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5 mujeres en la diócesis de Casaldáliga

5 mujeres que han vivido años junto a Casaldáliga nos dan su testimonio de cómo ha sido su vida en la iglesia de São Félix do Araguaia.

25 de noviembre de 2020

La vida de Pedro Casaldáliga

Jeane Bellini
Integrantre del Equipo de Casaldáliga entre 1983 y 2005

Pedro nos invitó a crear un modelo circular e inclusivo de Iglesia, insertado en la vida del pueblo, en sus luchas y resistencias, ante las amenazas y la violencia del latifundio y la ausencia y omisión del Estado.

Desde un comienzo nos propuso formar equipos mixtos de hombres y mujeres, laicos, religiosos y sacerdotes, sin jerarquías. Vivíamos en el pueblo, conviviendo con la gente, afrontando retos juntos. Aprendimos mucho, pues fue un camino marcado por instantes fuertes de victorias, pero también de muchas derrotas.

Bebimos la espiritualidad de Pedro, que impregnaba todo el que hacía. Lo celebrabámos todo: la vida, la muerte, la lucha, la derrota y la victoria.

A lo largo de 22 años, tuve el privilegio de formar parte de la construcción de un modelo de Iglesia-Pueblo-de-Dios, sin jerarquías. Ni siquiera utilizamos los títulos de laico, laica, sacerdote, hermana, obispo. Nos reconocimos por el nombre, no por la categoría. Cada miembro de la Iglesia, del equipo pastoral, asumió y compartió aquella misión.

La Selme celebra Missa amb el Pere Casaldàliga

Selme decía misa muchas veces en la Prelatura de São Félix do Araguaia. Imagen: Selme de Lima Pontim

Selme de Lima Pontim
Más de 20 años a la Prelatura de Casaldáliga

A lo largo de mi estancia en São Félix, dije misa muchas veces, incluso en la catedral. Nunca me lo prohibieron, al contrario, siempre me animaron a hacerlo y a prepararme. Hice un curso del CEBI por correspondencia y me formé en teología del pluralismo religioso por Internet. En todo aquel tiempo, sentí siempre la alegría de Pedro al ver que yo continuaba avanzando. Allí, no solo leí el Evangelio, sino que hice una homilía. Esto pasó hace más de diez años.

Dailir Rodrigues da Silva
Nació y vive a la diocesis de Casaldáliga

Me llamo Dailir, soy nacida en la Prelatura [Diócesis] de São Félix do Araguaia. Soy de la Prelatura desde el vientre de mi madre, puesto que ella ya era una mujer activa en la comunidad de Casaldáliga.

Viví en la Prelatura como agente pastoral durante seis años haciendo trabajo de las comunidades. Formé parte de los consejos en varias comunidades locales, regionales y también de la asamblea general de la Prelatura. Tengo que decir que eran espacios donde todo el mundo tenía derecho a voz y a voto.

Nunca hubo ninguna reunión separada entre sacerdotes y monjas para tomar decisiones sobre la vida de la comunidad o de la prelatura. Tanto Pedro como los demás teníamos el mismo derecho a expresar nuestra opinión y a decidir sobre todo se debatía, se reflexionaba o se votaba.

Ni el Evangelio ni el hecho de compartir la palabra eran exclusividad de los curas, sino una responsabilidad de toda la comunidad. Esta era nuestra vida en la diócesis.

Las casas de los equipos pastorales eran la casa de la comunidad, del pueblo, no la casa del cura. Las mujeres y los hombres eran recibidos y tratados con el mismo afecto y respeto.

Tânia Oliveira
20 años con Casaldáliga

Mi hija Gabriella (cuando tenía 6 o 7 años) preguntó una vez: «Pedro, ¿por qué las mujeres no pueden celebrar misa?». Pedro le respondió, con una amplia sonrisa: «Gabriella, tenía esperanza en ver esto pasar. Creo que no viviré bastante para verlo, quizás lo verá tu madre, pero mantengo viva la esperanza de que tú seguro que lo verás». Y añadió: «No hay nada que impida a las mujeres hacer el mismo trabajo que hacemos los sacerdotes y, de hecho, ¡creo que lo podéis hacer mucho mejor!»

Viví en casa de Pedro durante tres años. El primer año, él, la Hermana Irene y yo. Siempre me sentí respetada y valorada como misionera laica.

Maria Aparecida Rezende
Nació y vive en el Araguaia

A los 14 o 15 años, después de la primera comunión, empecé a ser catequista. Recuerdo que en una ocasión, tuvimos una reunión de jóvenes para preparar la misa. Era una fecha de fiesta mayor (en 1978), de forma que había que arreglar la iglesia y preparar la misa con Pedro y el padre Clélio. En aquel momento, empezó una discusión entre nosotros, adolescentes, porque los chicos querían preparar la misa, pero no limpiar la iglesia ni los bancos. En un momento determinado, Pedro dijo al grupo: «Hoy haremos una misa de mujeres. Los chicos limpiarán la iglesia».

Nos hizo muy contentas a todas, pero en el fondo lo encontrábamos muy extraño…¿los chicos harían “el trabajo de las mujeres”? Cuando lo expliqué en casa, mis hermanos me dijeron que esta gente de la Prelatura era muy extraña…

Pedro nos enseñó que hacer la comida, lavar los platos o limpiar la casa también era cosa de hombres. La gente de las aldeas, del campo, lo veía todo muy extraño, pero, poco a poco, se fueron acostumbraron.

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