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El cristianismo no ha hecho más que comenzar

El cristianismo no ha hecho más que comenzar

Esta frase del sacerdote y teólogo cristiano ortodoxo ruso Alexander Men (1935-1990), último sacerdote asesinado por la KGB soviética, puede desconcertar a quienes recuerdan 2000 años de cristianismo, con numerosos mártires, santos y santas, catedrales, Sumas Teológicas y misiones evangelizadoras.

Alexander Men no se limita a lamentar los pecados y llagas de una Iglesia santa y pecadora, ni dice que el cristianismo todavía no exista, sino que intuye que el cristianismo todavía no ha desarrollado todas sus inmensas potencialidades evangélicas, teológicas y pastorales. Más que mirar con nostalgia un pasado cristiano que ya no existe, hemos de ir adelante para evangelizar el mundo de hoy secularizado, agnóstico y postmoderno.

Intentemos desarrollar y concretar la intuición de Alexander Men:

  • El laicado, que constituye la inmensa mayoría del Pueblo de Dios, que ha recibido el bautismo y la unción del Espíritu, ha quedado marginado y pasivo en una Iglesia clerical.
  • La mujer no ocupa, en la Iglesia patriarcal y machista de hoy, el lugar que el Señor le ha destinado y que el evangelio anuncia.
  • El Espíritu Santo ha quedado relegado y olvidado en  la práctica, con lo cual el cristianismo, sobre todo el cristianismo latino, queda reducido a doctrinas, leyes y ritos, sin una vivencia espiritual ni una verdadera alegría.
  • La identidad cristiana no ha tenido suficientemente en cuenta la presencia salvífica del Espíritu del Señor en todas las religiones y culturas, también en la ciencia y antropología moderna.
  • El magisterio eclesial, la teología y la pastoral no han tomado en serio el que a los pequeños y sencillos han sido revelados los misterios del Reino y que los pobres son un lugar de revelación.
  • El cristianismo se ha abierto tarde y tímidamente a la ecología, que ofrece inmensas perspectivas teológicas, espirituales y prácticas.
  • Una lectura muy literal y fundamentalista de la Escritura, desde el Génesis al Apocalipsis, genera en el Pueblo cristiano una visión del origen y del fin de la vida cósmica y personal que es incompatible con el pensamiento científico y humanista moderno y con el mundo juvenil.

La lista de temas pendientes se puede extender y concretar mucho más: economía, discriminación social, sexual y étnica, refugiados, armamentismo guerra y no violencia, apertura a un ministerio ordenado no célibe, participación de la comunidad eclesial en la elección y formación de sus pastores, etc.

Una sinodalidad eclesial bien comprendida y vivida, puede iniciar procesos y discernimientos que ayuden a que el cristianismo “que no ha hecho más que comenzar”, crezca y dé fruto en el mundo de hoy. Entonces, el cristianismo, hoy todavía incipiente, crecerá y dará mucho fruto, como los sarmientos estrechamente unidos a Jesús, la verdadera vid (Juan 15). Alexander Men tenía razón.

 

Victor Codina.

[Publicat abans al blog de Cristianisme i Justícia.]

 

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La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja

La huida de un pueblo amazónico por la expansión de la soja

No es la primera vez que el pueblo Khikatxi, en territorio indígena wawi, se reubica en lo más profundo de la selva para preservar la salud y el bienestar de sus habitantes. ¿Será la última?

Cada noche, los hombres kisêdjê llevan sillas de plástico al centro de un enorme patio rodeado por las decenas de chozas que componen la aldea Khikatxi. La estación seca y la escasa luz se combinan para crear un cielo negro profundo y estrellado sobre el territorio indígena wawi, en el noreste del estado brasileño de Mato Grosso. Habitualmente se reúnen para tratar los asuntos de la comunidad o simplemente para hablar sobre el día. Se sientan en círculo en la oscuridad, interrumpida ocasionalmente por el brillo ardiente de un cigarrillo o la pantalla de un teléfono móvil.

Aquella tarde de finales de octubre, un visitante inició la conversación. El jefe Paulo Xavante había llegado unas horas antes tras un viaje de 400 kilómetros desde otro territorio indígena. Su misión era recoger semillas de pequi, una fruta amarilla de sabor fuerte nativa del Cerrado, que había empezado a crecer curiosamente por encima de la media en la zona de transición de la sabana con la Amazonia.

Aldea indígena

La estación seca trae consigo noches estrelladas bajo las cuales los hombres de Kisêdjê se reúnen para tratar los asuntos de la aldea (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La frontera agrícola avanza rápidamente en Mato Grosso. En sólo una década, la superficie plantada de soja creció un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganadería hacia el norte. En 2021, el estado cosechaba una cuarta parte de toda la soja brasileña, unos 35 millones de toneladas, una cifra equivalente al 80% de la producción total de Argentina y el doble de la de China. Además de su abundante soja, el estado cuenta con 79 territorios indígenas.

Xavante planeó cultivar pequi en un agroforestal, integrando los cultivos comerciales con el bosque nativo como forma de generar ingresos sin deforestar. A pesar de enfrentarse a las presiones de la expansión de la producción de productos agrícolas en Mato Grosso, su pueblo quiere evitar asociarse con los agricultores y plantar soja, como ya hacen otros pueblos xavantes, como en el territorio de Sangradouro.

“He venido a buscar pequi para alimentarnos y comerciar, para favorecer nuestra salud y el aire que respiramos”, dijo Xavante, dirigiéndose a los oyentes sentados. “Estoy en contra de lo que están haciendo en Sangradouro. Allí hubo manipulación, porque el agricultor se lleva el 80% y el indio el 20% [de los ingresos de la soja], y luego se destruye la tierra”.

La frontera agrícola avanza rápidamente en Mato Grosso. En sólo una década, la superficie plantada de soja creció un 50%, ocupando en gran medida los pastizales degradados y empujando la ganadería hacia el norte. En 2021, el estado cosechaba una cuarta parte de toda la soja brasileña, unos 35 millones de toneladas, una cifra equivalente al 80% de la producción total de Argentina y el doble de la de China. Además de su abundante soja, el estado cuenta con 79 territorios indígenas.

Frontera de la soja en la Amazonia

La frontera del territorio wawi es clara: a un lado el bosque nativo, al otro los extensos campos de soja (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Los campos ya tocan los límites del territorio wawi. Aunque no se ha cruzado la línea, los kisêdjê se sienten amenazados por el impacto del monocultivo en su tierra y su gente. Son vecinos, pero viven una existencia antagónica. Por esta razón, en 2018, el jefe Kuiussi Suyá tomó la drástica decisión de trasladar la totalidad de la aldea Khikatxi, de 380 personas, unos 10 kilómetros hacia la selva amazónica. El proceso aún está en marcha.

Explosión de la soja en Querência

Me reuní con el jefe Kuiussi en el puesto de salud indígena de Querência, un municipio de 17.000 kilómetros cuadrados que abarca un centro urbano de 18.000 habitantes y el territorio wawi. Kuiussi, que se está recuperando de una afección cardíaca, dijo que siempre que puede evita ir a la ciudad. Contó que creció pescando en el cercano río Pacas y corriendo por el pueblo, antes de que los emigrantes del sur ocuparan la región en la década de 1980, alentados por el gobierno federal.

Al llegar a Querência por la carretera BR-242, el primer monumento visible es un silo que almacena granos. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Querência se ha convertido en el décimo municipio productor de soja de Brasil. También se encuentra en la ruta del Arco Norte, un corredor de tránsito de productos básicos planificado que hoy es prioritario para la agroindustria y el gobierno de Jair Bolsonaro. El Arco Norte pretende desarrollar un sistema de ferrocarriles, vías fluviales y carreteras para trasladar las cosechas de cereales del medio oeste de Brasil a sus puertos del norte y noreste, reduciendo el coste de las exportaciones. Brasil exporta alrededor del 60% de su soja y el 70% de los envíos van a China, según datos de comercio exterior. 

Hasta ahora, sólo empresas brasileñas han conseguido contratos para construir el Arco Norte. Pero se esperan inversiones de China en la red logística. “China ha empezado a centrarse en toda la cadena de producción agroalimentaria, desde su inicio en la agricultura del país productor hasta incluir la logística, la energía, los puertos, los ferrocarriles, las distintas etapas de toda la cadena de producción”, dijo Yan Tian, del Global Environmental Institute, una ONG con sede en Beijing.

El Arco Norte ya es una parte importante de la logística de la agroindustria y aún puede crecer más. “En 2009, exportamos unos 7 millones de toneladas [de cultivos de cereales] a través del Arco Norte, y hoy son aproximadamente 42 millones de toneladas. La tendencia es seguir creciendo”, dijo Elisangela Pereira Lopes, de la Confederación de Agricultura y Ganadería, durante una audiencia pública en el Senado en 2021.

La carretera BR-242 conduce a Querência y tiene un intenso tráfico de camiones que transportan granos. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Sin embargo, las infraestructuras de la agroindustria se extienden hacia zonas social y ambientalmente vulnerables, según André Ferreira, director del Instituto de Energía y Medio Ambiente (IEMA). “Hemos identificado 200 intervenciones de infraestructuras logísticas propuestas, planificadas o deseadas por el mercado en la Amazonia, y eso refuerza el movimiento hacia los puertos del Arco Norte, en una zona que es muy sensible”, dijo en un reciente seminario web sobre rutas sostenibles de productos básicos hacia China.

“El gobierno y gran parte de los productores de granos tienen un solo pensamiento, que es buscar la salida por el Arco Norte. Pero la sociedad tiene que debatirlo, evaluando cuáles son las ventajas y desventajas para el país, ya que es una zona sensible de la Amazonia. No sólo por la deforestación y la emisión de gases de efecto invernadero, sino también porque hay comunidades indígenas amenazadas por los proyectos de infraestructuras”, añadió Ferreira.

Querência está atravesada por la carretera BR-242, también conocida como la “ruta del grano”. Es una de las rutas “estratégicas” designadas por el gobierno para el transporte de productos agrícolas. En el futuro, podría conectarse a las redes ferroviarias Fico y Fiol, también destinadas al transporte de mercancías, y parte del proyecto Arco Norte.


Los incendios destruyen el bosque nativo a lo largo de la carretera BR-242, una ruta estratégica para el transporte de productos agrícolas desde zonas como Querência, donde las plantaciones de soja se han expandido significativamente en las últimas décadas. (Vídeo: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

A lo largo de los márgenes de la BR-242, son visibles los duros límites entre las extensas explotaciones de soja y los bosques autóctonos a ambos lados. En octubre, hubo incendios en varios tramos. Los incendios no se producen de forma natural en la selva amazónica. Sólo sirven para que la agricultura y la ganadería deforesten y gestionen la tierra. En los últimos años, Querência se ha convertido en víctima de su propio éxito: ha conseguido controlar la devastadora pérdida de bosques, lo que ha llevado a las autoridades medioambientales a dar prioridad a otros lugares. Pero el problema persiste, como muestran los datos de PRODES, el programa gubernamental de seguimiento por satélite para la deforestación.

La agroindustria avanza hacia el territorio Wawi (1984-2020)
territorio Wawi (1984-2020) Territorio Wawi (1984-2020)

 

Al llegar a Querência por la carretera, el primer monumento visible es un silo que almacena las cosechas de grano. Al lado de esa carretera, los concesionarios ofrecen tractores en lugar de automóviles. Las tiendas no venden artículos individuales, sino productos y servicios agrícolas. Las calles de la ciudad están principalmente bordeadas por camionetas polvorientas.

El Portal do Xingu Business es un hotel de alta gama. Acoge a empleados de empresas comerciales de todo Brasil y del extranjero, y casi siempre está lleno, nos dice un recepcionista. El Hotel Brisa, mucho más sencillo, recibe a camioneros que transportan mercancías. Por la noche, las idas y venidas se intensifican y se forma una fila de camiones.

El ruido de las obras de construcción está por todas partes. Los constructores levantan casas, apartamentos y otros establecimientos para dar cabida al crecimiento de un municipio con una economía en auge, pero que se distribuye de forma desigual. Los precios están inflados, mientras que el alcantarillado y la gestión de residuos son inadecuados.

Basura en el Araguaia

La basura se vierte al aire libre en los márgenes de la carretera BR-242. Desde 2010, la política brasileña de gestión de residuos exige la construcción de vertederos con impermeabilización para evitar la contaminación del suelo y el drenaje de líquidos y gases tóxicos procedentes de la descomposición. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La situación había angustiado al jefe Kuiussi durante años. “Pensé mucho, solo en el monte, hasta que anuncié mi decisión de trasladar la aldea. Y todos estuvieron de acuerdo.”

Reconstruir un pueblo desde cero

Desde el centro urbano hacia el territorio wawi, el asfalto liso da paso a una carretera de tierra que pasa por asentamientos de la época de la reforma agraria de los años 80 y plantaciones en las que brotan plantones de soja. En medio de varias plantaciones hay caminos bordeados por las palmeras buriti típicas del Cerrado. A medida que me acerco a mi destino, todavía a más de 100 kilómetros, la vegetación adquiere rasgos amazónicos. Los árboles son más altos, más corpulentos, ocultando el interior de la selva a las miradas indiscretas. En otras ocasiones, el paisaje de transición dificulta la determinación de cuál era el bioma circundante.

 

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En el camino, atravesé la finca de 210 kilómetros cuadrados de Agropecuária Rica, hasta su límite con el territorio wawi. Los propietarios de la empresa han intentado incluso ampliar su propiedad hacia la zona indígena, pero el Tribunal Federal denegó la petición. Hoy, los kisêdjê dicen que no hubo ninguna incursión, pero afirman que una avioneta rocía agroquímicos sobre la plantación de Rica una media de tres veces por cosecha, y que pasa por encima de su territorio. La información de contacto que figura en los registros oficiales de la empresa no está actualizada, y no ha sido posible localizar a los propietarios.

Con un mapa escrito a mano y sin conexión a Internet, dejé los campos de soja de Rica y tomé una carretera que bordeaba el bosque. Unos cinco kilómetros más tarde, un edificio de ladrillos abandonado reveló mi ubicación. Era la escuela del antiguo pueblo de Khikatxi. Más adentro, había ruinas de chozas, pero no había nadie a la vista.

Escuela abandonada

Escuela abandonada en el antiguo pueblo de Khikatxi. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Volví a subir por el camino de tierra del campo y, con la ayuda de algunos de sus empleados, recorrí otros diez kilómetros antes de encontrar por fin el nuevo pueblo en construcción.
En el gran patio circular de entrada, los hombres estaban añadiendo fibra de buriti al techo de lo que servirá como puesto de salud. Los troncos cortados en el suelo de tierra delimitan el lugar donde estará la nueva escuela. También se está construyendo una tienda para vender o intercambiar alimentos y joyas.

Otro edificio de ladrillo alberga ya salas administrativas, una cocina comunitaria y un porche con sillas escolares y una pizarra. Además de ser una escuela improvisada, el centro acoge reuniones y es donde, de forma intermitente, funciona el wifi, por lo que siempre está ocupado.

Hombres utilizan fibra de buriti en la construcción del nuevo pueblo de Khikatxi

Hombres utilizan fibra de buriti en la construcción del nuevo pueblo de Khikatxi. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

En el segundo patio de la aldea, las chozas que albergan a las familias indígenas ya están levantadas en un amplio círculo. Más allá, hay pequeños campos, la selva amazónica y el río Pacas.

Una historia de disputas territoriales

Un antiguo camino abierto por los ganaderos, antes de la ratificación del territorio wawi en 1998, fue el punto de partida del nuevo pueblo. “Empezamos a abrir la zona desde la carretera, con el apoyo de maquinaria del municipio. Los primeros en llegar, en 2018, fueron el cacique y algunos dirigentes. Luego, marcamos las casas”, dijo Winti Suyá Kisêdjê, un líder local.

Los indígenas ocupan imponentes chozas, construidas según la tradición kisêdjê. Pero la construcción de infraestructuras comunitarias avanza a su propio ritmo, dependiendo de la disponibilidad de personal y otros recursos de las autoridades públicas y las ONGs.

A lo largo de décadas, se taló parte del bosque para dar paso a los pastizales. Pero al no haber nueva deforestación, el bosque secundario creció y se superpuso al pastizal. Además del pasto, los kisêdjê conservan algunas tradiciones ancestrales.

Poco después del amanecer, la comunidad acude en peregrinación al río Pacas. Los hombres pescan matrinxãs y pacus y, con un poco de suerte, capturan caimanes para la comida del día. Las mujeres utilizan los troncos de los árboles como bancos para lavar los utensilios y la ropa, mientras los niños nadan a su alrededor. Un silencio tranquilo -interrumpido sólo por los pájaros, los insectos y el curso de agua- hace que parezca que siempre han estado allí. Pero la mudanza más reciente ni siquiera fue la primera.

Una mujer lava su ropa

Una mujer lava su ropa mientras un niño juega en las aguas del río Pacas. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

A mediados del siglo XX, las disputas por la tierra se intensificaron en el centro de Brasil. En 1961, el gobierno federal creó el Parque Nacional del Xingu, una iniciativa sin precedentes. Fue el resultado de una década de esfuerzos liderados por los indígenas del Xingu y los hermanos Villas Bôas, sertanistas -líderes de expediciones al interior de Brasil- que en la década de 1940 encabezaron una comitiva oficial para cartografiar el país. Sin embargo, abandonaron la misión para instalarse en Mato Grosso.

La líder comunitario Winti Suyá Kisêdjê.

La líder comunitario Winti Suyá Kisêdjê. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Con la creación del parque nacional, varios pueblos que vivían fuera de sus límites tuvieron que trasladarse a la nueva zona protegida, los kisêdjê entre ellos. La presión de los exploradores y gobernantes para crear pistas de aterrizaje, pastizales y aldeas en el Mato Grosso fue cada vez mayor. Más tarde se convirtieron en grandes plantaciones y ciudades populosas.

Sin embargo, los kisêdjê, como muchos grupos indígenas, tienen una fuerte conexión con sus territorios. La antropóloga Marcela Stockler escribió que las aldeas, los campos, los senderos y los cursos de agua se nombran en función de los acontecimientos y encuentros que tuvieron lugar allí: “donde nació tal antepasado, donde se capturaron enemigos, etc.”. La historia del pueblo Kisêdjê se construye sobre el espacio que ocupa su gente.

Winti dice que sus antepasados no han olvidado la tierra que dejaron atrás. “Solían venir al antiguo pueblo todos los años. Remaban dos días en una canoa para llegar allí”, dice. “Pero una vez, cuando llegaron, estaba todo derruido. Había incluso una pista de aterrizaje.”

Tras años de conflictos y peticiones oficiales, los kisêdjê regresaron a su antigua aldea en 1973. Allí permanecieron hasta hace poco, cuando nuevas presiones empezaron a preocuparles.

“El problema de hoy es diferente”

Era antes del mediodía, pero un sol y calor abrasador ya molestaban a los hombres kisêdjê vestidos con trajes tradicionales que se habían reunido bajo un refugio. “En el pasado hubo peleas [con los agricultores] cuando recuperamos nuestras tierras, pero quiero hablar de hoy: el problema de hoy es diferente”, dijo Yaiku Suyá.

Más que las disputas territoriales, las consecuencias a largo plazo de la ocupación desenfrenada por la agroindustria amenazan actualmente el modo de vida de los kisêdjê. Khikatxi es la mayor de las siete aldeas del territorio, ocupada por 608 personas, que viven de la pesca y la caza legalizadas, de pequeñas plantaciones de mandioca, papa y caña de azúcar, y de la recolección de frutos autóctonos.

“Las lluvias a veces son tardías y la planta se muere de calor”, explica el técnico agrícola Yaiku, que añade que, cuando llegan, las tormentas y los vientos se han vuelto lo suficientemente fuertes como para derribar los cultivos. “Alrededor del territorio, fíjate que todo está deforestado. No hay bosque que contenga el viento y el agua. Rezamos al espíritu para que desvíe las fuertes lluvias”.

Hombres Kisêdjê

Los hombres Kisêdjê se reúnen bajo un salín de reuniones para discutir la amenaza de las sequías y las tormentas, nuevos problemas que saben que están relacionados con la expansión de la agroindustria fuera de su territorio. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino).

La intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos se describe en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Según el texto, elaborado por científicos del clima de todo el mundo, la Amazonia es muy vulnerable.

El uso de pesticidas también tiene graves consecuencias para el medio ambiente y la salud humana. “Vi que los alimentos ya no crecían como en la tierra, vi que los cuerpos de la gente cambiaban, la gente tenía picores y diarrea”, dijo el cacique Kuiussi.

Yaiku cuenta que en el antiguo pueblo había una preocupación constante por la comida: “Sé cómo se gestionaba el antiguo campo y me di cuenta de que aparecían nuevas plagas”. Las orugas, las hormigas grandes y los cerdos de monte se multiplicaron, dice. “Con el avance de la soja, el campo empezó a debilitarse. Hay menos variedad de semillas y el veneno mata las plantas”.

Los manantiales se han vuelto fangosos y están contaminados, dijo Yaiku. El agua que consumen proviene de pozos artesianos y a veces hay escasez. El suministro de pescado ha disminuido, y animales como los tapires huelen a agroquímicos, añadió. “La carne incluso ha cambiado de color y ya no tiene sabor. Los animales están consumiendo la soja.”

Los estudios demuestran la contaminación de las aguas de la cuenca del Xingu, incluido el río Pacas, cuyas fuentes se encuentran fuera de la reserva. Una investigación de la Universidad Federal de São Paulo detectó residuos de pesticidas en los cultivos. Otro trabajo de la Universidad de Brasilia constató el encenagamiento del río Pacas en los lugares en los que se habían deforestado los bosques ribereños, y encontró contaminantes en zonas adyacentes a los campos agrícolas. El estudio de la Universidad de São Paulo señaló un desequilibrio en las poblaciones de peces de la cuenca alta del Xingu.

También hay pruebas que demuestran los efectos agudos de la exposición cercana a los plaguicidas. Entre ellos están las irritaciones y alergias cutáneas, los vómitos y la diarrea. Las mujeres embarazadas, los niños y los adolescentes son el grupo de mayor riesgo. Los animales también pueden ser envenenados.

Un oso hormiguero cruza un campo de soja cerca del antiguo pueblo indígena.

Un oso hormiguero cruza un campo de soja cerca del antiguo pueblo indígena. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Pero la reubicación del pueblo ha renovado la esperanza. “Hemos creado nuestro primer campo y estamos entusiasmados. La tierra es buena, no tenemos que luchar contra las plagas. Es más seguro”, dice Yaiku.

Los retos de la economía forestal

Una tierra sana es importante para la recolección de especies autóctonas, una práctica que conecta a los indígenas con su entorno y con los mercados potenciales de productos forestales sostenibles fuera de su territorio.

Los Kisêdjê recolectan entre 600 y 800 kg de miel al año, que, junto con la producción de otras especies, contribuye a Mel dos Índios do Xingu, la primera marca indígena aprobada en el país, que está a la venta desde 2001.

La producción de aceite de pequi orgánico, que los propios Kisêdjê desarrollaron por primera vez, les valió el Premio Ecuatorial de la ONU en 2019. El premio se otorga a soluciones comunitarias innovadoras para el desarrollo sostenible.

Una mujer de Kisêdjê regresa a su pueblo con un cuenco lleno de pequis.

Una mujer de Kisêdjê regresa a su pueblo con un cuenco lleno de pequis. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino) (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

La recogida del pequi es un ritual en el que participa toda la comunidad, especialmente las mujeres. Los árboles más grandes están cerca de la antigua aldea. Se plantaron hace décadas para recuperar las tierras degradados. Pero las semillas ya se están dispersando en los alrededores de la nueva aldea.

“Nos mudamos lejos para estar tranquilos. Al quedarnos aquí, tenemos que pensar en el futuro de los niños”, dijo la matriarca Wekoí Suyá, a través de un traductor. “Pero creemos que habrá mucho pequi, que será suficiente para comercializar”.

Incluso con un menor riesgo de contaminación, la producción de aceite de pequi sigue teniendo problemas. Anteriormente, el procesamiento alcanzaba los 400 litros anuales, pero se interrumpió por la pandemia. Los comerciantes de Brasil y del extranjero también han tenido dificultades para venderlo.

La empresa estadounidense Culinary Culture Connections importa productos sostenibles de América Latina, como el aceite de pequi. Su cofundador, el antropólogo Gregory Prang, ha trabajado con grupos étnicos de Brasil y quiere estimular la economía forestal. Prang dice que el aceite es “muy sabroso” cuando se usa en moquecas (guisos), pero tiene pocos seguidores en suelo norteamericano.

“El pequi es poco conocido aquí [en Estados Unidos] y me falta presupuesto de marketing para promocionar el producto”, dice Prang. “Todos los años tengo que tirar la mitad. La compra es cara y la importación requiere mucho tiempo”. ”

En el último envío, la empresa pidió cien tarros de 180 ml, que tardaron seis meses en llegar a su destino. El producto tiene una vida útil de un año. El tarro, que inicialmente se vendía a 20 dólares, cuesta ahora 7,50 dólares a través del sitio web de la empresa estadounidense.

Una mujer Kisêdjê abre el pequi para obtener el núcleo carnoso

Una mujer Kisêdjê abre el pequi para obtener el núcleo carnoso. Las mujeres recogen los pequis amontonados en el suelo, empuñan machetes y cortan las cáscaras duras del fruto para obtener las semillas, que se llevan a la zona de procesamiento para extraer el aceite. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

Prang se pregunta si la bioeconomía -objeto de crecientes debates sobre cómo los pueblos amazónicos pueden generar ingresos y mantener la selva en pie- puede realmente prosperar. Después de hacer una encuesta sobre las decisiones de compra de más de 1.000 hogares latinoamericanos, se dio cuenta de que pocas personas están interesadas en pagar más por la sostenibilidad.

“Es lo mismo en otras partes del mundo. Hay una tendencia a evangelizar sobre el comercio justo, pero la mayoría de la gente no piensa en ello”, añadió.

Los acuerdos con las cadenas de supermercados Pão de Açúcar y el famoso chef Alex Atala para la compra de aceite de pequi se han roto, dijeron sus oficinas de prensa, sin ofrecer detalles.

Un estudio del proyecto Amazonia 2030 muestra que la soja es la principal exportación de la región, generando 9.800 millones de dólares en ingresos entre 2017 y 2019. Mientras tanto, en el mismo período, las exportaciones de productos de la bioeconomía amazónica generaron 298 millones de dólares, apenas el 2% de las de la soja. El volumen de pequi exportado es tan pequeño que no se incluye en los datos.

El apoyo estatal a las iniciativas respetuosas con los bosques también es desproporcionadamente bajo. Entre 2019 y 2020, el gobierno proporcionó 2.000 millones de reales (428 millones de dólares) en créditos para pequeños y medianos productores de la Amazonía. De esa cantidad, 55 millones de reales (11,7 millones de dólares) se destinaron a actividades sostenibles. El resto se destinó a la agroindustria, principalmente al cultivo de granos y a la producción de carne vacuna, según un informe de la organización Conexsus.

Aun así, los kisêdjê dependen de las actividades de recolección. Wekoí Suyá dice que las mujeres se han hecho cargo de la plantación de los frutos de achiote y muruci. Y este año, la aldea construirá una planta de procesamiento de aceite. “Siempre pensamos en los que vendrán después de nosotros”, dijo.

Indígenas recogiendo frutos de jaboticaba

Indígenas recogiendo frutos de jaboticaba de un árbol cerca de un campo de soja. (Imagen: Flávia Milhorance / Diálogo Chino)

El ciclo de la deforestación por el avance de la soja

En mi última mañana en el pueblo de Khikatxi, Winti me llevó más al norte, a las orillas del río Pacas, que marca el límite del territorio wawi. En la otra orilla había una gran extensión de bosque autóctono, a diferencia de la parte sur del territorio, repleta de campos de soja. Sin embargo, incluso allí se podía ver la deforestación en la distancia.

Deforestación ilegal en la zona de impacto del territorio Wawi
Deforestación ilegal en la zona de impacto del territorio Wawi 2019 Deforestación ilegal 2020

Esta parte de la selva sirve de amortiguador del territorio indígena, con la agricultura intensiva, la ganadería y la tala prohibidas. Sin embargo, las autoridades medioambientales han confirmado que se ha producido una deforestación ilegal y han multado a los responsables.

Las plantaciones de soja se han acercado tanto a los límites de un lado del territorio wawi que han obligado a sus habitantes indígenas a desplazarse. La coexistencia se ha vuelto imposible. Por otro lado, vuelve a empezar el proceso recurrente de ocupación de nuevas partes de la Amazonia. Winti se pregunta qué vendrá después: “¿Vamos a quedar atrapados? ¿Tendremos que desplazarnos de nuevo? ¿Cuándo? ¿Hacia dónde? Esta tierra tiene límites”.

 

Lívia Machado Costa también ha contribuido a este artículo.

 

Este artículo de Flávia Milhorance apareció originalmente en Diálogo Chino y lo publicamos aqui bajo una licencia de Creative Commons.

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La causa indígena. Un nuevo modelo de hacer pastoral y política

La causa indígena. Un nuevo modelo de hacer pastoral y política

En el decurso de los años 70, en Brasil y en toda América Latina, comenzó a surgir toda una nueva articulación de prácticas pastorales y políticas, basadas en criterios tales como inserción en la base, conocimiento, contacto, respeto y convivencia con el pueblo en toda su diversidad social y cultural. Frente al terror que cubría casi todo el continente latinoamericano, pequeñas comunidades, casi clandestinas, realizaban este nuevo trabajo, con prácticas concretas desde una visión utópica, releyendo el Evangelio y reinventando la práctica política, o como se decía entonces: “con un oído en el pueblo y el otro en el evangelio”.

En esos grupos participaban cristianos de muchas denominaciones y tradiciones religiosas, pero también militantes de las causas populares que no profesaban fe religiosa, pero que practicaban el respeto a la diversidad y deseaban la práctica colectiva, con un mismo horizonte utópico.

En este contexto surgen las nuevas pastorales de la Iglesia católica, como la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) y el Consejo Indigenista Misionero (CIMI) entre otras. Don Pedro participó en la fundación de ambas entidades, vinculadas a la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB) y, a través de ellas, se implica permanente en la situación de los campesinos y de los pueblos indígenas en todo el país, al tiempo que contribuye decisivamente en la definición de sus líneas de trabajo, de apoyo, de solidaridad, de formación y de esfuerzo organizativo para que campesinos y pueblos indígenas puedan afrontar los serios desafíos de aquel momento y luchar por sus derechos.

Pedro Casaldáliga en el Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra, en 1983

Pedro Casaldáliga en el Congreso Nacional de la Comisión Pastoral de la Tierra, en 1983

Desde un inicio, Don Pedro se convirtió en uno de los principales portavoces de aquel amplio movimiento pastoral y social que se constituía silenciosamente en todo Brasil. Lo ejerció con su radicalidad en la crítica, en el compromiso, en el humanismo que valoraba las instituciones, tanto del Estado como de la Iglesia, en función del servicio a la vida plena de los pueblos, particularmente de los más pobres y, entre éstos, de los pueblos indígenas.

En una entrevista que en 1978 le hizo Teófilo Cabestrero, Don Pedro explícito sus tesis fundamentales sobre la centralidad de los pueblos indígenas en su visión del trabajo pastoral y de compromiso de los cristianos latinoamericanos en aquel momento histórico. Sus formulaciones, dichas de manera simple y profunda, revelaban el rumbo por donde caminaba, en las últimas décadas, la pastoral indigenista, lo mismo que revelaban la nueva visión del papel transformador de los pueblos indígenas en la América Latina.

“Los pueblos indígenas están siendo, en algunas iglesias, una prioridad. Te aseguro que, en mi sensibilidad pastoral, lo son. Porque es la prioridad más evangélica. Por dos motivos. Primero porque son los más pobres, como personas y como pueblo. No digo que sean los menos felices. Como personas y como pueblo tienen sobre sí la sentencia de muerte más inmediata, la muerte más lógica a partir del sistema. Estorban. Sus tierras, su floresta, su casa, su hábitat maravilloso, este lago Tapirapé que estás viendo, son estímulo, pasto, de la codicia de los grandes, de los poderosos, del latifundio, de las famosas carreteras, de la integración nacional, del tristísimo desarrollo (¡maldito sea el desarrollo en estas circunstancias mortíferas!, ¿no?) y del turismo. A causa de esta condena a muerte son los indios la causa más evangélica. Su supervivencia es frecuentemente cuestión de meses; dos, tres meses; una carretera que irrumpe, que pasa, que ataca el organismo indígena que ya se queda sin defensas. O un simple sarampión puede llevarse una aldea entera. Y, en segundo lugar, son también los seres más evangélicos, porque siendo los más pobres, los menores, los más desamparados, son también los más libres de espíritu, los más comunitarios y los que viven más armónicamente con la naturaleza, con la tierra, con el agua, con la luz, con la fauna y con la flora. Serían ellos, en la expresión antiquísima que Ad Gentes actualizó, y que a mí me impresiona mucho, serían ellos ‘las simientes del Verbo’, o, mejor, traduciendo con mayor precisión, ‘el Verbo encarnado’ en estos pueblos. Se percibe realmente lo que aquí está encarnado.

En la medida en que la Iglesia de Brasil y toda la Iglesia del continente sepan y quieran hacer las debidas renuncias y asuman evangélicamente la causa de los indios, ellas serán realmente un revulsivo para toda la Iglesia y para toda la sociedad, y, por eso mismo, una poderosísima fuerza del evangelio. Pero, claro, para asumir más la causa indígena es menester despojarse de todo etnocentrismo pastoral, de todo colonialismo. Despojamiento que ha de ser lúcido, incluso científicamente, y, tal vez, heroico. Si eso implica dejar muchas cosas, pensar de otra manera, renunciar bastante a la propia religión inclusive… No es ya renunciar simplemente a costumbres, a modos de comer y vestir, o de ver y sentir; ni se trata siquiera de renunciar sólo a las filosofías. Es renunciar incluso a la propia religión. No digo a la fe, está claro. Tú me entiendes perfectamente”.

La Misa de la Tierra Sin Males

Las matrices de clase, de valores cristianos y de cultura catalanas de Casaldáliga, todas milenarias, son para él un referente espiritual en aquel momento histórico vivido por los pueblos de América Latina, con su múltiple necesidad de superar el terror de Estado, el desaliento de la miseria social y las prácticas políticas tradicionales, incluso de la izquierda institucional y de las izquierdas más radicales!’

Pedro Casaldáliga escribiendo la Misa de la Tierra Sin Males

Pedro Casaldáliga escribió la Misa de la Tierra sin Males junto a Hamilton Pereira y marcó un antes y un después en la Iglesia brasileña

“El año de 1978 fue considerado en Brasil el “Año de los Mártires de la Causa Indígena”, cuando se celebraban los 350 años de los tres mártires rio-grandenses, Roque González, Afoso Rodríguez y João Castilhos. Ese año el CIMI propuso que no se celebrara sólo la muerte de los tres misioneros jesuitas; se debía celebrar también la muerte de millares de indios, sacrificados por los Imperios cristianos de España y Portugal. Unos y otros, mártires de la causa indígena. La cruz, en medio de todos ellos. Aquéllos, muriendo por amor a Cristo. Éstos, masacrados “en nombre” de Cristo y del Emperador.

… Mártires indefensos por el Reino de Dios hecho Imperio, por el Evangelio hecho decreto de conquista. Víctimas de las masacres que quedaron con nombre glorioso en la mal contada Historia, en la mal vivida Iglesia…”

Proclama Indígena de Don Pedro Casaldáliga.

En esas ruinas históricas y en ese Año de los Mártires de la Causa Indígena nació la idea de la Misa de la Tierra Sin Males.

La Misa habla del pasado, pero también de la actualidad de la opresión a los pueblos indígenas; hace una autocrítica de la práctica misionera, cómplice de ese proceso colonizador, que se puede aplicar también al presente; hace un retrato de la opresión indígena que se aplica también a la realidad actual de los pueblos latinoamericano.

Dato significativo: Don Pedro escribió esa Misa con Pedro Tierra, seudónimo del militante político, ex preso político y ex miembro de una organización de lucha armada de Brasil, Hamilton Pereira da Silva, y con Martín Coplas, argentino de origen indígena, quéchua y aymara.

La Misa de la Tierra Sin Males se celebró por primera vez en la catedral de la Seo, de São Paulo, el día 22 de abril de 1979. Esta misa posibilitó muchas dimensiones, a partir de su dimensión histórica fundamental, de denuncia del proceso colonizador como genocida y etnocida respecto a los pueblos que aquí vivían antes de la llegada de los españoles y de los portugueses: habla del pasado, pero también de la actualidad de la opresión a los pueblos indígenas; hace una autocrítica de la práctica misionera, cómplice de ese proceso colonizador, que se puede aplicar también al presente; hace un retrato de la opresión indígena que se aplica también a la realidad actual de los pueblos latinoamericano. O sea, la Misa de la Tierra Sin Males se refería al pasado, pero también al pasado que seguía presente en la realidad del Brasil y de América Latina.

La elaboración de la celebración de la Misa de la Tierra Sin Males significó ampliar la visión solidaria y evangélica de Don Pedro Casaldáliga en el tiempo y en el espacio: partiendo de los pueblos del Araguaia, sus ojos buscaron mirar y comprometerse, con la palabra, con la denuncia, con la reflexión, con la promesa de la Utopía recuperada, con todos los pueblos indígenas latino-americanos y, por extensión, con todos los pueblos de América Latina en su ansia de libertad.

Inmerso y militante destacado de esa nueva corriente de personas, entidades, grupos, movimientos populares, pastorales, iglesias, pueblos y organizaciones indígenas, con la Misa de la Tierra Sin Males, Don Pedro y sus colaboradores construyen una nueva referencia crítica y autocrítica para el ideario de cristianos y militantes sociales, a partir de la saga de los pueblos indígenas en nuestro continente.

Paulo Maldos. Ex-secretario especial del gabinete de la Presidencia de Lula da Silva

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El ex asesor de Lula, Paulo Maldos, participa en la campaña contra el fascismo organizada por la Fundación Pedro Casaldáliga

El ex asesor de Lula, Paulo Maldos, participa en la campaña contra el fascismo organizada por la Fundación Pedro Casaldáliga

Es necesario profundizar y dar a conocer la difícil situación del pueblo en Brasil bajo el mandato del presidente Jair Bolsonaro, que termina este otoño. Por ello, la Fundación Pedro Casaldáliga invitó, con el apoyo de la ONG alemana Misereor, El Sr. Paulo Maldos, ex asesor del presidente Lula da Silva y alto funcionario de la presidenta Dilma Roussef para los derechos humanos y la articulación social, para participar en la campaña Brasil-Mundo: resiste y transforma, que tuvo lugar en varias ciudades de Cataluña a lo largo del pasado mes de mayo.

Paulo Maldos explicó las consecuencias de la política ultraliberal del presidente fascista, que está suprimiendo los avances sociales que lograron Lula da Silva y Dilma Roussef, entre 2003 y 2016. Con ellos, los 217 millones de habitantes del país más grande de América Latina, tuvieron derecho a la alimentación, mejora del sistema único de salud, promoción de la educación, respeto a los derechos de los pueblos indígenas, etc., pero Bolsonaro está acabando con todos estos derechos e imponiendo un estado basado en la violencia, el odio y el privilegio de las élites.

Durante la gira de dos semanas, Maldos concedió entrevistas a los principales periódicos, radios y televisiones de Cataluña, como el Diari Ara, Diari de Tarragona, Nació DigitalRegió 7, las revistas FET a Tarragona, y La República, así como otros medios como la Casa Amèrica Catalunya, Tarragona Ràdio,  Televisió de Girona, y recentemente analizó para el telediario de la Televisión de Cataluña, el TN vespre, el riesgo de que Brasil se dirija hacia una dictadura.

La campaña de la Fundación concluye el 29 de mayo con un gran acto en Barcelona al que asistirán los diputados del Congreso de los Diputados, la brasileña Maria Dantas, los teólogos Juan José Tamayo y Víctor Codina y el sociólogo Flávio Carvalho. En Barcelona, el evento también recordó la figura del obispo Pedro Casaldáliga y permitió profundizar en su legado social y político en Brasil, así como en su figura a través de su poesía.

Las próximas elecciones del 2 de octubre en Brasil se perfilan como un duelo entre Bolsonaro, que opta a un segundo mandato, y Lula da Silva, que ha sido absuelto de todos los cargos en su contra por el Tribunal Supremo. En estos meses, el clima político y en la calle es tenso. Desde hace un año, las encuestas dan como claro vencedor a Lula da Silva, que se presenta con la coalición de los demócratas y que, con un 40% de los votos previstos, podría incluso ganar en la primera vuelta. El actual presidente ha promovido, entre sus bases radicalizadas, el uso de las armas y, en su dura escalada verbal amenaza con no aceptar el resultado de las elecciones ni respetar la vida de sus opositores; una dictadura sería su sueño. Por lo tanto, Brasil está ahora en medio de la incertidumbre y la esperanza, pero luchar contra los que comprometen la Vida es una obligación moral de esta Fundación.

 

Berta Ramos, periodista

 

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Cristoneofascismo, Teísmo político y Dios sacrificial de Bolsonaro

Cristoneofascismo, Teísmo político y Dios sacrificial de Bolsonaro

Desde la elección de Bolsonaro como presidente de Brasil, este país se ha convertido en el epicentro del “cristoneofascismo” y en el lugar donde gobierna la extrema derecha de Dios en un acto de la más crasa manipulación de lo sagrado al servicio de una política necrófila.

Tal situación me lleva a plantear dos preguntas: en qué modelo político-religioso se sustenta el cristoneofascismo de Bolsonaro y qué imagen de Dios subyace. Creo que le mejor respuesta se encuentra en el teísmo político que ha establecido Bolsonaro en Brasil y en la imagen de Dios sacrificial en la que se basa.

La teología latinoamericana de la liberación, y muy especialmente la brasileña, liberó a Dios del asedio del mercado y Bolsonaro lo ha convertido en prisionero de su política antiecológica, homófoba, patriarcal, neocolonial y ultraneoliberal.

El slogan de su campaña electoral, con el que también concluyó el discurso de la toma de posesión como presidente de Brasil, fue: “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”. Lo reiteró en uno de los cultos en los que participó en la Iglesia Evangélica Sara Nossa Terra en julio de 2019: “Debo mi vida a Dios y este mandato está al servicio del Señor. En nuestro gobierno, Dios está encima de todo”.

Lo que muchos consideramos un secuestro político de Dios, el ministro de Asuntos Exteriores, Ernesto Araújo, lo calificó de una liberación de Dios, “triste prisionero…, que vuelve a circular libremente por el alma humana”. Teísmo político puro y duro y descarada perversión religiosa.

Creo, más bien, que en Brasil está sucediendo lo contrario a la afirmación de Araújo: la teología latinoamericana de la liberación, y muy especialmente la brasileña, liberó a Dios del asedio del mercado y Bolsonaro lo ha convertido en prisionero de su política antiecológica, homófoba, patriarcal, neocolonial y ultraneoliberal.

Bolsonaro, Edir Macedo y Silvio Santos

(Brasília – DF, 07/09/2019) Jair Bolsonaro escoltado por el obispo de la Iglesia Universal Edir Macedo y el magnate de los medios de comunicación Silvio Santos, durante el desfile Cívico del Dia da Pátria.Foto: Alan Santos/PR

Una característica del teísmo político de Bolsonaro es el providencialismo religioso, que consiste en interpretar la historia desde un Dios providente, como cuando consideró un milagro el haberse librado del atentado sufrido durante la campaña electoral y mayor milagro todavía el haber ganado las elecciones. El ministro de la Casa Civil, Onyx Lorenzoni, aplicó a Bolsonaro las palabras de Jesús: “Muchos son los llamados y pocos los elegidos” y dice que Dios “eligió al más improbable”.

En que fue elegido “el más improbable” tenía razón Lorenzoni. Lo que dudo –o mejor, niego- es que fuera Dios quien lo eligiera o legitimara su elección. Quienes realmente contribuyeron a su elección fueron las fake news de su campaña electoral, que continúan produciéndose durante su presidencia a a través del gabinete del odio, que dirige uno de sus hijos y se encarga de difundir noticias falsas. Comentando la soledad de los dos presidentes anteriores tras las primeras semanas de asumir el gobierno, afirmó que uno de los motivos de dicha soledad era “el alejamiento de Dios, nuestro creador”.

Bolsonaro reconoce más influencia a la Biblia que a la propia Constitución brasileña. Pero la Biblia leída de manera fundamentalista y selectivamente en sus textos más violentos y discriminatorios contra las mujeres, los homosexuales, etc.

Brasil tiene una larga tradición de Estado laico, que Bolsonaro parece ratificar, pero lo hace tramposamente porque introduce una distinción que desemboca en confesionalidad: “El Estado es laico, pero nosotros –“yo”, dice en otras ocasiones- somos cristianos”. Confesionalidad que extendió al Tribunal Supremo Federal para el que anunció que de los dos jueces que tenía que nombrar “uno sería terriblemente (sic!) evangélico”.

¿Respeto al pluralismo? En absoluto. Prometió reconocer a todas las religiones, pero, eso sí “siguiendo la tradición judeocristiana”. Atendiendo a las constantes referencias que hace a la Biblia, cabe constatar que reconoce más influencia a la Biblia que a la propia Constitución brasileña. Pero la Biblia leída de manera fundamentalista y selectivamente en sus textos más violentos y discriminatorios contra las mujeres, los homosexuales, etc.

Bolsonaro hace el saludo militar en la "Marcha para Jesus"

Bolsonaro hace el saludo militar en la “Marcha para Jesus”, del pasado mes de mayo.

Constante es la presencia de Bolsonaro en los templos de las iglesias evangélicas fundamentalistas. Tuvo un gran impacto mediático su visita al Templo de Salomón de la Iglesia Universal del Reino de Dios, del obispo Edir Macedo, donde se produjo una escena inusual: el presidente de la República arrodillado ante el obispo Macedo, que le impuso las manos y le bendijo. Es permanente su recurso a la Biblia para legitimar su política homófoba, machista, racista y ultraneoliberal, en una palabra, neofascista en un claro secuestro del texto sagrado judeocristiano, que lee de manera fundamentalista.

En mayo de 2016 Bolsonaro viajó a Israel para recibir el bautismo en el río Jordán, imitando el bautismo de Jesús. Fue el pastor y líder del Partido Social Cristiano Everaldo Dias Pereira quien le sumergió en el Jordán y, tras el bautismo, le preguntó: “¿Acredita Usted que Jesús es Hijo de Dios?”, a lo que Bolsonaro respondió: “Acredito”. Tras el bautismo citó la afirmación de Jesús: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8,32) e hizo la siguiente confesión: “Recupero una fe que me acompañará para el resto de mi vida”.

El dios de Bolsonaro

El dios en el que cree el actual presidente de Brasil y con él los cristoneofascistas es el que legitima las dictaduras y denuesta la democracia. Bolsonaro ha defendido la dictadura brasileña que duró más de veinte años, de 1964 a 1985.

De ella ha llegado a afirmar que su principal error “fue torturar y no matar”. También ha elogiado el golpe de Estado de Augusto Pinochet y lo ha hecho como respuesta a las críticas de Michelle Bachelet, presidenta de Chile durante dos mandatos (2006-2010, 2014-2018) y actual Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a la política de Bolsonaro.

La reacción de Bolsonaro no deja lugar a dudas: Dios se pone del lado de los dictadores, verdugos, criminaliza a las víctimas de manera inmisericorde y, como expresara Atahualpa Yupanki, come en la mesa del patrón.

Este respondió a Bachelet que se olvidaba “de que su país no era como Cuba solo gracias a los que tuvieron el coraje de ‘dar un basta’ a la izquierda de 1973, entre quien estaba su padre, entonces brigadier”. La reacción de Bolsonaro no deja lugar a dudas: Dios se pone del lado de los dictadores, verdugos, criminaliza a las víctimas de manera inmisericorde y, como expresara Atahualpa Yupanki, come en la mesa del patrón.

Culto em comemoração aos 106 anos da Assembleia de Deus

(Boa Vista – RR, 26/10/2021) Culto em comemoração aos 106 anos da Assembleia de Deus.
Foto: Isac Nóbrega/PR

Comentando la Declaración postsinodal Querida Amazonía, del papa Francisco, Bolsonaro negó que hubiera fuego en la floresta húmeda y cuestionó en tono burlesco y teocrático el contenido de la exhortación: “El papa Francisco dijo ayer que la Amazonía es de él, que es de todo el mundo; coincidentemente yo estaba ayer con el canciller argentino… el papa es argentino, pero Dios es brasileño”. ¡Dios étnico y nacional contrario al Dios universal de las religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam!

El dios de Bolsonaro es el dios negacionista del calentamiento global, insensible a la violencia de género, militarista, hecho a imagen y semejanza del militar Bolsonaro y de su gobierno con una numerosa representación militar.

El Dios de Bolsonaro, según Eliane Brum, es el que odia el mundo globalizado, el que cree que los inmigrantes pueden amenazar la soberanía de Brasil, el que cree que las escuelas del país se han convertido en una verdadera bacanal infantil alentada por profesores defensores de la “ideología de género”. Y yo añado: es el dios negacionista del calentamiento global, insensible a la violencia de género, militarista, hecho a imagen y semejanza del militar Bolsonaro y de su gobierno con una numerosa representación militar. Es un dios vengativo, y no el Dios del perdón, de la compasión y la misericordia como el predicado y practicado por Jesús de Nazaret. Nada que ver con el Dios liberador del éxodo y de los profetas de Israel, que opta por las personas y los colectivos empobrecidos.

Es el dios de la magia y de la superstición. En el momento álgido de la pandemia con decenas de miles de personas brasileñas contagiadas y miles de personas muertas por día, dictó un decreto por el que declaraba los cultos religiosos como “servicio esencial” a la ciudadanía. Dicha normativa se inspiraba en la afirmación del pastor evangélico Silas Malafaia, uno de sus asesores religiosos: “La iglesia es una agencia de salud emocional, tan importante como los hospitales”. ¡Mayor desprecio a la vida, imposible!

“No se preocupen con el coronavirus, esa una táctica o más que eso, de Satanás. Satanás trabaja con el miedo, el pavor, con la duda. Y cuando la gente está con miedo, pavor o dudas, quedan débiles, cualquier vientito se transforma en una neumonía”. Edir Macedo

Asesorado por los pastores de las mega-iglesias, Bolsonaro minusvaloró desde el principio la gravedad del coronavirus, que calificó de “gripecilla”, y de la pandemia, que calificó de psicosis e histeria, mostró su desconfianza hacia la ciencia y propuso como alternativa la fe. Declaró su cercanía al obispo evangélico Edir Macedo, para quien el coronavirus es una estrategia de Satanás para infundir miedo, pánico e incluso terror, pero que solo afecta a la gente sin fe. Como antídoto al coronavirus propone el “coronafé”, que solo es eficaz para quienes creen firmemente en la palabra de Dios. El propio Bolsonaro llegó a profetiza contra el coronavirus ante un grupo de evangélicos que lo esperaba enfervorizada aclamándolo como “Mesías” a las puertas del palacio presidencial.

La respuesta a la desconfianza hacia la ciencia y al carácter mágico-curativo de la fe al margen de la medicina la ofrece el teólogo y filósofo intercultural Raimon Panikkar en su libro «La religión, el mundo y el cuerpo» (Herder, Barcelona, 2012) cuando afirma:

“Desligada de la medicina, la religión deja de ser […] una fuente de júbilo […]; se torna una fuerza alienante, que, raramente, puede refugiarse en el ‘negocio’ de salvar almas no encarnadas o en la espera de un cielo proyectado en un futuro lineal, pero que pierde valor terrenal e incluso su raison d’ être, puesto que ya no puede salvar al ser humano real de carne y hueso […] una especie de medicina para otro mundo, al precio de ignorar este de aquí” (p. 111)

Y concluye Panikkar: “La religión sin medicina no es religión, se deshumaniza, se torna cruel y aliena a los seres humanos de su propia vida en esta tierra. La religión sin medicina se vuelve patológica”. (p. 112).

El Dios de Bolsonaro -conocido también como BolsoNero- exige el sacrificio de seres humanos, un sacrificio selectivo de las personas, clases sociales y sectores más vulnerables de la población brasileña, de las comunidades afrodescendientes e indígenas. Esto se ha puesto de manifiesto durante la pandemia con la muerte de en torno a 600.000 personas, en su mayoría de los sectores y clases populares, que han sido sacrificadas con la excusa de salvar la economía. ¡La economía por encima de la vida!

El obispo, profeta, místico y poeta Pedro Casaldáliga responde, con su vida y las causas que defendió -más importantes que su vida-, al cristoneofascismo de Bolsonaro con la propuesta de un cristianismo liberador, desevangelizador y descolonizador, del que él fue uno de los símbolos más luminosos.

La inversión no puede ser más necrófila. Es la más inhumana aplicación de la teoría de la necropolítica, expuesta por el científico político camerunés Achille Mbembe, según la cual los poderes deciden quién debe morir y quién puede vivir, y de la cultura del descarte del Papa Francisco, según la cual “los excluidos no son ‘explotados’, sino ‘desechos’, ‘sobrantes’ (La alegría del Evangelio, n. 53).

El dios de Bolsonaro es, en fin, un dios ecocida que exige sacrificar la naturaleza, sobre todo con la destrucción de la selva amazónica, sin reparar que la naturaleza es la fuente de la vida, y Dios es dador de vida. El dios de Bolsonaro está emparentado con los ídolos de muerte del cristoneofascismo.

El obispo, profeta, místico y poeta Pedro Casaldáliga responde, con su vida y las causas que defendió -más importantes que su vida-, al cristoneofascismo de Bolsonaro con la propuesta de un cristianismo liberador, desevangelizador y descolonizador, del que él fue uno de los símbolos más luminosos. Propone, asimismo, como alternativa al dios necrófilo y sacrificial del actual -y esperemos que por muy poco tiempo-presidente de Brasil- el Dios Padre y Madre, “el Dios de todos los nombres”, que “en el vientre de María de Nazaret se hizo ser humano y en el taller de José se hizo clase”.

 

Juan José Tamayo. Profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, Barcelona, 2022, 3ª ed.) y Pedro Casaldáliga. Larga camina da con los pobres de la tierra (Herder, Barcelona, 2020)

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Los asesinatos por conflictos en el campo en Brasil crecieron un 75 % en 2021

Los asesinatos por conflictos en el campo en Brasil crecieron un 75 % en 2021

En Brasil, los asesinatos por conflictos en el campo crecieron un 75% en 2021, un aumento que refleja “el abandono y acción deliberada contra la vida de las personas” del Gobierno del presidente Jair Bolsonaro. La denuncia ha sido hecha por la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), vinculada al Episcopado brasileño, en la presentación de su informe anual, Cuaderno de Conflictos en el Campo 2021.

 

La Tierra Indígena Yanomami (TIY) ha sido uno de los territorios más duramente afectados por la violencia de los garimpeiros, buscadores de oro clandestinos, en Brasil. Reconocida en 1992, la TIY es la mayor de Brasil en extensión, con 9,6 millones de hectáreas (3 veces el tamaño de toda Cataluña). En ella viven los indígenas Yanomami y los Ye’kwana. También hay constancia de la presencia de ocho grupos de indígenas aislados en la selva, uno de ellos conocido como el pueblo indígena Moxihatëtëa. Desde 2012, la actividad clandestina de extracción minera está en expansión acelerada en el país y está teniendo un impacto significativo sobre la Amazonia.

Durante el 2020, el Centro de Documentación de la CPT – Don Tomás Balduino registró 9 muertes a consecuencia de conflictos del campo, la mayor parte dentro del estado de Amazonas (6). En 2021 fueron registradas 109 muertes a consecuencia de conflictos, lo que significa aumento de 1.110%.

Del total, 101 muertes fueron registradas dentro del estado de Roraima. Todas indígenas Yanomamis. Todas causadas por acciones de buscadores de oro clandestinos. Desde 2020, la Asociación Hutukara alerta a las autoridades de los riesgos de la escalada de violencia en las regiones de la TIY donde la extracción minera ilegal, el garimpo, ha avanzado más. Según datos obtenidos por el Sistema de Vigilancia de la Minería Ilegal dentro de la TIY, el cauce del río Uraricoera es la región más afectada por esta actividad, concentrando un 45% de toda el área degradada por la minería ilegal dentro del territorio indígena yanomani.

Treball esclau al Brasil

Brasil cerró el 2021 con 1937 rescatados de la esclavitud, la suma más alta desde el 2013. Sérgio Carvalho/MTE

Violencia contra las personas: aumento del 75% en los asesinatos

En 2021, datos de la Comissión Pastoral de la Tierra evidencian que la violencia contra personas fue brutal. Sólo en los estados que conforman la Amazonia Legal se registraron 28 asesinatos, el 80% del total en todo Brasil. La actuación de “pistoleros por encargo” y de las llamadas “agromilicias”, así como de agentes públicos, ocasionó 35 asesinatos por conflictos en el campo en Brasil, durante el año 2021. De este total, 33 eran hombres y dos eran mujeres.

Durante este período hubo todavía 27 tentativas de asesinato y 132 amenazas de muerte. También fueron registradas 75 agresiones físicas con varios heridos, inúmeras intimidaciones y humillantes intentos de subyugación, con 13 registros de tortura practicadas principalmente por agentes privados de grandes propiedades, terratenientes, fazendeiros.

En total, 100 campesinos fueron presos en 2021, con aumento de 45% de prisiones respecto al año anterior.

Cinco persones LGBTI+ son victimas de violencia en el campo

Los datos de violencia contra las personas, divulgadas en la publicación Conflictos en el Campo Brasil 2021, presentan, por primera vez, informaciones sobre la orientación sexual y la expresión de género de las víctimas de la violencia en el campo. En 2021, cinco personas LGBTI+ del campo fueron víctimas de violencia, conforme consta en los datos publicados en el informe. Dichas violencias son: humillación y prisión; asesinato; intimidación y tortura.

Treball esclau al Brasil

En el mayor rescate de 2021, Souza Paiol fue considerado responsable de mantener 116 trabajadores esclavizados en la cosecha de paja para sus cigarrillos (Foto: Grupo de Inspección Móvil Especial/Divulgación)

Trabajo esclavo: mayor número de rescatados des del 2013

En 2021, la fiscalía del trabajo brasileña rescató de la situación de esclavitud a 1.726 personas, el mayor número desde 2013. Un aumento de 113% en relación a la cifra de 2020. Fueron 169 casos de trabajo esclavo en ambiente rural el 2021, aumento de 76% en relación al año anterior. Siendo el estado de Minas Gerais el que lidera la lista, con 51 casos y 757 personas rescatadas. Enseguida viene el estado del Pará, con 27 casos, y el de Goiás con 17.

Del total de rescatados de esta práctica criminal, 64 eran niños y adolescentes, lo que corresponde a un aumento del 121% respecto al año anterior. Las regiones Sudeste y Centro-Oeste concentraron el mayor número de menores de edad esclavizados, 19 cada una.

Estas dos regiones es donde se detectaron también más casos de trabajo esclavo: en la región Sudeste fueron registrados 59 casos y 919 rescatados, mientras que en el Centro-Oeste fueron 37 casos y 415 rescatados en 2021.

Aumentan los intentos de destrucción de las condiciones de existencia de los pueblos del campo

Durante el 2021 hubo 2.143 familias desalojadas judicialmente, más del 12% respecto al año 2020. Del mismo modo hubo un aumento del 18% de la cantidad de familias expulsadas violentamente de sus tierras. El número pasó de 469, en 2020, a 555, en 2021.

Más de 71 millones de hectáreas estuvieron o todavía están en conflicto. Las tierras indígenas constituyen la mayoría abrumadora de estas tierras que sufren intrusiones con violencia y agresivos saqueos, correspondiendo al 81% de las áreas en situación de tensión social y conflicto. Los llamados sin-tierra constituyen la segunda categoría de identidad con más áreas bajo cruenta presión y conflicto, seguidos por los “posseiros”.

Treball esclau al Brasil

El alto porcentaje de negros entre los esclavos rescatados es un síntoma de la realidad que viven los negros todavía hoy en Brasil (Fotografía: Sergio Carvalho – Subsecretario de Inspección de Trabajo del Ministerio de Economía)

Por lo que respecta a los datos sobre el número de familias implicadas en conflictos por tierra en los últimos diez años, salta a la vista el espectacular aumento de la cantidad de familias que han tenido sus tierras invadidas desde el inicio del actual gobierno (2019-2021): nada menos que 206% más en relación al 2018.

En la Amazonia se han registrado el 64,5% de las amenazas de expulsión, el 63% de las contaminaciones por agrotóxicos, el 78% de la deforestación ilegal, el 87% de las expulsiones, el 81% de las grillagens (acaparamiento ilegal de tierras), el 82% de las invasiones, el 69% de los registros de sicarios y pistoleros, el 73% de las omisiones/connivencias del Estado y el 70% de violaciones de las condiciones de existencia.

Resistencia

Las acciones de ocupación y recuperación de tierras tuvieron también un aumento expresivo en 2021. En total, estas acciones de resistencia pasaron de 29 a 2020, a 50 a lo largo de 2021, un aumento de 72%, y de 1.391 familias al 2020, hasta 4.761 familias que ocuparon y recuperaron tierras en 2021. Un aumento de 242%.

 

Datos del infome anual de la Comisión Pastoral de la Tierra.

 

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