en 15 millones de cabezas de ganado más), esta región viene sufriendo la expansión de la agricultura industrial a gran escala . La soja es el principal cultivo y ocupa casi el 80% del total de áreas agrícolas de la región, concentrándose principalmente en el municipio vecino de Querência.

Para la cosecha de este 2020-2021, se calcula que se recogerán 34 millones de toneladas de soja, de un total de 9,82 millones de hectáreas plantadas , sólo en el Estado del Mato Grosso: 3 Cataluñas enteras, sin un árbol, plantadas únicamente con soja.

En Brasil hay 36 millones de hectáreas de tierra plantadas con soja: el equivalente a toda Alemania, sin un árbol y con un único cultivo.

La relación es muy clara y no admite demasiada discusión: el agronegocio, la agricultura industrial, es la principal causante de la destrucción ambiental del Amazonía.

De hecho, para poder plantar inmensos campos de soja, lo primero que se hace es quemar la selva, pues con los árboles destruidos por el fuego es mucho más fácil comenzar a preparar la tierra para la soja. Posteriormente se retira la madera y se inicia la preparación de una tierra que será sometida a la acción intensa de los fertilizantes y demás defensivos agrícolas.

De este modo, cada año, enormes porciones de vegetación centenaria son intencionadamente quemadas para -como dicen aquí-, “abrir nuevas áreas” para la agricultura industrial, de gran escala, concentrada en manos de pocos, y destinada en su mayor parte a la exportación.

4. El pirómano

 

En el marco de este escenario que vivimos, tenemos que añadir ahora las declaraciones, las decisiones y las políticas que nos llegan desde el nuevo gobierno de Bolsonaro y que apoyan el modelo agroindustrial.

En Brasil la extrema derecha conquistó el poder en enero de 2019 y desde entonces ha puesto en marcha un amplio abanico de acciones destinadas a acabar con la (ya históricamente escasa) política ambiental y para favorecer a los grandes productores de soja y de ganado. Así mismo, el modo de vida de los Pueblos Indígenas o de los pequeños campesinos está siendo sistemáticamente negado y los apoyos que recibían se han cancelado.

El trabajo de concienciación sobre la importancia del Medio Ambiente; de diversificar la producción en el campo priorizando la alimentación y la salud de las familias; de re-plantar zonas de selva y de savana que habían sido quemadas anteriormente, etc, que se había logrado hacer en los últimos 50 años está ahora seriamente amenazado.

Bolsonaro está eliminando los mecanismos financieros que ayudaban a la preservación de la Amazonía, desmantelando los órganos públicos que se dedican a la vigilancia ambiental y haciendo declaraciones que animan a la deforestación y criminalizan movimientos sociales.

Así pues, si sobre una historia caracterizada por la distribución desigual de tierras y por la implantación de un sistema productivo basado en la monocultura de la soja y la ganadería extensiva, sumamos ahora un discurso institucional que exalta a los grandes productores, niega la destrucción de la Amazonía y suspende los fondos públicos para combatir los incendios o para apoyar a los pequeños campesinos, tenemos el coctel perfecto para los incendios masivos que se han producido y se producen en este rincón del Mundo.

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8 de junio de 2020

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Brasil es el segundo país del mundo con más casos Coronavirus, justo detrás de los Estados Unidos. A pesar de que, por motivos obvios, la incidencia del virus se manifiesta especialmente en las ciudades más densamente pobladas, la elevada cantidad de positivos detectados en el estado de Amazonas, uno de los más aislados y con temperaturas más altas del país, sorprende a las autoridades.

Lo más preocupante, sin embargo, no son sólo los datos absolutos, sinó el hecho de que Brasil es el país del mundo donde la pandemia se está propagando más rápidamente.

¿Qué explica esta evolución por encima de la media mundial?

1. La actitud de su presidente

Desde el inicio de la pandemia, e imitando a Trump, el Predisent Bolsonaro ha puesto en marcha una campaña para minimizar la gravedad de la COVID-19.

Contrario a cualquier medida de aislamiento o confinamiento, el presidente de extrema derecha ha mantenido un discurso basado en que el Coronavirus es una “gripezinha”.

Desde que asumió la presidencia del Brasil al 2019, Bolsonaro se ha caracterizado por sus declaraciones xenófobas, homófobas, contrarias a los Pueblos Indígenas e incluso favorables a la dictadura militar y a la tortura. En su gobierno ya hay más de 3.000 militares ocupando varios cargos de responsabilidad y substituyendo a técnicos, científicos y académicos.

Las ideas extravagantes y provocativas de Bolsonaro han hecho que 2 ministros de sanidad hayan dimitido en menos de 4 meses, en plena pandemia.

La relación es clara: cada vez que Bolsonaro sale en la televisión, en la radio o en los diarios minimizando la gravedad de la pandemia y manifestandose contra el aislamiento, más gente sale a la calle ignorando las medidas de confinamiento que alcaldes y gobernadores intentan implantar.

2. Uno de los países más desiguales del mundo

La família de la Darlete viu a l'Assentament Dom Pedro

Darlete vive al Asentamiento Don Pedro, una extensa comunidad rural aislada, en la que viven otras 400 familias en régimen de usufructo de la tierra. Madre de 7 hijos, sus ingresos dependen de lo que consigue vender a la feria quincenal que se organiza en São Félix do Araguaia: un poco de fruta, verdura y legumbres que lleva hasta la feria en un viaje de 6 horas encima un camión. La familia de Darlete percibe una ayuda del gobierno de 205 reales mensuales, unos 35 euros.

En la comunidad donde vive Darlete, para ir al médico -o al banco, o a correos-, tienen que hacer 3 horas de viaje por una carretera de tierra que en la época de las lluvias se transforma en un barrizal. Allí tampoco tienen servicios básicos como agua corriente o alcantarillado.

En esa situación, para familias como la de Darlete, quedarse a casa es sinónimo de pasar hambre. Salir a la calle y continuar su actividad de subsistencia es la única opción que tienen.

La situación en las grandes ciudades es parecida: el 6% de la población (más de 12 millones de personas) vive en “favelas”, donde la densidad poblacional es muy alta y la renta media no llega a los 100 euros mensuales. La mayoría tampoco tienen servicios como agua, alcantarillado o recogida de basura.

Para todos ellos y ellas, quedarse en casa no es una opción.

3. Un sistema sanitario en ruínas

La mayor parte del sistema sanitario de Brasil es privado. Además, si bien es cierto que existe un sistema público de la salud “universal”, el mismo es muy precario. Un ejemplo: un bebé que nace en el Araguaia tiene 7 veces más probabilidades de morir que si lo hace en España.

Pero, además, el sistema de salud pública no llega en condiciones a una buena parte de la población, sobretodo en áreas rurales y comunidades indígenas. Lo cierto es que, en Brasil una buena parte de la población no tiene ningún tipo de asistencia médica.

Aquí en el Araguaia, una de las regiones más distantes y aisladas, un solo hospital, con 1 único respirador, tiene que atender una área equivalente a toda Cataluña. Además, muchos de los poblados y asentamientos en los que viven centenares de familias están en 3 o 4 horas del médico más próximo.

Además, la adquisición de respiradores o tests de detección se ha visto comprometida por el hecho de que Brasil es uno de los últimos países donde la pandemia ha llegado. El mercado está totalmente saturado después de que el virus haya pasado por Asia, por Europa y esté en plena afectación en los Estados Unidos.

En este contexto, el descontrol de la enfermedad es evidente y, además, es plausible pensar que hay muchísimos más casos que los que nos dicen las cifras oficiales.

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