Entrevista a las hermanas de Pedro Casaldáliga

Carme y María Casaldáliga vieron como su hermano Pedro partía hacia la Amazonía al cumplir 40 años. No lo han vuelto a tener nunca más en casa. Desde la plaza Ricard Viñas número 10 de Balsareny, donde han vivido siempre, la familia de Pedro Casaldáliga nos explica cómo han vivido estos más de 50 años de vida dedicados a la defensa de los más pobres.

21 de octubre de 2020

La vida de Pedro Casaldáliga

A los 11 años, Pedro Casaldáliga tuvo claro, y así lo manifestó a su familia, que quería ser sacerdote y dedicar su vida al Evangelio. ¿Cómo se recuerda esta noticia a la familia?

Carme: Él siempre decía que quería ser panadero, pero había un cura que iba mucho al Cortés del Pi (una casa de campo del término de Súria donde vivían unos primos) y explicaba muchas tragedias y también cosas de la Guerra Civil y esto lo hizo decidir a hacerse cura. Poco después de entrar en el Seminario de Vic ya pidió de hacerse misionero claretiano. Escribió una carta a nuestros padres para contárselo.

Carta que en Pere Casaldàliga envià a la seva família des del seminari

Carta desde el Seminario a su madre, Montserrat Pla. Imagen: Família Casaldáliga. Selección: Centre Cultural de Balsareny.

Como era Pedro durante su infancia? Parece que en la adolescencia mostraba ya tener las ideas muy claras.

Carme: Le gustaba jugar, como a todos los niños, pero no le gustaba nada que hubiera peleas. Aquí en casa venían muchos niños a jugar en la azotea, porque era grande. Recuerdo los hermanos de Cal Paquela (Bonet), los Vilella… Y si había peleas, él siempre intentaba poner paz.

Pere Casaldàliga (al cercle) d'excursió

Pedro Casaldáliga (en el círculo) de excursión. Imagen: Familia Casaldáliga. Selección: Centre Cultural de Balsareny.

Su tío Luis, sacerdote, fue asesinado durante la Guerra Civil española cuando se dirigía a un escondite. Se ha dicho que este hecho, por el estrecho vínculo que Pedro tenía con su tío, le influenció en forma de ver la vida. ¿La familia lo entiende así?

Carme: Sí, y tanto. Que mataran al tío Luis durante la Guerra, aquí cerca de Súria, fue un hecho que lo acabó de decidir.

Maria: En casa, nuestros padres y la familia no querían hablar mucho del tema; pero el tío Luís era muy joven (33 años) y fue un golpe muy grande para toda la familia.

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Cuando en 1968 Pedro Casaldáliga marcha de misionero en Brasil, de qué manera se despide de la familia y esta de él?

Carmen y Maria: Se fue despidiendo de todos y fue a visitar a los parientes de más lejos. El Luis de falta Pastisseret lo acompañó. Cuando venía de visita, el Lluís siempre la acompañaba e iban a pie a visitar la familia. La Merced de falta Pastisseret nos había explicado que cuando estaba en Candàliga, al cabo de la escalera, dijo: “Dejadme que lo mirar bien, que no lo volveré a ver nunca más.”

Todo el mundo se pensaba que al cabo de un tiempo volvería, pero no fue así, ya que no volvió nunca más. Nos reencontramos en Roma después de veinte años.

La Antonia de Can Arnaus y el tío Jaumet de Cal Peret siempre decían que sería obispo. Antonia llevaba un anillo y decía que cuando fuera obispo aquel anillo sería para él. Eran muy amigos con Antonia. Fue una despedida a nivel familiar. Todo el mundo pensaba que al cabo de un tiempo volvería, pero no fue así, ya que no volvió nunca más. Nos reencontramos en Roma después de veinte años.

Pere Casaldàliga celebra la seva primera missa com a capellà a Balsareny

Pedro Casaldáliga tras celebrar su primera misa -como sacerdote- en Balsareny. Imagen: Familia Casaldáliga. Selección: Centre Cultural de Balsareny.

Una vez en el Mato Grosso, en São Félix do Araguaia, descubre realmente donde se han metido él y los compañeros de la Prelatura. ¿De qué manera le hizo conocedores de su situación? Conocemos su reacción, pero, ¿cuál fue la vuestra?

Carme : Recibíamos una carta cada dos meses, o a veces tardaban más. Algunas no llegaban. Enseguida vimos que la situación de la zona era muy complicada, él nos lo explicaba en las cartas. Las cartas circulaban entre la familia y los vecinos. Eran esperadas por todos.

Maria : Sobre todo ver tantos niños muertos; esto nos lo explicó enseguida. Nada más llegar ya les llevaron tres recién nacidos para enterrar.

Cada cinco años podían venir; pero él no, porque si venía no le dejarían volver a entrar.

Carme: Decía: «ahora tengo que vigilar mucho, porque también me quieren matar a mí». Aunque no lo decía muy claro porque sabía que las cartas se las leían. Mucha información nos llegaba por los sacerdotes amigos (Pedrito, José María, Manuel) o a través otras personas que vivían con él y que nos venían a visitar. Los vecinos de la plaza donde vivimos, cuando veían algún forastero, decían: «una nueva visita de parte del Padre Pedro», y directamente ya le indicaban la casa. Alguna vez iban hasta Brasil en barco y entonces aprovechaban para llevarse muchas cosas que necesitaban allí. Cada cinco años podían venir; pero él no, porque si venía no le dejarían volver a entrar.

Pedro siempre decía que «el humor es amigo de la esperanza». En varias entrevistas expresa con humor y cordialidad su mensaje de esperanza en defensa de la justicia, la libertad, la paz y el amor. ¿Considera que este humor y esta esperanza forman parte del ADN Casaldáliga? ¿O es una virtud que se manifiesta y se acentúa en Pedro?

Carme : Es una cosa suya. Él siempre tuvo muy buen humor. Los demás de la familia no somos tan risueños; era una característica muy de él.

María : Otras cosas sí son propias de la familia: a nuestro padre también le gustaba mucho el cine y le interesaba la cultura. Leía el diario todos los días que guardábamos para los de Candàliga. Había ido alguna vez al cine en Manresa e iba caminando en la Biblioteca de Sallent (aquí no había).

Ya veíamos que había represión y que había peligro, pero el hecho de saber la noticia de que habían matado a João Bosco sí nos hizo coger más miedo.

El asesinato del mártir João Bosco en 1976, al confundirlo con el obispo Casaldáliga, aparte de haberos generado indignación y tristeza, ¿os hizo ver de una manera diferente las amenazas a las que debía hacer frente Pedro?

María : Los primeros años ya veíamos que las cartas se las leían, y por eso él no ponía el nombre de Casaldáliga para que no se las interceptaran. Ya veíamos que había represión y que había peligro, pero el hecho de saber la noticia de que habían matado a su compañero João Bosco sí nos hizo coger más miedo. Pensábamos más, pero como no lo podíamos solucionar ….

La abuela sí que sufrió mucho el hecho de que nuestro tío Pedro no volviera y estuviera tan lejos. Cuando estaba ya muy desorientada, a menudo oíamos que desde su habitación le llamaba: “Pedro, Pedro …!

Después que Pedro se despidiera y se marchara de Balsareny, tuvieron que pasar veinte años hasta que tuvisteis ocasión de reencontrarse nuevamente con él, en Roma. ¿Como recuerdan ese reencuentro?

Carmen: Fue muy emotivo, siempre lo teníamos presente entre nosotros, pero después de tantos años poder volver a verle … Se nos hicieron cortos los pocos días que pudimos estar con él. Además, como somos bastantes, todos queríamos estar con él y hablar con él. Hubo muchas anécdotas y compartimos muchos recuerdos que él tenía de casa y del pueblo. En un restaurante nos dijo que no había comido nunca más berenjena…

María : Fue algo extra para la familia, poder ir a Roma todos.

Sobrina: Hacía muchos años que no la habíamos visto, y alguna de nosotras no lo conocíamos: fue la primera vez que lo veíamos. Fue un reencuentro, pero se hizo muy cercano enseguida, como si nos hubiéramos visto hacía poco, por su manera de ser y también porque en casa se hablaba mucho de él: con la abuela no había día en que no saliera el nombre de Pedro por alguna cosa u otra.

Pere Casaldàliga amb la seva mare, al nadal de 1966

Pedro Casaldáliga con su madre, en la Navidad de 1966. Imagen: Familia Casaldáliga. Selección: Centre Cultural de Balsareny.

Carme: Nuestra madre les hacía decir una oración a las niñas: “San Antonio del cerdito, ayudad a mi padre, San Antonio María Claret, ayudad a mi tío”. Nosotros sabíamos que él quería estar en el Araguaia, que era lo que le gustaba y siempre nos pareció bien que fuera así.

Maria: Cuando nuestra madre estaba muy enferma y bien despistada, recuerdo que un día, viendo una foto que teníamos colgada de Pedro, comenzó a decir: «Este Pedro, este Pedro … , ¡que no nos viene nunca a ver!»

Sobrina: La abuela sí que sufrió mucho el hecho de que el tío no volviera a venir y que estuviera tan lejos. Cuando estaba ya muy desorientada, a menudo sentíamos que desde la habitación le llamaba: «¡Pedro, Pedro …!».

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