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Así concretamos las causas de Casaldáliga en el Araguaia

Pedro Casaldáliga es una figura global. Reconocido en todo el mundo por su compromiso, su coherencia y su lucha a favor de los campesinos sin tierra, los Pueblos Indígenas y de aquellos que más sufren. Pero, ¿cómo es su trabajo concreto, día a día, en la región donde vive hace más de 50 años?

29 de febrero de 2020 (actualitzado)

Las causas de Pedro Casaldáliga

EJE DE TRABAJO 1

Campesinos/as sin tierra

La región del Araguaia tiene el mismo tamaño que países como Portugal o Guatemala. Con la mayoría de carreteras sin asfaltar, para atravesarla necesitamos más de 10 horas de autobús entre barro o polvo, según sea estación seca o de lluvias.

El Araguaia es una tierra marcada por una historia de grandes terratenientes que, todavía hoy, mantienen imperios agroindustriales dedicados a la producción de soja o a la cría de ganado para carne.

Son hectáreas y hectáreas de plantaciones, cuyos productos se envían a Europa, junto a millares de cabezas de ganado cuya carne se envía sobretodo a China.

En los primeros años de la llegada de Casaldáliga al Araguaia, en 1972, el principal problema era el acceso a la tierra: los pequeños campesinos no tenían donde plantar. Así, el surgimiento de las primeras ciudades se hizo sobre la base del enfrentamiento abierto y sangriento entre terratenientes y campesinos.

Los Pueblos Indígenas fueron simplemente expulsados de sus tierras o diezmados de sus formas de vida hasta que desaparecieron del lugar. La “ley del 38” era la única Ley y tomar partido como lo hicieron Casaldáliga y su equipo, era un acto donde se jugaba la vida. Muchos fueron torturados y asesinados.

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Hoy, la violencia en el campo continúa siendo una realidad palpable en esta región de la Amazonía y, por desgracia, vivimos casos de agresiones, expulsiones y amenazas. Quizás los enfrentamientos no son tan habituales o tan violentos como lo fueron en las décadas de 70 y 80, pero todavía hoy vivir en el Araguaia y defender a los sin tierra o a los indígenas, es correr riesgo.

Además, si bien algunas tierras se conquistaron en la década de los 70 y 80, en buena parte gracias a la fuerza de Casaldáliga, todavía estamos lejos de conseguir que el campo brasileño sea un buen lugar para vivir. El latifundio continua siendo predominante y el pequeño campesino olvidado.

Desde los años 2000, la principal dedicación del equipo de Casaldáliga es, por tanto, trabajar junto a los campesinos que tienen la “posse” (el usufructo) de una pequeña parcela de tierra, para que puedan alimentar a su familia con el fruto de su esfuerzo.

Construyendo huertas junto a las familias

La alimentación de las familias es nuestra prioridad.

Todavía tenemos problemas graves de desnutrición, sobretodo infantil, que abordamos ayudando a las familias a tener su propia producción de alimentos: arroz, mandioca, maíz, calabaza, etc son productos que se pueden cultivar en el Araguaia y que forman la base de la alimentación regional.

Por eso, nos dedicamos a proveer mangueras, bombas, alambre, etc para que más o menos 50 familias al año puedan hacer su pequeña huerta y alimentar mejor a sus familias.

Después, a lo largo de todo el año, nuestros técnicos agrónomos visitan las plantaciones y acompañan las dificultades y el proceso para asegurarse de que está yendo bien.

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Mini-industria de zumo de fruta

Además de legumbres y algunas hortalizas, la fruta también nos hace falta. Por eso, trabajamos con los pequeños campesinos para que planten frutales en sus tierras. Les damos materiales de riego, construímos pozos para el agua, llevamos semillas y plantones, etc.

El excedente, lo pueden vender a la mini-industria que tenemos en São Félix do Araguaia, donde hacemos zumo que después vendemos por la región.

Es un proceso largo, porque los árboles necesitan su tiempo para dar fruta; además, estamos siempre sujetos a los riesgos de una agricultura desarrollada en tierras que han sido ambientalmente destruídas (con escasos nutrientes); y enfrentamos la enorme dificultad que supone no disponer de agua todo el año.

Pero, a pesar de ello, cada año conseguimos comprar 50.000 quilos de frutas tropicales que transformamos en zumo naturalísimo!

EJE DE TRABAJO 2

Pueblos Indígenas

En Brasil hay más de 250 Pueblos Indígenas, que hablan 150 lenguas diferentes. Casi 1 millón de personas que pertencen a alguna de las poblaciones ancestrales que poblaban Brasil antes de la ocupación europea.

En el Araguaia conviven los Pueblos Tapirapé (Apyãwa), Karajá (Iny) y Xavante (A’uwe). Desde que la región empezó a ser ocupada por los “blancos”, la historia de los indígenas está marcada por la violencia, la pérdida de sus tierras y el saqueo de sus recursos naturales.

En un momento histórico en que el pensamiento único se propaga y en el que parece que sólo hay una forma aceptable de sentir, de hablar y de vivir, algunos pueblos indígenas se encuentran en el desafío de (re)construir su identidad y de (re)situarse en el contexto global en que vivimos.

En 2012, el Pueblo Xavante, a 120 Km de casa de Pedro, en São Félix do Araguaia, recuperó su territorio ancestral: la Tierra Indígena Marãiwatsédé.

No obstante, tras más de 50 años estando ocupada por los blancos, el área no tiene más que el 15% de su vegetación original y sufre de falta de agua, de suelos sin nutrientes, etc.

En esta situación, nuestro día a día, se basa en apoyar las plantaciones de alimentos para las más de 800 persones que viven en Marãiwatsédé; ayudar en la construcción de pozos y ruedas para que tengan agua; y, en general, apoyamos las actividades de recuperación cultural que una organización especializada en la Causa Indígena realiza en el área.

Para llegar a la tierra Marãiwatsédé tardamos 4 horas en coche, y las condiciones de vida allí son muy duras. Además, hace falta que las personas que están en la aldea conozcan la cosmovisión Xavante reflejada a través de sus costumbres, creencias y valores, así como sus formas de participación y de organización, etc.

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EJE DE TRABAJO 3

Con las familias que viven debajo el umbral de la pobreza

En São Félix do Araguaia, el 30% de la población vive con menos de 1 euro al día. La mayoría no tienen un empleo registrado y el acceso al hospital con especialistas más cercano está a 24 horas de autobús.

Mejorar su salud

Uno de los primeros derechos necesidades universales es la salud. En el Araguaia no está garantizado. Y está lejos de serlo.

Como complemento y prevención, creemos en la efectividad de las plantas, yerbas y frutas medicinales, cuyos beneficios son conocidos por toda la comunidad y se transfieren de padres a hijos de generación en generación, sin derechos de propiedad.

Recuperar y dar valor a los saberes tradicionales, que forman el patrimonio de la Humanidad, forma parte de nuestras convicciones.

Por eso, nos dedicamos a enseñar la fabricación de medicamentos caseros, naturales, a partir del conocimiento local, y hacemos jarabe contra la tos, jabón contra los piojos, caramelos expectorantes, etc.

La mayoría de familias que atendemos no tienen la menor condición de tratar a sus hijos en clínicas privadas y la salud pública es muy deficiente, así que intentamos prevenir tanto como podemos la complicación de enfermedades que les obligarían a enfrentar 24 horas de autobús y a terminar con las ya de por sí escasas economías familiares.

Apoyar el auto-empleo

La falta de empleo y de renta para la familia condena a muchos a la pobreza extrema. Una realidad que afecta sobretodo a mujeres, que ven como su papel social y familiar es sometido por una cultura machista, que las aprisiona en “sus labores”.

Pensando en eso, ya en el año 2000, empezamos un proyecto de microcrédito solidario para que las personas en situación de pobreza pudieran montar pequeños negocios y ganarse la vida con ellos.

Atendemos sobretodo a mujeres y les facilitamos un préstamo de entre 120 y 300 euros, para que puedan empezar una pequeña panadería, un taller de remiendos y costura, una cría de gallinas, una huerta, etc.

No pedimos avales, ni garantía de ingresos ni nada: sólo que se junten con otras 2 o 3 personas y que se comprometan a devolver el préstamo.

Cada año, hacemos más de 300 créditos, pues muchas mujeres renuevan y amplían sus préstamos para continuar creciendo y mejorar la vida de sus familias.

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